La Primera Junta de Gobierno, antesala de la creación de nuestra Patria.

 El 22 de mayo de 1810, el Cabildo se reunió para decidir cómo continuar luego de que la Junta Central de Sevilla había caído en manos de los franceses. Las distintas posturas se hicieron oír, como Juan José Castelli, que habló de la “retroversión” del poder al pueblo en caso de vacancia, desplegando una avanzada teoría de la soberanía popular. El fiscal español Manuel Villota, aunque intentando argumentar en contra, agregaría que no había en el Cabildo Abierto una representación de los pueblos del interior, trayendo a colación el federalismo.

A Villota lo cruzaría Juan José Paso, quien dijo que se trataba de una urgencia, y que deberían actuar en representación del interior para luego incluirlos. Así tendríamos una temprana alusión a la Confederación. Y cerraría la jornada, el personaje más destacado, el jefe de Patricios Cornelio Saavedra, que profundizó la idea de Ruiz Huidobro, alegando que ante la falta de poder del virrey, el Cabildo debía conformar una Junta de Gobierno. Y aclaró que no debía quedar duda alguna de que “es el pueblo el que confiere autoridad de mando”, alegando y sellando la idea del poder.

Pero aquella tensa jornada, pasaría por momentos aún más tensos y álgidos. Quienes debían conformar el nuevo gobierno, desoyeron lo debatido, y crearon una junta que la presidía el mismísimo Cisneros. Toda la cuestión caía en saco roto.

Fue así, que el 24 de mayo, Buenos Aires amaneció con la noticia de que la nueva Junta de gobierno era presidida por Cisneros. La ciudad enloqueció. Los cuarteles se inquietaron, y algunos jefes promovieron la desobediencia. Todo parecía encaminarse a un peligroso estallido.

Finalmente, se logró advertir a Cisneros, quien dejó vía libre para que elijan un gobierno sin su participación. Pero ahora sí, ese 25 de mayo, la Plaza sería la receptora de una gran cantidad de vecinos, vendedores, carruajes, jóvenes y adultos agolpados auditando que esta vez no les perviertan su cometido.

Cornelio Saavedra y el resto de la Primera Junta, jurando sobre los Santos Evangelios.

Y así fue. Se hicieron escuchar frente al poder sordo.

Tras la creación y jura de la Primera Junta, se elaboraría un reglamento para su funcionamiento que preveía:

  1. Que los pueblos del interior no estaban representados en el Cabildo y debían ser convocados.
  2. La figura de juicio político a quienes incumplan el reglamento (el Cabildo sería el poder legislativo y la Primera Junta el ejecutivo).
  3. Independencia judicial. Justicia en manos de la Real Audiencia.
  4. Obligación de publicar la situación de las finanzas públicas, y la prohibición de crear impuestos.

Suena alocado en contraste a nuestro ruidoso presente, que la Primera Junta haya tomado estas sabias decisiones, en un contexto en que el concepto de república era inusual y desconocido. Mientras hoy creemos conocerlo, entenderlo y practicarlo correctamente…

Este 25 de mayo, sería oportuno volver a encontrar a nuestra Constitución Nacional, como hoja de ruta en la que los argentinos estamos de acuerdo, para forzar de una vez por todas, como a aquel Cabildo que guardaba una falsa nueva Junta, el efectivo y duradero cumplimiento de su vigencia.

No creo que aquellos hombres mientras Cornelio Saavedra juraba con su mano sobre los Evangelios, con las manos de Belgrano y Castelli sobre sus hombros, y las de Azcuénaga, Alberti, Matheu, Larrea, Paso y Moreno sobre los hombros respectivos, hayan sido plenamente conscientes de lo que estaban viviendo. Por supuesto que después vendrían años duros, durísimos, pero ese hecho, con la plaza aguardando afuera, quedaría inmortalizado como base mínima para siempre. Creo que hoy nosotros tampoco somos conscientes de muchas cosas que vivimos

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here