Es el noveno default en los 210 años de Historia argentina.

El pasado viernes 24 de mayo, luego de un tenso mes de negociaciones, Argentina no pagó el vencimiento correspondiente a u$ 503 millones y sus títulos fueron recalificados en la categoría de “Impago”. Por más que se le adjudiquen diferentes calificativos al Default, tales como técnico, anecdótico, “soft”, no deja de serlo ya que Argentina incumplió con el pago del monto acordado en tiempo y forma.

Ha sido un grave error brindar incertidumbre al conflicto al dejar impago el leve vencimiento del viernes pasado (Señalizado en el siguiente gráfico con la línea punteada negra). Tranquilamente podría haber sido abonado con la cantidad de reservas que perdió el BCRA en las últimas dos semanas, intentando contener el valor del dólar oficial con acceso extremadamente restringido. Inclusive, dicho impago equivale solo al 20% de las reservas pérdidas por el BCRA durante este año, que contabilizan una reducción de u$ 2500 millones.

Sin embargo, esto no implica que no haya acuerdo con los acreedores. Esto se debe a que los tenedores de bonos acordaron una extensión del plazo hasta el 2 de junio como fecha límite para que Guzmán flexibilice su propuesta. A pesar de esto, el gran problema se verá el martes si se activan los Credit Default Swaps (CDS) contra Argentina, que son los seguros ante una cesación de pagos. En ese caso, los tenedores podrán iniciar acciones legales.

Por ello, resulta fundamental que Guzmán mejore su oferta aprovechando la flexibilidad que proponen los tenedores. Los últimos rumores indican que el Gobierno Argentino estaría dispuesto a reducir como última instancia la quita hasta el 55%, mientras que los acreedores se estirarían hasta ceder el 50% de pérdida.

Inclusive, el mercado parece dar indicios positivos ante la reducción de la brecha de intereses entre acreedores y el Gobierno. En las últimas 15 ruedas, los bonos argentinos ley NY han superado un rally positivo de +45%, los ADR se encuentran 50% por encima del valor de mínimos en Marzo y el Dólar CCL/MEP ha caído un 10% en la última semana. Téngase presente que lo mismo sucedió las semanas previas a las PASO 2019, así que también esto se podría deber a una acumulación de ganancias antes de una abrupta salida si no se llega a un acuerdo.

Un factor fundamental en esta negociación es el tiempo, en todos sus sentidos. Primero y principal, se debe entender que Argentina inició muy tarde las negociaciones para el tipo de acuerdo que ansiaban. Inclusive, se perdió la oportunidad de aprovechar el desplome de los mercados financieros, y consecuentemente grandes pérdidas de los fondos, para cerrar un acuerdo rápido que les garantice liquidez en un breve lapso de tiempo.

Justamente, el lapso de tiempo es el otro factor erróneo de la propuesta Argentina. Mientras que Guzmán pretendía un período de gracia de 3 años para recién empezar a pagar, el grupo de bonistas correspondientes a la tenencia de Bonos reestructurados en 2005 (Argentina Exchange Bondholders), exige un período de gracia de 6 meses.  

Inclusive, es irrisorio el monto a pagar por Guzmán, ya que en ese año (2023) se pagaría el 12% de lo acordado para 2020, o si se toma como referencia el 2021 equivaldría a un 6% de lo pactado, lo mismo para 2022, y para 2023 equivale a un 9%. Acumulando números, la propuesta de Guzmán implicaría pagar en 2023 el 1,85% de lo que se debería pagar en el período 2020-2023.

Resultados a la vista, ante semejante estafa disfrazada del verso de la insustentabilidad de la deuda, solo el 12% de los acreedores aceptó la oferta. Por suerte, le dieron una segunda oportunidad a Argentina para que remedie su mal accionar. Es sumamente necesario que Argentina logre acordar con los acreedores la reestructuración de su deuda, considerando el contexto nacional e inclusive internacional, ambos muy poco favorables. 

En el marco local, la producción se encuentra en un derrumbe pocas veces visto. En el primer trimestre, solo contabilizando 15 días de aislamiento, la contracción interanual llegó a niveles de 2009, luego de caer un 11,9%. Los números estimativos para el segundo trimestre son aún más graves, ya que proyectan caída del 30% i.a (Analytica).

La construcción fue el sector más abatido en este ámbito, con caída del 47% interanual. Sin embargo, el número más escalofriante se ve en la producción de automóviles, cuya caída en abril sería de nada más ni nada menos que el 100%.

Por su parte, en el ámbito internacional, es de público conocimiento que Argentina se encuentra fuera de todo acceso al Mercado de Crédito. Ante semejante crisis, es sano endeudarse a tasas bajas para sostener todo tipo de producción rentable que ha sido abatida por el Lockdown, como lo han hecho Chile y Perú. Al no contar con esta posibilidad, Argentina se ve casi obligada a emitir sin ningún respaldo para mantener esta caída de la inversión privada. Otra opción sería reducir el gasto político y transferirlo como ayuda al sector privado.

En el caso de no reestructurar la deuda, Argentina perderá la poca confiabilidad que se le adjudica en el mercado y el peso perderá valor de gran manera, incentivando a una corrida de los ahorros privados hacia el dólar, lo que claramente acrecentaría la brecha cambiaria entre dólar libre y oficial. Como la historia argentina lo demuestra, las grandes devaluaciones siempre desembocaron en aumentos inflacionarios en el mercado de Bienes y Servicios.

En fin, las consecuencias son muy graves y podrían impactar fuertemente en la población a mediano plazo. Logrando un acuerdo no se solucionará el desastre económico armado por la clase política en la última década, pero si facilitará algunas herramientas para combatirlo. No hay margen de error y todo queda en las manos del Gobierno de turno, esperemos sepan tomar conciencia de la gravedad del asunto.

Por Nicolás Ginatta