El Gobierno impulsa la ley del aborto en medio de la peor crisis económica y sanitaria de nuestra historia. Imagen: lanacion.com

Entre las múltiples divisiones en las que nos encontramos envueltos, está la grieta verde – celeste. Sin embargo, pienso que nada sería tan destructivo como tomar las cosas de esta manera. Podemos encontrar un camino en el cual unos ganan y pierden otros. Existe un camino en el que ganamos todos.

Si bien, los debates en el Congreso fueron largos, intensos y recientes, creo que vale la pena intentar un análisis que surja de nuestra realidad social Argentina en el Siglo XXI.

En muchos temas hay opiniones diferentes que se vierten en conversaciones gratas o no, según el temperamento de quienes dialogan. Otras veces, no son opiniones, sino que se tiene visiones diferentes según el punto de vista. Es decir, el lugar desde donde se puede mirar la realidad.

Según si se trata de una visión más cientificista, más social, más cultural o más humana, o la diferencia puede estar en la posición social y la educación recibida.

Con respecto al posible envío de un proyecto de ley de aborto al Congreso, se puede ver de muchas maneras. Pensemos en la oportunidad social, política, la economía o el estado de la Salud Pública, etc. No es menor la variable que toma en consideración el funcionamiento del Congreso en este año, las promesas de campaña. También habrá una visión diferente según sea desde el lugar de la madre, el padre o el hijo.

No es oportuno

Es verdad que el ejecutivo tiene derecho a convocar a sesiones extraordinarias y proponer los temas. Aun así, es de esperar que esas sesiones se ocupen de solucionar los graves y urgentes problemas que atraviesa el país.

El encierro, el toque de queda… en un gobierno democrático, se toleró porque es prioridad “cuidar la vida de todos”. Así lo entendimos, así lo hicimos y hemos superado el número de muertos de muchos países que tomaron medidas diferentes. La economía se disparó, cerraron negocios y empresas, el desempleo creció en altos porcentajes, el índice de pobreza está cerca del 50% y si vamos al segmento niñez llega al 60%.

La nueva modalidad educativa amplió la brecha de acuerdo con la ubicación geográfica y económica de la familia, entre tantos otros desafíos nuevos.

Apenas se anunció el envío del proyecto de aborto al Congreso, se alzaron muchas voces respecto de la inoportunidad debido a que estamos transitando un año en que nos hemos mantenido encerrados en palabras del presidente para cuidar todas las vidas, porque cada vida vale.

Promesas incumplidas

Al parecer, la urgencia viene de que se trata de una “promesa de Campaña”. Pero, las promesas de campaña incumplidas son incontables: jubilados, empresas, trabajo, empleo, escuelas, inequidad extrema en la realidad de acceso a la educación, por nombrar algunas.

En el ámbito de la salud pública: los hospitales se han demostrado ineficientes y carentes de recursos. Mientras mal pagados profesionales de la salud entregan sus horas y, hasta sus vidas, por unos sueldos que no cubren sus necesidades ni reconocen su formación y sus méritos.

Pero, a pesar de todo esto, existe una causa, que se presenta como urgencia prioritaria y de salud pública: la “legalización” del aborto, que viene empujada desde el exterior y apoyada política y económicamente por negocios ilegales que van desde la práctica ilegal de la medicina al comercio de órganos y desaparición de personas –eliminados en bolsas como residuos patológicos-.

Un tema, muchas aristas

A quince días de que termine el período ordinario de sesiones, no se conoce el proyecto. Si, se sabe que es una propuesta de ley que llega con un problema de “legalidad” ya que no es posible de acuerdo con la Constitución Nacional, los Pactos Internacionales ni los Códigos recientemente aprobados. Entonces, el camino no está en llamar a extraordinarias para un proyecto que ya fue rechazado hace dos años. Habría que convocar a una reforma constitucional. Es decir, lleva otros tiempos.

Si la urgencia saliera como cuestión de Salud Pública, vale la pena recordar que, entre las causas de muerte de la mujer, el aborto ocupa el lugar número 74. Además, recordemos que salud es vida, es curar, es cuidar. En el aborto siempre hay una muerte, no hay chance de aplicar esa ley –si existiera- sin matar a un argentino inocente. Últimamente, algunos profesionales de la salud y del derecho, coinciden en llamarlo filicidio.

Como sociedad estamos unidos en contra de la pena de muerte, ¿tendría sentido consentir en la muerte de un inocente en manos de otro? O ¿sería, más bien, una manifestación de esquizofrenia?

Más esquizofrenia

De acuerdo con lo que ha trascendido hasta el momento, el gobierno planea enviar al Congreso un proyecto de ley de aborto que incluya el Plan mil días, además del que ya existe de la llamada “Campaña” (recientemente rechazado), y alguno más.

El plan 1000 días, propone cuidar, desde la salud pública, a la mujer en situación de vulnerabilidad desde que se detecta el embarazo hasta los dos años de su hijo, es un proyecto ambicioso que ya se aplica de forma exitosa en varios distritos del país. La Primera Dama, señora Fabiola Yáñez, se ha interesado especialmente en esta propuesta saludable.

¿Hay inconsistencia mayor que considerar, por un lado, descartable en embrión/feto o estado gestacional en que se encuentre y, por otro ofrecer el cuidado de la salud de la madre y el bebé en camino?

Cuando la ciencia, la salud, la educación, la cultura (a excepción del show mediático) y la sociedad en su conjunto reconocen que hay dos vidas en juego, que el niño por nacer es un ser humano con su ADN propio que define hasta su sexo, diferente del padre, de la madre, del médico que debe intervenir, etc. ¿alguien puede decidir eliminarlo por cualquier razón y en cualquier momento de su gestación, como definió el ex jefe de Gabinete Marcos Peña en una de sus presentaciones al Congreso de la Nación? ¿Quién nos salva de esta esquizofrenia?

Estamos a tiempo de detener una propuesta tan desafortunada, serán carteles, performances, marchas las que expresen lo que realmente necesitamos.

Perlita final

En los hospitales no hay ni barbijos para los médicos, en el interior faltan hospitales preparados para pacientes COVID, con qué van a pagar aborto a demanda…

*Por María Amalia Caballero, Dra. en Comunicación Pública y especialista en Comunicación para la Salud.

 

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