El dictador Evo Morales abandonó el poder en noviembre del año pasado. Imagen: ellitoral.com

Durante los últimos veinte años, la política boliviana ha estado marcada por un nuevo protagonista llamado MAS – IPSP (Movimiento al Socialismo Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos).

Este partido de izquierda ha participado en seis elecciones generales, en cinco de ellas presentó a Evo Morales como su candidato, y en la actual presenta a Luis Arce Catacora. Las elecciones de 2002 fueron unas de las más reñidas de la historia reciente, en ellas el candidato Gonzalo Sánchez de Lozada, del partido MNR, ganó la Presidencia por apenas un punto, con el 22% de los votos. Evo Morales obtuvo el segundo lugar, con 21%                 El candidato Manfred Reyes Villa del partido NFR (Nueva Fuerza Republicana), quedó en el tercer puesto con 20%; y Jaime Paz Zamora, del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) consiguió el 16%.

En aquel entonces, la figura de segunda vuelta no estaba contemplada en la Constitución boliviana; y en casos de resultados muy cerrados, la elección del Presidente quedaba en manos del Congreso Nacional, donde se definía con acuerdos y pactos partidarios.         Goni (como se lo conocía popularmente) asumió el Poder, pero su gobierno duró solamente un año, y estuvo marcado por duras protestas y manifestaciones sociales.

En octubre del año 2003, Sánchez de Lozada renunció al cargo en medio de sangrientos enfrentamientos entre organizaciones indígenas y la Policía. Estas tensas jornadas se conocieron como “Octubre Negro”; y sumergieron al país en una terrible inestabilidad económica y política, que marcó el rumbo de los siguientes años.

Tras la renuncia de Gonzalo Sánchez, asumió inmediatamente el entonces Vicepresidente Carlos Mesa, quien recibió un Gobierno en extrema crisis, y un Parlamento totalmente opositor. Mesa gobernó por poco menos de dos años; hasta que finalmente renunció a la Presidencia acorralado por el implacable bloqueo del Congreso, y sobrepasado por una aguda crisis económica, que tenía a Bolivia de rodillas.

Posterior a la renuncia de Mesa, se desató un laberinto político en La Paz, marcado por los bloqueos del MAS y la anarquía dentro del friccionado Parlamento. En medio del estire y afloje partidario, renunciaron Hormado VacaDiez y Mario Cosío, Presidentes del Senado y la Cámara de Diputados.

Ante el vacío de Poder existente, y como establece la Constitución, asumió el Gobierno el entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia Eduardo Rodríguez Veltzé. Y ya como Mandatario dio un mensaje claro a la nación, aseguró que sus dos únicas metas serían la pacificación del país, y la inmediata convocatoria a nuevas elecciones.

Es así que en diciembre de 2005, se celebran los esperados comicios y comienza una nueva historia en Bolivia. El MAS se presentó nuevamente a la elección, y ganó con una diferencia arrolladora. Evo Morales se impuso con un 53% al candidato Jorge Tuto Quiroga Ramirez, de la Alianza derechista PODEMOS (Partido Demócrata Cristiano – PDC y Alianza Democrática Nacionalista – ADN), que obtuvo el segundo lugar con el 26%. En tercer lugar quedó el candidato empresario Samuel Doria Medina, con un 7%, Doria Medina se presentó con su joven partido Frente de Unidad Nacional – UN. En este contexto, comenzó la llamada “era masista” que marcó significativamente el curso de los siguientes años; con reformas estructurales como la nueva Constitución Política del Estado, la fundación del Estado Plurinacional de Bolivia, el giro radical en la política internacional, el nuevo modelo ecónomico “social, comunitario y productivo” como lo bautizó el Gobierno, entre otros.

En el año 2009, el MAS presentó nuevamente a Evo Morales Ayma como su candidato a la Presidencia, y lograron una contundente victoria electoral con 64%                               Morales es reelegido como Presidente, y se consolida fuertemente el denominado “socialismo del siglo 21”, una nueva tendencia izquierdista que estaba tomando el Poder en toda la región de Latinoamérica.

En aquella elección, Manfred Reyes Villa fue quien quedó en segundo lugar con el 26%. Su Alianza PPB – Convergencia Nacional (conformada por NFR y el MNR), reemplazó a la Bancada podemista en el Congreso, y se convirtió en la nueva oposición al MAS. El candidato que obtuvo el tercer lugar, fue nuevamente Samuel Doria Medina, con 5%. A partir de ahí, vinieron años de estabilidad económica debido al boom internacional del precio de los hidrocarburos. Bolivia se benefició altamente con la venta del gas natural, que se comercializaba en un precio cinco veces mayor al de anteriores gobiernos.

Como resultado de esto, el país entró en una temporada de crecimiento sostenido del PIB, baja inflación, reducción del desempleo, aumento de recaudaciones, infraestructura en caminos, reducción del analfabetismo, entre otros.

Pero los avances estuvieron a la par del deterioro democrático e institucional, que se vio duramente golpeado por la política hegemónica y totalitaria del Presidente Evo. La Justicia pasó a convertirse en un brazo operativo del partido oficialista; el Congreso en una extensión del Ejecutivo, y se llevó adelante una implacable persecución a los líderes opositores del país.

Llegamos al año 2014, y los bolivianos acuden nuevamente a las urnas. El MAS había conseguido postular por segunda vez consecutiva al Presidente Morales – mediante una cuestionada maniobra constitucional – que habilitaba al Mandatario nuevamente a la reelección, bajo el argumento de que la primer gestión fue en la República, y que ahora regía el nuevo Estado Plurinacional. Pese a no pocos cuestionamientos y denuncias tanto de la oposición, como de voces internacionales, Morales Ayma compite en la elección y gana nuevamente. El MAS vuelve a vencer, con un contundente 61%. El candidato Samuel Doria Medina participó por tercera vez, y por fin logra el cotizado segundo puesto, con un 24%. En estos comicios, Doria Medina apuesta por una Alianza de tres partidos que se llamó oficialmente Unidad Demócrata – UD (UN – Demócratas – MNR). Jorge Tuto Quiroga también vuelve a candidatear, con la sigla del PDC, pero es desplazado al tercer lugar con un 9%.

Evo Morales asume su controversial tercer mandato, o lo que vino a ser su re reelección presidencial, y comienza lo que muchos denominaron “la borrachera del Poder”. Luego de más de una década en el Gobierno, el MAS copta las últimas instituciones que todavía quedaban independientes. Ordenan ejecutar obras faraónicas como el ostentoso nuevo Palacio de Gobierno, y el nuevo Palacio Legislativo.

Compran más aviones, aumentan los Ministerios, crean más y más empresas estatales, reforman la educación con un evidente sesgo ideológico, asifixian al empresariado con legislaciones laborales propias de la Guerra fría, limitan las exportaciones del sector agro, arremeten contra los pocos opositores que seguían de pie, firman polémicos acuerdos con Irán y Rusia, reafirman total apoyo a los regímenes de Castro, Chávez y Ortega; llevan adelante una descabellada elección judicial, que legitima ” por voto popular” el apareamiento partidario de las Cortes, etc.

Los años siguen pasando, y nos topamos con el famoso Referéndum de 2016. Un plebiscito nacional promovido por el Gobierno, que buscaba luz verde para una cuarta elección presidencial. El 21 de febrero de ese año, los bolivianos son convocados a emitir su voto, y él NO se impone.

Es la primera vez en más de 10 años que Evo pierde un proceso electoral, y aunque los resultados son reñidos, el TSE los declara oficial e irreversible. La mayoría del país le dice NO a las intenciones prorroguistas del MAS, y el Gobierno promete acatar democráticamente la decisión de las urnas. Pero a los dos años, transcurrida la mayor parte del tercer mandato de Morales, el país entero es sorprendido con un aberrante fallo, que habilita al Presidente a una nueva re re reelección, vulnerando así los resultados vinculantes del #21F.

El infame fallo, se sustenta en una torcida y manipulada interpretación del Pacto de San José, el cual consagra como derecho humano, la participación libre en política de todo ciudadano (Pero obviamente, no se refiere a la reelección de un mandatario, ni a sus intenciones de perpetuarse en el Poder).

Pero a pesar de la amplia condena de la oposición, y un duro rechazo de la comunidad internacional; el nefasto fallo prevalece, y el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia acata/permite una nueva habilitación para candidatear en las elecciones de 2019.

Esta decisión desata una amplia condena popular, y comienzan a darse masivas protestas en todas las capitales del país. Miles salen a las calles, bajo el lema: Mi voto se respeta,     Bolivia dijo NO #21F .

Las marchas toman fuerza, y en redes sociales comienzan a surgir grupos civiles denominados “plataformas ciudadanas”, quienes convocan masivamente a la población a tomar las calles en contra del Presidente. Estas nuevas plataformas, reemplazan a la desgastada clase política opositora, que se ve totalmente relegada a sus reducidos espacios en el Congreso, Gobernaciones o Alcaldías.

Recurre el tiempo, y llegan las elecciones generales de 2019.

Pese al clamor ciudadano, los partidos opositores no se unen en torno a una sola candidatura, y se presentan más de seis opciones contra un sólido y unificado MAS. Evo Morales lideraba todas las encuestas de intención de voto, pero por primera vez no le daba para ganar, y con una débil proyección del 37% en las encuestas, todo indicaba que los bolivianos definirían su futuro en una histórica segunda vuelta electoral.

La elección se realiza el domingo 20 de octubre, y se registra una altísima participación juvenil. La jornada transcurre con normalidad, y al caer la noche, los medios de prensa anuncian los resultados de boca de urna: Evo Morales no logra ni el 50%, tiene 46. El candidato Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana (Alianza centro izquierdista conformada por el FRI, Sol.bo y la adhesión a último momento de UN), obtiene el segundo lugar con 37%, y se confirman los pronósticos: Habrá balotaje en Bolivia. El tercer lugar lo consigue sorpresivamente el candidato Chi Hyun Chung, un pastor ultra conservador de origen coreano, candidato por el PDC, que obtiene el 8% de la votación.

Pero luego vino lo que ya todos conocen, el escandaloso fraude electoral. Una manipulación de los datos finales en el sistema interno de cómputo del TSE, ordenada y orquestada directamente por el Presidente Morales y su partido.Para no caer en tecnicismos aburridos, les resumo el método usado para fraudar los números: Mediante un cerebro informático paralelo – es decir no el oficial del TSE – se ejecutó una alteración dolosa de los datos, con lo cual fue posible otorgarle al candidato oficialista los decimales necesarios para vencer en primera vuelta, y declararlo oficialmente ganador de las elecciones generales 2019.

El fraude fue tan evidente, que la propia OEA lo denunció oficialmente en su famoso “Informe Final”, el mismo que revelaba al mundo las evidentes irregularidades en la computación de votos válidos y no válidos. Ante el histórico anuncio, la población volcó a las calles, y con un enojo colectivo pocas veces registrado en este país, exigieron la inmediata anulación de todo el proceso.

Ya sabemos el desenlace de la historia, y al cabo de 21 días de paro nacional indefinido, y posterior al amotinamiento total de la Policía Nacional; el Presidente renuncia a su cargo, y sale huyendo del país en un avión del Gobierno mexicano.

Junto a él, renuncia la Presidenta del Senado; y en cumplimiento a la sucesión constitucional, asume la Vicepresidenta, una desconocida Senadora opositora representante de la alejada región amazónica boliviana.

Jeanine Añez Chavez, abogada de profesión, jura así como 66 Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Ha pasado casi un año desde la famosa “Revolución de las Pititas”, nombre con que se bautizó a los 21 días de protestas post fraude. Morales lleva meses lujosamente asilado en Buenos Aires, respaldado completamente por el gobierno kirchnerista de Argentina. Bolivia está saliendo de la pandemia del coronavirus, que azotó al mundo entero y causó estragos en nuestro país.

Las nuevas elecciones tuvieron que ser pospuesta al menos tres veces por la crisis sanitaria, y esos cambios de fechas desataron terribles protestas por parte del MAS, y sus masivas bases en todo el país. Carlos Mesa es nuevamente candidato, nuevamente se ubica en el segundo lugar de las encuestas, y nuevamente postula por Comunidad Ciudadana (esta vez sin el apoyo de Sol.bo, ni UN).                                                                                                                                   Chi Hyun Chung también se postuló de nuevo, esta vez por el partido FPV. La novedad de ahora es el candidato Luis Fernando Camacho, exlíder cívico de Santa Cruz que encabezó la Revolución de las Pititas, y se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la caída de Morales. Camacho postula por la Alianza CREEMOS (conformada por los partidos derechistas UCS y PDC).

Las encuestas lo ubican en el tercer lugar, con un 10% muy anclado en el departamento cruceño, y una diferencia de al menos 8 puntos con el candidato Carlos Mesa Gisbert. Participa también como candidato el expresidente Jorge Tuto Quiroga, ahora por la Alianza Libre 21 (MNR).

Y la gran noticia de los últimos días fue la declinación a su candidatura, de la Presidenta Jeanine Añez, quien postulaba junto con Doria Medina por la Alianza JUNTOS. (conformada por cinco partidos: Demócratas, UN, Sol.bo, Unir, Todos). Por su parte, el MAS postula al economista paceño y exministro de Morales, Luis Arce Catacora (exacto, el MAS está nuevamente habilitado a participar de elecciones, aunque no lo crean) Y nuevamente lideran las encuestas, con más de 25% en todas las muestras nacionales.

Morales conduce abiertamente la campaña desde su exilio, y promete que al día siguiente de haber ganado la elección, ingresará campante al país.  *Dato curioso: Recientemente Morales fue acusado oficialmente por el delito de pedofilia, al comprobarse su relación con una joven mucho menor a 18 años de edad; acusación que se suma a la de terrorismo y levantamiento armado, interpuesta por el Gobierno de Añez en la justicia boliviana.

Estamos a menos de un mes de la elección, y nuevamente se repite la misma calamidad: El MAS compite sólido y unificado, contra un amplio abanico de adversarios que se atacan día y noche entre sí. La economía del país ha quedado aniquilada con el paso del huracán coronavirus; el sistema de salud presenta serias deficiencias, el desempleo se ha disparado; cayeron las exportaciones, los gobiernos municipales están en déficit, la justicia continúa en manos del partido del MAS (no me pregunten cómo).

El Congreso también está dominado por la Bancada masista, que ha arrinconado por completo al gobierno transitorio de la otrora Senadora opositora, las cuarentenas se han levantantado ya casi en su totalidad, y el país respira nuevamente campaña política y propaganda partidaria.  La gran cita es este 18 de octubre, fecha en que la población saldrá una vez más a los recintos de votación, para elegir el porvenir de la nación.

Todo indica que los indecisos, y el denominado “voto útil” definirán el resultado final, favoreciendo nuevamente al candidato Carlos Mesa; y que la tendencia histórica de un tercer ubicado con menos de 10%, se seguirá repitiendo como en los últimos 15 años. Bolivia decidirá si retorna al socialismo bolivariano y totalitario que Morales ratifica orgulloso, o si gira hacia un centrismo transitorio que propone el académico progresista Carlos Mesa.

Las cartas están sobre “la mesa” (juego de palabras poco casual), y el tiempo ya se va agotando para la revolucionaria nación andina. Restan apenas tres semanas para conocer quién será el sucesor de Añez en la apetecida Casa Grande del Pueblo.                              Pero ojo, las sorpresas siempre están a la orden del día en este inquieto país, así que todos atentos y con wifi a la mano.

Por Enrique Kay Añez. Politólogo boliviano. Consultor Estratégico en CYMP Consulting, Ciudad de México.