Fuente: La Voz

La semana del niño por nacer pone en consideración una serie de elementos que ameritan ser considerados de cara a futuro en la sociedad occidental. El reconocimiento internacional del Día del Niño por Nacer acaece cada 25 de marzo, fecha estatuida en pos de conmemorar, promover y defender la vida humana desde que ha sido concebida en el vientre de la madre. En Argentina dicha fecha fue establecida durante la gestión del Ex Presidente Carlos Saúl Menem durante el año 1998. En 1999, la celebración fue acogida legalmente por Guatemala y Costa Rica, mientras que Nicaragua la asumió al año siguiente. En República Dominicana tal conmemoración fue aprobada a inicios de 2001 y en Perú por ley en 2002. Dicho día se establece por la tradición cristiana que hace a Occidente donde se postula la anunciación del Ángel 9 meses antes del Santo Nacimiento; La fiesta también es celebrada el 25 de marzo en El Salvador, Uruguay, España, México, Austria, Eslovaquia, Cuba y Filipinas. Ecuador también se sumó desde 2006 y Chile en 2014.

Sin embargo, debiera extender la consideración política y social del resguardo del niño por nacer también al día 21 de marzo. Desde el año 2012, por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cada 21 de marzo se hace presente el Día Mundial del Síndrome de Down. Son llamativas las palabras exhibida por el portal oficial de las Naciones Unidas que dicen: “Con esta celebración, la Asamblea General quiere generar una mayor conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades. Asimismo, quiere resaltar la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones”.

Es prudente recordar este día que existen unas pocas anomalías genéticas en las que el feto puede recibir tratamiento adecuado; para la mayoría de las personas por nacer afectadas, como es el caso de un niño con síndrome de Down, no existe actualmente una atención terapéutica intrauterina que sea eficaz. De allí es que algunos genetistas, profesionales de la salud y médicos lleguen a recomendar que se ponga fin al embarazo si se encuentra que el feto tiene trisomía 21; de allí la conmemoración el día 21 del mes 3. Tal fenómeno fue descubierto por Jérôme Jean Louis Marie Lejeune (1926-1994), médico pediatra y genetista, 6 años después de comenzar a trabajar en 1952 en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas; al poco tiempo también descubrió el síndrome de Cat Meow, lo que lo consolidó como padre de la genética moderna. En razón de su apostolado católico fue un acérrimo crítico de las políticas de control poblacional, razón por la que no tuvo la distinción académica que hubiera merecido. Lejeune advirtió que sus investigaciones se usaron pruebas para la detección precoz de problemas genéticos del embrión como justificación del aborto; allí se convirtió en defensor público de la vida según la doctrina católica, es decir, desde la concepción (presidente honorario de la organización provida Laissez-les Vivre: SOS Futures Mères e investigador de las píldoras abortivas de su época). Sería útil que las Naciones Unidas conocieran en profundidad la obra de Lejeune antes de usar a los niños como elemento de propaganda.

Lamentablemente, la semana del niño por nacer queda opacada por la arenga feminista en el mes de la mujer (en razón del 8 de marzo). Sobre este punto sería interesante reflexionar qué ha sido de la mujer y la maternidad en pos de la agenda feminista. La doctrina feminista, en su arenga por conseguir prerrogativas hacia las mujeres, ha generado ciertas distorsiones y desequilibrios jurídicos que requieren el día de hoy un nuevo ensamble para salir de tal coyuntura. Se establece entonces que la mujer es libre de hacer lo que desee con su cuerpo, pero se omite toda mención a que tal libertad no deba afectar el normal desenvolvimiento de los demás individuos. En este aspecto, la ciencia ha permitido establecer el origen de la vida humana. Tanto el óvulo como el espermatozoide poseen la misma estructura genética que su aportante, sin embargo, cuando ambos elementos se fusionan comienza la ramificación celular cuyo gen es distinto al paterno o materno. Tal como dijera el Dr. Jérôme Lejeune: “La genética humana puede resumirse en este credo básico: En el inicio está el mensaje, y el mensaje está en la vida, y el mensaje es la vida. Y si el mensaje es un mensaje humano, entonces la vida es una vida humana”.

A pesar de la evidencia científica, ciertamente el dato no mata el relato. La izquierda y los sectores autodenominados “progresistas”, bajo la consigna de “aborto libre, gratuito y seguro” promulgan la total indefensión de la vida inocente, quedando la persona por nacer a total merced del arbitrio de otra persona. Si algo caracterizó al modernismo fue la incesante búsqueda por la certeza, lo que aparejó que el cientificismo sea luego la filosofía (e ideología) imperante en el mundo del Hombre. Todo es cuantificable, mesurable, medible, catalogable, numerable; la Vida y la Verdad es traducida en números por lo que pareciera ser que el “dato” prevalece por sobre el “relato”. Lo cierto es que, aun así, los datos son seleccionados por el relato para constituir un determinado tipo de “verdad”.

Las estadísticas mundiales sobre el aborto exponen el caso paradigmático respecto a cómo relato establece la hegemonía por sobre el dato. La Organización Mundial de la Salud (OMS) expone ciertas cifras sesgadas para enfatizar la precariedad a la que se someten las mujeres en la búsqueda de finalizar artificialmente con su embarazo, sin embargo, admite que entre 2010 y 2014 se practicaron aproximadamente 56 millones de abortos por año (siendo que desde 2014 los números van en alza). En el año 2019, el número de muertes prenatales por abortos inducidos fue cercano a los 60 millones. Curioso es que la OMS exhibe como principal causa de muerte en el mundo a las enfermedades cardíacas, las cuales han causado menos de 10 millones de muertes anuales. Incluso combinadas, las 10 principales causas de muerte expuestas por la OMS no equiparan al número de víctimas del aborto inducido. 740 millones de vidas fueron abortadas en el mundo en los últimos 15 años. Pero nunca aparecerán bajo el título de muerte en las estadísticas de los organismos oficiales. Tal como exhibe la lógica del mundo contemporáneo, si existe lo que uno dice que es (autopercepción), lo que no se dice no existe luego. Tan demencial es la sociedad actual que se evita decir que se aniquiló la vida gestada, sino que sólo se ha interrumpido un embarazo. La deshumanización prolifera hasta en las actividades destinadas a la protección de la salud humana. El Hombre dispuesto a establecer cuándo se crea y acaba una vida lejos de constituir un Edén ha traído una masacre infernal al mundo.

Tal como se ve, poco importa fundamentar la postura sólo desde el dato ya que finalmente lo que importa no es considerar si hay vida, sino por qué tal vida debería ser respetada. Si uno no logra dar razones de ello, luego, por más que la propia medicina reconozca la descripción médica, la prescripción moral corre por cuerda separada. La ciencia describe, pero es la filosofía la que prescribe, y a contrario sensu de lo que la inmensa mayoría sostiene, la actualidad no es la exaltación del relativismo, sino del utilitarismo.

No pocas veces se alude a que las políticas antinatalistas son marxistas para combatir el capitalismo, pero la verdad amerita indagar sobre tal postulado ya que la erradicación de la maternidad no es patrimonio exclusivo del comunismo. Tantas veces se ha dicho que las políticas pro-aborto son “comunistas” que en ese sentido es útil indagar para analizar qué tan cierto es. Si bien es real que el 18 de noviembre de 1920, el Comisariado del Pueblo para la Salud y la Justicia publicó un decreto sobre la terminación artificial del embarazo, ya en 1916 (cuatro años antes) se había creado en EEUU la primera clínica de control de desarrollo demográfico. Mientras la URSS retrocedía (abolió tal práctica en 1936 por el problema demográfico que generó la autorización para abortar), en América se expandía la Liga Estadounidense para el Control de la Natalidad a tal punto de que en 1942 se consolidó la Federación Estadounidense para la Planificación Familiar (Planned Parenthood Federation of America). Todo ello fue por la incansable tarea de Margaret Sanger que inició su labor en 1916 hasta que su humilde liga fuera la PPFA y, a instancia de la ONU, convergió luego con organizaciones indias para crear la empresa transnacional IPPF, la cual presidió de 1952 a 1959.

Si observa el documento “Control de población y Salud de las mujeres” (1917) de Sanger, notará cómo expresamente sostiene la necesidad de una selección natural para que las razas débiles no se reproduzcan; pensamiento que acompaña en el documento “Un plan para la paz” (1932) donde se cita: “mantener cerradas las puertas para evitar la entrada de ciertos extranjeros cuya condición se sabe es perjudicial para la raza, como los débiles de mente, idiotas, retrasados, locos, sifilíticos, epilépticos, criminales, prostitutas profesionales y otros de esa clase… Apliquen una rígida política de esterilización y segregación a aquellas partes de la población cuyo progenie ya esté corrompida o cuya herencia sea tal que características perjudiciales puedan ser transmitidas a su descendencia”. a empresa transnacional IPPF, fundada sobre postulados eugenésicos, es la principal financista de tal movimiento mundial. A su vez y como otro ejemplo entre tantos posibles, si uno se remite a la década de los 70 en plena liberación sexual en Estados Unidos, se encuentra documentado cómo el fundador de la revista Playboy, colaboró con la promoción y el financiamiento a la causa (incluso fueron partícipes del proceso Roe vs. Wade). Desde Sanger hasta Singer se aprecia un utilitarismo que es propio de un pensamiento ilustrado donde el progreso material y la liberación absoluta son premisas fundantes de las posturas favorables al aborto inducido. Argumento usual llega a verse cuando se alega a que la vida en gestación nacería en la pobreza, sería infeliz o impediría que la madre consiga concretar sus proyectos. También vale recordar que el utilitarismo de Bentham es una teoría hedonista, razón por la cual producir la mayor felicidad como la libertad sexual plena, sin la responsabilidad que conlleva, es lícito.

El antinatalismo favorece a que la mujer se incorpore al mercado laboral con la única función de ser una unidad de consumo y producción (no en vano Evita supo decir “el aborto es un capricho gorila y burgués). Si uno observara con atención las encuestas notaría que en las zonas marginales es donde más se asienta la cultura ProVida, mientras los pequeños burgueses, que desean vivir en un eterno presente infantilizado, son los que principalmente favorecen el aborto inducido en nombre de la “libertad”. Véase pues que, si uno escucha el slogan MI cuerpo, MI decisión, no pareciera que se esté en presencia de una izquierda colectivista; esto significa que la promoción del aborto puede ser favorecida por algunos teóricos posmarxistas, pero la esencia de la política antinatalista dista de ser marxista. El aborto legal es una complejidad que no es patrimonio exclusivo de Marx y Engels, y eso que no se ha analizado aun el NSSM 200 ni las conferencias internacionales de control poblacional de la ONU. Si uno observa esa idea eugenésica donde a su vez se promueve que sólo los ricos sean los que se reproduzcan, gestada con el fin expreso de mantener la prosperidad económica de EEUU y acabar con el asistencialismo a los marginados, difícilmente se pueda decir que se esté hablando de una política “marxista”.

El avance del feminismo mantiene como clave de la liberación a la mujer sin hijos. Véase cómo el medio internacional “BBC” postula una noticia de especial relevancia al decir: “”Childfree”: la creciente tendencia de personas que solicitan (o incluso pagan para) estar aisladas de los niños”; ya sea mediante la vida consagrada a generar riquezas para el sistema bajo la ilusión de ser una mujer empoderada e independiente, o ya sea mediante la lucha hegemónica en pos del aborto libre, lo cierto es que la maternidad como principal poder de la mujer es desarraigado de su ser sin que muchas de ellas reaccionen ante tales consecuencias.

Cuando una feminista habla, la maternidad es vista como signo de opresión; cuando un ecologista opina, la familia es la reproducción del cáncer del planeta; cuando un liberal posmoderno se expresa, la mujer libre es la que rompe con la familia tradicional; cuando un socialista emite un comentario, la familia es el sostén de aquel sistema que se debe quebrar. Todas las ideologías imperantes mantienen relaciones carnales en su núcleo: crear una sociedad lejos de la proliferación del género humano para así dejar a las personas atomizadas y fragmentadas. Muchos creen que la familia es sinónimo de retraso mientras que la vida eterna como siervo de las multinacionales es sinónimo de libertad e iluminación.

Válido es considerar que la mujer ha sido desplazada a ser un engranaje más dentro del sistema. Mientras que en tiempos pretéritos ella era el corazón de la familia, y la familia era el núcleo central de la sociedad, en la actualidad es un mero envase descartable. Nada más prescindible para una sociedad que una mujer sin hijos, ya que existen miles de personas que pueden fungir sus tareas quedando tal individuo en el destierro de la comunidad laboral y familiar. La mujer posee un valor tan elevado en su esencia que es allí donde las revoluciones buscan atacar, porque alma y vida del principal cuerpo intermedio (la familia) que protege al individuo del poder externo.

Este avance ha sido gracias a la romantización del discurso liberador. La práctica del aborto es una práctica milenaria; al igual que los homicidios, los abusos, los actos delincuenciales, el robo, las usurpaciones son atentados que se vienen perpetrando históricamente. Muchas veces se escucha a las personas decir que la humanidad ha evolucionado, pero lo real es que evoluciona la técnica. La esencia humana se ha mantenido a través de los milenos, y las mismas prácticas se vienen suscitando una y otra vez, aunque a veces cambien algunas metodologías. Lo que se ha romantizado, más que la idea del aborto, es la idea de la liberación absoluta. Uno cuando observa la cultura trans, (empresa trans-nacional que rompe fronteras; hombre trans-género que rompe con la naturaleza; ciencia trans-humanista que rompe límites éticos, gente trans-especie que rompe los límites de la humanidad) y ve que el fondo subyace la idea de liberación absoluta. En términos más contemporáneos, en la revolución sexual de 1960 y 1970, el fallo (actuado maliciosamente desde una mentira) Roe vs. Wade contó con el financiamiento de la Fundación Playboy, por cuanto su dueño consideraba que el aborto rompía los límites de la reserva sexual; diseccionada la reproducción de la sexualización, sólo queda el placer por sí mismo sin importar si una vida humana es el precio a pagar.

Está romantizada la idea de la liberación absoluta, aquella idea de la emancipación plena, del non serviam que abasteció a cada revolución en el mundo. El Homo Deus como lo pintaría Yuval Harari se configura como poder gestarse uno como fin último y sin considerar lo que son los nexos intergeneracionales que defendió Edmund Burke. La maternidad se encuentra vacía y sin sentido ya; actualmente se ofrece como paradigma de éxito aquella persona libre de todo vínculo y ciertamente no hay vínculo que genere mayor dependencia que la relación “Padre-Madre e Hijos”. Quienes vociferan “MI cuerpo, MI decisión” utilizan como principal argumento la libertad de elegir; no se romantizó pues el aborto inducido, sino la libertad de considerar que hechos objetivos del mundo real (tal como es la maternidad) simplemente dependan de un deseo circunstancial.