Reformas estructurales insuficientes, laxitud internacional mal aprovechada y un shock externo mortal determinaron el fracaso económico de la gestión M.

Por Ignacio Tesón - Jefe de Redacción del área de Economía

Las Reformas necesarias

Existe un área donde no ha habido disputa respecto a los resultados obtenidos en la saliente administración de gobierno, la económica. Amigos y enemigos concuerdan con respecto al fracaso en dicha materia. No es para menos. Entre los años 2016 y hacia finales 2019, el salario real disminuyó 22% (asalariados registrados) en pesos constantes tomando el índice de salarios del INDEC, la pobreza aumentó de forma considerable y el PBI caerá de forma acumulada un 5%. Más aún si consideramos el PBI per cápita. Sin embargo, estos años no han sido uniformes en cuanto a características.

Macri asumió en diciembre de 2015 con grandes arrastres negativos del gobierno de Cristina Fernández. Desde déficit fiscal récord, trabas a la inversión, al crecimiento y a las libertades individuales a un banco central quebrado y una sociedad sumamente dividida. Si alguien hubiera dormido estos cuatro años y al despertar preguntara cuáles son las características del país, probablemente diría en base a estos criterios que aún se encuentra en el pasado.

El comienzo de la etapa Macri, estuvo marcada por reformas básicas para poder desarrollar el país. Una quita de restricciones cambiarias exitosa, renegociación con acreedores en el exterior, la formulación de un plan para normalizar los precios de servicios públicos reduciendo subsidios y el recupero de las variables de medición de la economía del INDEC. Por supuesto, estas son solo algunas medidas de ejemplo que debieron tomarse y así lo hicieron. Reconstruir la ubicación del país no habrá sido una tarea sencilla.

Un primer año complejo

Este proceso y paquete de medidas no fue gratuito. Durante 2016 la deuda bruta de la administración nacional aumentó 35.000 millones de dólares, mientras que la deuda externa lo hizo en 22.000 millones tal como lo muestra el gráfico. Adicionalmente se observa una considerable suba de las deudas de las empresas con el exterior durante los cuatro años. Totalizando una suba del 24%.

Gráfico 1: Deuda externa del gobierno nacional y sociedades no financieras. INDEC.

Esto solo fue posible gracias a los renovados ánimos y expectativas respecto a la situación argentina frente al mundo. La confianza depositada en esa etapa de la administración, permitió tomar deuda al gobierno y las empresas a un costo menor, pero elevado al fin, que años previos. Fue también posible realizar un muy exitoso blanqueo de capitales por más de $116.800 millones de dólares que los argentinos poseían fuera del sistema.

Las reformas de 2016 tuvieron costos inmediatamente. El salto del dólar oficial y las tarifas subsidiadas, por las cuales se regía parcialmente la macroeconomía y los precios, se trasladó rápidamente a los consumidores finales y a las transacciones realizadas, produjeron una retracción del consumo y la inversión durante el primer año. Las promesas de inversión fueron una constante durante esta etapa. Sin embargo, la famosa IED (inversión extranjera directa) jamás llegó en las cantidades que la cúpula de Cambiemos esperaba. 2016 fue el año donde se saldaron las deudas de las filiales locales con sus casas matrices puesto que antes tenían vedados los giros de utilidades. No se realizaron inversiones de manera significativa. El PBI cayó un 2.3% y la inflación fue 40.3%.

En el plano externo, durante 2016 el país gozó de los mejores términos de intercambio (ponderación de precios internacionales de nuestras exportaciones e importaciones) desde 2013, lo que en conjunto con la retracción del consumo e inversiones del sector manufacturero (principal consumidor de importaciones) permitieron finalizar el año con un leve neto de balanza comercial positiva.

Gráfico 2: Términos de intercambio con el resto del mundo. INDEC.

Gráfico 3: Intercambio comercial argentino. INDEC.

Con el fin de evitar que la pérdida de poder adquisitivo en pesos tuviera un efecto demoledor sobre las clases medias y bajas, el gobierno optó por profundizar su nivel de gasto fiscal social. Amplió asignaciones y beneficiarios de forma tal que de 2015 a 2016 se agregaron 1.400.000 nuevos beneficiarios al programa de asignación universal por hijo y el porcentaje del PBI destinado a cubrir asignaciones fue récord. Los mecanismos de financiación de la profundización del déficit fueron la deuda y los adelantos transitorios al tesoro (emisión monetaria). El año terminó con un déficit fiscal total de 6.8% del PBI contando exclusivamente la administración nacional.

A pesar de la retracción económica del primer año, el PBI nominal medido en dólares alcanzó un nuevo máximo debido a la inflación en pesos. Así también lo hicieron los salarios, que, cediendo terreno en pesos constantes, medidos en dólares se incrementaron.

Gráfico 4: Adelantos transitorios al tesoro. BCRA.

Gráfico 5: Gasto primario y total de la administración pública nacional en % del PBI. A.C.

La política monetaria

El gobierno de Mauricio Macri heredó un Banco Central de la República Argentina (BCRA) en pésimas condiciones. Las reservas netas de libre disposición se encontraban en números negativos, existían severas restricciones al ahorro en dólares que producía un exceso de pesos circulantes y la moneda carecía de respaldo. La primera medida para sanear el BCRA fue dotarlo de algún activo que respaldase esos pesos circulantes.

Se cancelaron 16.000 millones de dólares de letras intransferibles (un instrumento nominado en dólares emitido por el Estado, sin cotización, intransferible como su nombre lo indica y con intereses exiguos que, entre 2005 y 2015 fue dado al BC a cambio de financiamiento al tesoro) por bonos del estado nacional. Estas letras llegaron a representar al 65% del activo del banco en 2015 y su cancelación parecía muy difícil si tenemos en cuenta el grado de déficit fiscal de la administración nacional. Estos factores tornaban a las letras carentes de valor en términos reales.

Por otro lado, para contener el efecto inflacionario por actualización de tarifas y dólar oficial descrito previamente, optaron por una política monetaria restrictiva basada en Letras del Banco Central (LEBACS) tal que la tasa real ofrecida fuera positiva. Argentina fue el principal emisor de deuda de países emergentes en 2016. Inversores internos y externos pedían títulos de la nueva “promesa internacional”. Bonos en moneda extranjera y Letras del central fueron los favoritos.

Los inversores en LEBACs gozaron de un retorno cercano al 12% durante 2016 gracias a la significativa apreciación del peso en términos reales. Durante 2016 y 2017 el BCRA fue comprador neto de dólares en el mercado de cambios, intervino a lo largo del año para evitar aún más apreciación del peso. El balance del banco continuó técnicamente en malas condiciones puesto que su hoja de balance no fue saneada del todo, las letras representaban una porción considerable del activo, pero las expectativas y la tasa ofrecida jugaban en favor del país.

Gráfico de elaboración propia.

Gráfico de elaboración propia.

Euforia en el bunker amarillo

2017 fue el año de gloria para Cambiemos. La combinación de factores internos y externos dieron al gobierno una holgada victoria en las urnas que puede explicarse desde “el bolsillo” y la macro. Durante ese año el salario real se recuperó 2.1% medido en pesos constantes y siguió ganando terreno medido en dólares. El PBI creció 2.9% (se discute que ha sido más, pero el numero fue estratégicamente retocado para evitar el pago de cupones de deuda atados al crecimiento) y la pobreza alcanzó su menor registro desde el comienzo de los años 90s.  La sensación de riqueza de los argentinos tocó su máximo de los cuatro años.

Gráfico 6: Resultado de las elecciones 2017 relación a 2015. Infobae.

A lo largo del año los términos de intercambio se habían deteriorado parcialmente. Al mismo tiempo, la continua apreciación del peso y las expectativas hacia adelante abarataron las importaciones. Las compras de autos al exterior aumentaron 41% respecto al año anterior, bienes de capital un 23%, los de consumo un 21% y los argentinos gastaron un récord de 10.600 millones en viajes y turismo en el extranjero. Un 25% más. El año finalizó con un déficit de 31.500 millones en la cuenta corriente. Este número no es otra cosa que una necesidad de financiamiento, alguien debe poner los dólares salientes para efectuar los pagos.

Gráfico 7: Ingresos por extranjeros en Argentina y egresos por gastos de argentinos en el exterior. BCRA.

Cuando miramos la balanza de pagos (detalle de todas las transacciones del país con el exterior) vemos como fue financiado el déficit récord. Y como en casi todos los países poco desarrollados, la cuenta corriente es un espejo de la cuenta de financiera. Así, durante 2017 y al igual que en 2016, el país se financió con el exterior principalmente mediante colocaciones de deuda.

El rubro inversiones de cartera fue la principal fuente. 41.000 millones de dólares ingresaron por esta vía, de los cuales 33.000 millones correspondieron a emisiones del gobierno central (si sumamos las emisiones locales de deuda de ese año totalizamos casi 57.000 millones de dólares emitidos en moneda extranjera por Argentina) e ingresaron al país inversiones extranjeras directas (“inversión real”) por 11.500 millones.

Esta enorme masa de préstamos e inversiones arroja un sobrante. Este exceso fue absorbido de la misma manera en los dos primeros años de Cambiemos. El gobierno vendía los dólares al BCRA a cambio de pesos y las divisas pasaban engrosar las reservas del mismo.

Gráfico 8: Balanza de Pagos por componentes y categoría funcional. INDEC.

En materia fiscal, el crecimiento permitió diluir en términos de producto el aumento de los gastos de la administración. Luego de ganar por un amplio margen, el gobierno decidió realizar mayores reformas que permitieran converger al equilibrio del déficit fiscal de manera gradual. Entre estos cambios estuvieron el ajuste a la fórmula de actualización de haberes jubilatorios y la reforma fiscal. Esto era necesario ya que la deuda comenzaba a pasar factura. Hacia finales de 2017 los intereses por deudas contraídas representaban un 12% de los ingresos públicos. No era sostenible mantener necesidades de financiación de los órdenes observados. El país había acumulado necesidades de financiamiento totales en dos años por 46.000 millones de dólares y el Estado había solicitado aún más para “estar holgado”.

Gráfico de elaboración propia.

Las señales

El Estado contaba entonces con déficits gemelos; de cuenta corriente y fiscal. Además, durante todo este tiempo el BCRA había mantenido las tasas reales positivas con el fin de evitar el crecimiento del circulante y consiguientemente de la inflación. Los pasivos del BCRA (principalmente LEBACS), habían crecido significativamente. En términos de dólares, los pasivos cuasifiscales se habían prácticamente duplicado en dos años. Durante este año la rentabilidad en dólares de las letras del banco central fue cercana al 10%.

Gráfico de elaboración propia.

Con salarios en dólares en máximos de la administración, viajes récord al exterior y el consumo de bienes externos más grande en 6 años, los desequilibrios acumulados hasta el momento parecían irrelevantes. Incluso el déficit del fisco se había achicado levemente. Las reformas propuestas pasaron el congreso. Las relativas a mercados de capitales como la previsional y fiscal fueron una realidad. Todo parecía ir bien a pesar de las señales.

El mercado argentino medido en dólares había triplicado su valor desde las elecciones de 2015 y los bonos de mediano plazo argentino pagaban una tasa cerca al 4%. Fue posible incluso emitir 2.750 millones de dólares en un bono a 100 años que fue sobre suscrito 3.5 veces su monto de emisión recibiendo ofertas por más de ¡9.000 millones! Nadie imaginaba que exactamente un año después de esto, junio de 2017, Argentina estaría solicitando su decimonoveno acuerdo de stand-by con el FMI.

Todo parecía ir tan bien que las metas iniciales en materia de inflación fueron relajadas a pedido de la jefatura de gabinete en la conferencia del 28D en la cual muchos depositan culpas. Y si bien este avasallamiento sobre la independencia del BCRA fue un recordatorio de las limitaciones del país en cuanto a calidad institucional, no es correcto atribuirle a este hecho ser el gatillo de la crisis. Es incorrecto también considerar que los inversores externos creyeran que efectivamente el BCRA era independiente en un principio. Otra de las narrativas impulsadas como motivos de la crisis fueron la sequía y la falta de lluvias. Esto puede ser un agravante, pero no un gatillo.

Esta visión simplista de los hechos ignora variables que jugaron un rol importante y desatiende los desequilibrios internos sin tener en cuenta el contexto externo. Argentina logró mantener un alto grado de emisión de deudas y hubo demanda externa por las mismas. Evidentemente existió un mercado de internacional que se prestaba a tal cosa. Comenzado el año 2018, Argentina continuaba en una senda positiva.

De rey a mendigo, cita con un viejo amigo

El mercado internacional había favorecido fuertemente a los países emergentes durante esos dos años. La demanda por activos de estos países se mantuvo firme coincidentemente durante 2016 y 2017. En el gráfico vemos al Merval, índice principal del mercado argentino medido en dólares (en rojo), junto al ETF que nuclea al conjunto de países emergentes (en azul). Está claro que más allá de las escalas, ambos índices se comportan de forma similar en el largo plazo. Esto puede observarse por los movimientos direccionales conjuntos y los máximos y mínimos ocurriendo en los mismos momentos. Luego, observamos su relación con en el gráfico del índice de MSCI para monedas de países emergentes, que nuclea las principales 32 monedas de estos países. Lo incluyo principalmente para mostrar que el desempeño de las monedas está íntimamente relacionado al desempeño de los bonos y acciones.

Gráfico 10: Comparativa mercado argentino y mercados emergentes + Coeficiente de correlación entre ellos. Elaboración propia.

Gráfico 11: Índice MSCI de monedas de países emergentes.

Gráfico 12: Encuesta a administradores de fondos de Merrill Linch. BofA.

A finales de febrero de 2018, el viento de cola mermó. Los mercados globales vieron el inicio de la llamada guerra comercial y la narrativa imperante hasta ese momento vista como la de mayor riesgo de los mercados, la suba de tasas por parte de la FED, se vio superada por el riesgo percibido de la disputa entre EEUU y China tal como lo muestra la encuesta realizada por el banco

Los mercados emergentes comenzaron a sufrir grandes salidas de capitales. Sus bonos, monedas y acciones comenzaron a ceder gran parte del terreno ganado esos dos años de laxitud y baja percepción de riesgo. Los mercados externos se cerraron no solo para Argentina, también para otros.

En los gráficos previos puede apreciarse como el ETF de mercados emergentes y el mercado argentino tocan máximos en el mismo momento y de forma sincronizada comienzan a bajar. Así también lo hacen sus monedas en relación con el dólar. El dinero fluía a EEUU. El índice VIX que mide “el miedo” percibido por el mercado había tocado el mínimo de su historia en 2017, esto se revirtió súbitamente en 2018. Por supuesto, países emergentes que dependían del financiamiento externo fueron los más afectados. Argentina poseía de base altas necesidades de financiamiento dadas las condiciones del país. Turquía y Argentina, ambos países con déficits gemelos y necesitados de financiamiento externo fueron los principales afectados. Los desequilibrios internos (importante déficit fiscal y de cuenta corriente) fueron el caldo de cultivo y el shock externo la mecha o gatillo. También tuvimos agravantes, como mencionamos antes.

Gráfico 13: Índice VIX, que mide la volatilidad implícita de calls y puts en el mercado americano. Mide “riesgo percibido”.

Desde aquí todo fue cuesta abajo. Una vez que se vieron sumidas en el problema, las autoridades locales creyeron que sería cuestión de esperar y que podrían ponerle freno a la situación. Gran parte de los flujos de inversiones de cartera ingresados en los años previos comenzaron a cambiar sus pesos por dólares y a vender sus bonos argentinos en cartera. Esta situación comenzó a hacer presión sobre el tipo de cambio.

El BCRA vendió más de 10.000 millones de dólares entre marzo y junio intentando contener el dólar absorbiendo parte de los pasivos emitidos esos dos años (mayor circulante y LEBACs) en lo que consideraban “una tormenta pasajera”. El BCRA decidió vender estos dólares con un tipo de cambio real históricamente barato y que arrojaba un intercambio comercial neto negativo récord. Utilizó gran parte de su munición al comienzo de la caída de emergentes. La situación se vuelve insostenible y Argentina solicita apoyo al FMI debido a la inexistencia de financiamiento externo voluntario al país y el rápido agotamiento de reservas. Las ventas de dólares continuaron, en este caso prestados, en lo que fue la línea de crédito brindada más grande de la historia del FMI a un país. 50.000 millones de dólares fueron dispuestos al país en desembolsos graduales.

Gráfico 9: Acuerdos históricos del país con el FMI.

El ancla de expectativas y principal termómetro del país, el dólar, indicaba incertidumbre y pánico. Pasó de una cotización promedio de 19.80 pesos por dólar en marzo a 38.60 en septiembre. Las tasas pasaron de un nivel promedio de 28% a 65% en el mismo período. Este shock causó una gran retracción en las transacciones realizadas y la actividad, el FMI solicitó a la Argentina realizar una convergencia de cuentas públicas más acelerada para “recuperar la confianza” y las expectativas cambiaron a negativas en todos los sectores.

El consumo privado y público fueron detonados. La inversión mermó. Argentina pasó de crecer 3.6% en el primer trimestre a caer 6.2% de forma interanual en el último. Acumuló una caída del 2.5% en año, la pobreza saltó 7 puntos, el salario real marcó un retroceso 11% y el BCRA vendió alrededor de 15.000 millones de dólares sin contar el programa de venta de hacienda, que, a diferencia del pasado, ahora vendía los dólares del préstamo en el mercado con el fin de evitar nueva emisión monetaria por parte del BCRA y mayor depreciación del peso.

El BCRA adoptó un nuevo esquema monetario basado en el control de agregados monetarios, zonas de intervención sobre el tipo de cambio y un plan para cancelar e intercambiar LEBACs por LELIQs. Estas últimas tendrían madurez semanal con el fin de controlar más “de cerca” la cantidad de dinero circulante. Por otro lado, solo podrían ser adquiridas por bancos. Las últimas LEBACs remanentes fueron canceladas en diciembre.

Para fin de año, el Estado había cancelado gran parte de sus planes en materia de infraestructura. Se produjo un significativo esfuerzo fiscal y el déficit primario finalizó en 2.4%. Sin embargo, los costos de la deuda nominada en dólares se disparon y se precisaron más ingresos públicos en pesos para afrontarla. Los intereses de la deuda representaban ya entonces casi 20% de los ingresos públicos.

Al incluir los costos de servicios de deuda el déficit del fisco fue 5.2% del PBI. La inflación del año finalizó en 47.6%. El intento de brindar una red de contención social tornó el esquema de gastos del Estado en inflexible. Es decir, estaba compuesto por partidas difícilmente reducibles por cuestiones de restricción política o deuda. Las necesidades de financiación de este año fueron cubiertas prácticamente en su totalidad por el FMI y venta de reservas. La balanza comercial pasó a fuerza de depreciación a ser positiva y el mercado accionario acumuló una caída cercana al 50%.

Gráfico 14: Evolución anual de monedas de países emergentes durante 2018 en relación con el dólar. BBC.

Gráfico 15: Evolución de la pobreza en Argentina. INDEC.

Saliendo de terapia intensiva

Todo episodio agudo tiene un final. Así pasó a finales de 2018 y comienzos de 2019. Parecía gratis la maniobra arancelaria para EEUU hasta el mes de septiembre, donde un nuevo derrape de emergentes arrastra violentamente al mercado americano y comienzan no solo los miedos de mayores caídas sino también la dinámica preelectoral de las legislativas.

El escalamiento en materia de tarifas de ambos países comenzó a afectar a los granjeros estadounidenses que vieron sus exportaciones de granos reducidas enormemente. La excelente performance económica macro que había mantenido EEUU se vio manchada por algunas de estas cuestiones. Otros datos marcaban desaceleración de la economía americana y riesgos percibidos de recesión como la inversión de la curva de bonos EEUU. Vemos como los riesgos percibidos aumentaron súbitamente en la comparativa mercado americano (rojo) y mercados emergentes (azul) a finales de 2018. Esto llevó a la FED a cambiar su esquema de progresiva suba de tasas y abortar el proceso de “quantitative tightening” y reducción de su hoja de balance.

El G20 tiene lugar en Buenos Aires en el mes de diciembre. Las posiciones de China y Estados Unidos tienen un primer acercamiento ameno en Buenos Aires. Las condiciones de los mercados internacionales mejoraron rápidamente.

Gráfico 16: Comparativa mercado americano (rojo) y mercados emergentes. (azul).

El final de la esperanza del paciente asistido y una nueva herencia

A partir de este momento Argentina salió de la fase aguda de su crisis. El Ministro de Economía Nicolás Dujovne, diagramó para 2019 un esquema de financiamiento en el cual no se solicitaría dinero externo y se utilizaría el dinero del fondo. Un objetivo agresivo en términos fiscales fue parte del acuerdo con El Fondo: se apuntaría al superávit primario para fin de año. El BCRA planteó un sistema de bandas de flotación para el tipo cambio. Adicionalmente se incluyó una excepción a la restricción del superávit; siempre y cuando fuera con fines sociales, el gobierno podría exceder sus gastos pautados.

Durante los primeros meses el optimismo renovado en emergentes contagió al mercado argentino, que aumentó su valor más de un 30% en dólares y el tipo de cambio perforó la banda inferior de no intervención lo que permitió al BC adquirir algunos dólares en el mercado.

El salario real no logró recuperarse y, mediante programas de impulso al consumo, se intentó palear esta situación de cara a las elecciones. En el segundo trimestre la actividad interanual marcó un aumento del 0,6%. Se mantuvo un superávit fiscal primario pequeño y balanza comercial sumamente positiva fruto de las condiciones de la moneda que continuó depreciándose a un ritmo menor.

El país pasó varios meses de turbulencias e intervenciones varias en el mercado de futuros (la venta de dólares “spot” le fue prohibida), la inflación se mantuvo constantemente alta durante el período y conforme avanzó el año la dinámica electoral local fue comiendo las primeras planas.

Durante el año, el FMI cubrió la mayoría de las necesidades de financiación. La inflexibilidad de la estructura de gastos del Estado se hizo clara. Las obras no discontinuadas se ejecutaban con el dinero del Fondo. Los gastos de capital (inversión pública) y otras partidas pasaron de 21.58% al 12.95% de 2016 al 2019, mientras que los gastos de más difícil reducción (aspectos sociales + salarios públicos + Intereses) pasaron de 78% a 87% en el mismo lapso de tiempo.

Gráfico de elaboración propia.

Gráfico de elaboración propia.

Hacia las elecciones, el BCRA acumulaba aproximadamente un nocional de 3000 millones de dólares de futuros vendidos, las tasas habían subido nuevamente debido a la incertidumbre y los depósitos bancarios en moneda extranjera aceleraron su disminución. El riesgo país que se encontraba en niveles virtuales por incapacidad de fondeo externo desde el shock inicial, orillaba los 800 puntos.

La única fuente de financiamiento hasta entonces eran las deudas de muy corto plazo. Letras en dólares y pesos. Se evitaba la emisión de títulos para luego de las elecciones por falta de demanda significativa y las tasas forward implícitas para febrero de 2019 hasta octubre de 2020 medidas con Letes y el bono importante más próximo: el AO20 oscilaba 25% dólares. El índice Merval en dólares se ubicaba en 800 puntos. Esto indicaba relativa indecisión por parte del mercado en cuanto a certezas del resultado electoral. Los mercados favorecían una continuidad de la administración.

Las elecciones llegaron y el escenario más temido por los inversores se dio. El mercado argentino marcó el segundo récord mundial histórico de caída de un mercado al producirse una caída de 48% en dólares en un solo día. El riesgo país superó los 2000 puntos y los bonos pasaron instantáneamente a inferir en precios que serían defaulteados. Los depósitos bancarios en moneda extranjera cayeron un 25% en agosto. El dólar marcó un récord histórico subiendo 23% hasta 55.75 el lunes post-PASO. Ese día las tasas en pesos al corto plazo tocaron números siderales. Tasas nominales a un mes anualizadas cercanas al 200% y tasas 1 día anualizadas de 600% convalidándose en el mercado de préstamos de caución fueron vistas ese día.

Fuente: diario La Nación.

Fuente: Ministerio de Hacienda de la Nación.

Pocos días después, el BCRA comenzó a intervenir en el tipo de cambio nuevamente. Primero mediante control de precios vendiendo dólares (acumuló ventas por mas de 7.000 millones entre agosto y noviembre) y luego por control de cantidades instaurando nuevamente restricciones cambiarias a las empresas y personas. Se estableció un tope máximo de 10.000 dólares por persona al mes y se prohibió totalmente el atesoramiento para empresas. Fueron reestablecidas también las obligaciones de liquidar exportaciones en los diferentes rubros lo que en la práctica significó desdoblamiento cambiario. Uno para exportadores-turismo y otro para atesoramiento o giros al exterior. Esto dio luz a negocios de arbitraje entre ambos que brindaban ganancias instantáneas cercanas al 7% en dólares utilizando el límite mensual por persona.

El FMI decidió no realizar el desembolso programado para septiembre. Por otro lado, el escaso financiamiento que el estado recibía vía préstamos al corto plazo se secó completamente. Las renovaciones de capital que promediaron los meses previos el 80% mermaron totalmente. El gobierno declaró un default de emergencia denominado por las autoridades como “reperfilamiento”, en el cual se extendió unilateralmente el plazo de pagos de los vencimientos hasta el fin del mandato. El fin de la medida era contar con dólares suficientes para afrontar los últimos días de gobierno con mayor tranquilidad.

A pesar de todo, esto no fue suficiente. Al mes siguiente debieron reducir drásticamente el límite mensual por persona hasta los 200 dólares para atesoramiento debido al incesante goteo de reservas puesto que la oferta privada en el mercado de cambios era insuficiente para la demanda de particulares y retiro de depósitos.

Con el “super-cepo” en marcha, la actividad nuevamente detonada y la inflación marcando récords, las pocas decisiones que restaron del año tuvieron más componentes políticos que económicos.

Fuente: Ministerio de Hacienda de la Nación.

Los últimos días de gobierno el BCRA adquirió mas de 2.000 millones de dólares de exportadores debido a la obligación de liquidar y la brutal caída en la formación de activos externos de personas físicas producto de los límites de atesoramiento. La caída de depósitos en dólares se estabilizó y el traspaso de mandó fue realizado con normalidad dejando una economía en deplorables condiciones que, sin embargo, habrá corregido por la fuerza varios de los desequilibrios que llevaron a esta situación.

Las necesidades de financiación acumuladas para el segundo trimestre fueron de solo 5.000 millones (recordemos que en 2017 en acumularon 31.000 millones en todo el año) y la balanza comercial seguía acrecentando su neto positivo. El deficit fiscal primario finalizará cerca del 1% y los pasivos del BCRA representarán solo una tercera parte de lo que alcanzaron en su máximo en dólares. El año cerrará con una caída del producto bruto de 3.1%. El salario real habrá disminuido alrededor de 7%, la inflación oscilará el 55% y la pobreza alcanzará al 39% de la población.

Ignacio Tesón es Licenciado en Economía Empresarial por la Universidad Torcuarto Di Tella. Analista de mercados, especialista en finanzas. Idóneo en mercado de capitales por la cnv. Se desempeñó como research analyst y sales trader en el mercado argentino. Actualmente cursa la Maestría en finanzas de la Universidad de Valencia.