El Periódico

La prudencia es una virtud cardinal que puede estar referida a la persona individual o una agrupación de personas, como en una Nación. En este último caso se trata de la prudencia política o gubernativa que es la virtud mediante la cual “los que mandan” eligen los mejores y más útiles medios para lograr la obtención del Bien Común. Pues esa y no otra es la misión esencial del Estado: garantizar los medios adecuados para que las personas y las familias alcancen el Bien Común, que es el bien de todos y de cada uno.

El vicio contrario de la prudencia es la negligencia, la inconsideración, el desprecio por el bien del otro. Y ese es justamente es el vicio fundamental -entre otros- del actual gobierno nacional. Es un gobierno negligente, inconsiderado, ajeno al Bien Común. Lo único que delibera y juzga son los medios que le resultan útiles -aunque sean malos- para la conservación y acrecentamiento de su poder. Bastan tres botones de muestra para ejemplificar esto que señalamos. Tres acciones que muestran lo que es el kirchnerismo en el marco de la peor crisis de nuestra historia.

En primer lugar está la búsqueda de la reforma parcial del Poder Judicial que no se asemeja a la Justicia tan anhelada por los argentinos. El gobierno, haciendo caso omiso de las auténticas urgencias de la comunidad, encara una modificación destinada a garantizar la impunidad de partido, de individuos e individuas cuya honestidad está más que en entredicho. No se busca la justicia social, ni la distributiva, ni la procesal o la restaurativa, se trata tan sólo de asegurar impunidad. Hace 1400 años lo decía San Agustín: “un Estado sin justicia no es más que una pandilla de asaltantes”. Pero señalar esto es cosa del “odio de los gorilas”.

El segundo botón de muestra es la moratoria impositiva que proponen los Fernández. Como se ha dicho, esta medida tiene nombre y apellido y no es otro que el del gran evasor Cristóbal López. Es decir, el gobierno no pretende apoyar, por ejemplo, a los más de 50.000 comerciantes que debieron cerrar sus negocios o a las más de 185.000 personas que perdieron su trabajo durante la cuarentena, sino que pretende echarles una mano a los empresarios multimillonarios cercanos que conforman el “buen capitalismo” del que habla Cristina. Eso sí, las voces contrarias a este entramado no son más que el “odio de los globoludos”.

El último ejemplo representa el único plan enunciado con énfasis por el gobierno: la legalización del aborto. Desde un primer momento, los Fernández ha mostrado una pasión abortiva que solo se asemeja al de las internacionales abortistas. Y el enunciado es siempre el mismo: se trata de una cuestión de “equidad”, de “Salud Pública”. Es decir, para este gobierno, el aborto es sinónimo de Bien Común. Lamentablemente, ese relato sólo aplica si lo que buscas son las pastillas abortivas que compró el Gobernador de Buenos Aires. Si hablamos de una de la Villa 31 embarazada de 38 semanas (nueva meses y medio) que necesitaba dar a luz a su hija, como ocurrió con María y su bebé no nata Aylen, no hay respuesta y se las deja morir. Eso sí, una vez más, si denuncias estos hechos aberrantes o si no apoyas el proyecto genocida del aborto, es “el odio de los “antiderechos”.

Hay hartazgo entre los argentinos de bien, los compatriotas trabajadores y honrados, los padres que temen por la seguridad de sus hijos y de sus abuelos. Hay hartazgo por la injusticia y la impudicia, por la burla cínica y el desprecio de quienes por deber de Estado tienen la obligación de propiciar el Bien Común. Frente a esto, no cabe la tibieza, ni la moderación, ni los discursos de ocasión. Caben sí las palabras y las acciones que los argentinos esperan de su dirigencia. Cabe la virtud de la prudencia, que es decir el mejor camino para que la Argentina deje de sumirse en el abismo y encuentre el modo de resurgir de las cenizas a las que quieren condenarnos.