Alberto Ferández junto a Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Fuente: Dario Hoy

Ha estado en boca de todos en las últimas horas el decreto del presidente Alberto Fernandez, con el cual quita el 1% de coparticipación que recibe la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para destinarlo a las arcas de la provincia gobernada por Axel Kicillof. Pareciera que la historia de Robin Hood está saliendo a flote: sacarle a los “ricos” para darle a los “pobres”.

Por supuesto que cómo administra sus recursos la Ciudad es un tema aparte y extenso en lo cual podemos ser críticos, me animo a decir MUY críticos. Pero en este momento no es a este tema al que nos referiremos.

Según la ley, los fondos coparticipables se dividen en tres: 1% va a los Aportes del Tesoro Nacional y el 99% restante se divide entre la nación y las provincias. Hace 32 años los números eran 42% al estado nacional y 57% se repartiría entre las provincias. En la actualidad un 10% de lo que recibía Nación (4% del total) se trasladó a los presupuestos que manejan administran los gobernadores, principalmente por sumarse desde la sanción de la ley a la fecha la jurisdicción de Tierra del Fuego y CABA.

Hemos escuchado a la vicepresidente, a su hijo, diputado nacional, y al gobernador de la provincia hablar del presupuesto que tiene la Ciudad de Buenos Aires y su cantidad de habitantes comparándolo con el presupuesto de distintos municipios y con el de la provincia de Buenos Aires entera. Sus palabras no son más que falacias. El monto de coparticipación que recibe CABA representó en 2019, según el Centro de Economía Política Argentina, el 27% de su presupuesto total. Es la provincia que menos depende de este fondo. Hay provincias como Formosa o La Rioja donde la transferencia de este aporte representa más del 90% de su presupuesto provincial. Y otra relación no menor, es que si comparamos el aporte de CABA a ese fondo con lo que recibe del mismo, resulta ser la más perjudicada: por cada peso que recauda para el fondo, le devuelven 30 centavos. Formosa, por ejemplo, por cada peso que recauda le devuelve más de cuatro pesos. La ciudad, aquella tierra atacada por el oficialismo nacional, donde vive la vicepresidente, donde vivía el actual presidente, donde nacieron los últimos cuatro gobernadores de la provincia de Buenos Aires, donde se concentra aproximadamente el 6% de la población nacional, con una densidad mayor a 14.000 habitantes por km2 (la segunda en Sudamérica luego de San Pablo), duplica su población durante el día, poniendo a su disposición el servicio de salud, el servicio de educación y velando por la seguridad de casi tres millones de bonaerenses.

Nos distraen con otros temas: ¿Es la ciudad autónoma de Buenos Aires parte de la provincia? ¿se puede soñar con una provincia nueva, que sea el AMBA? ¿Es CABA un lugar opulento que da vergüenza? Nadie habla de lo que es más importante: es hora de potenciar las economías regionales y administrar mejor los territorios. Es inadmisible que una provincia dependa económicamente de los recursos nacionales, aportando muy poco. Es inadmisible que se creen áreas y cargos con presupuestos por las nubes (director de masculinidades o Dirección de Campañas Culturales para la Igualdad de Géneros, por ejemplo) y no aumentar el presupuesto de los tres servicios que tienen que garantizar el estado: educación, salud y seguridad. Es inadmisible no pensar en los problemas del país en serio: AMBA representa el 0,05% del territorio nacional y vive aproximadamente el 35% de la población argentina. Es inadmisible que no descentralicemos el país y potenciemos de forma urgente las economías regionales, que sean motores que pueden dar trabajo y bienestar a sus habitantes.

La ciudad tiene muchísimos problemas que resolver, para eso estamos, para dar respuesta a las urgencias que el gobierno de turno ignora. ¿Debemos ser solidarios con el país? Sin dudas. Realmente ya lo somos, damos mucho más de lo que recibimos. Defendamos lo nuestro, que las palabras lindas no nos hagan creer que toda la culpa la tenemos nosotros. No dejemos que Robin Hood sea el modelo, el fin nunca justificó los medios.

Sobre el autor: Bruno Maltese. Analista de riesgo. Actuario por la Usal. Estudiante de Administración de Empresas en la UBA.

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