Trump marcó el camino a seguir para toda la derecha occidental.

Un 14 de junio de 1946, hace 75 años, nacía el empresario, inversor, director ejecutivo, celebridad televisiva y 45º Presidente de los Estados Unidos de América, Donald John Trump. En sus cuatro años al mando de la Casa Blanca, marcó el camino que debe seguir Occidente para resurgir, como ave fénix, de las cenizas dejadas por el fuego del infierno progresista que viene infectando nuestras sociedades desde hace décadas, y con mayor énfasis desde la caída del Muro de Berlín.

Trump fue, desde sus inicios en la política, ridiculizado por los medios de comunicación hegemónicos, por la farándula de Hollywood y, en definitiva, por todo el aparato propagandístico de la izquierda progresista. En tiempos del “Yes We Can” del entonces Presidente demócrata, Barack Obama, se veía imposible que un personaje extravagante, con posturas firmes y políticamente incorrectas, ganara la nominación por el Partido Republicano, que en ese entonces estaba cooptado por la tibieza producto del avance de la izquierda dura durante la administración Obama. Sí, la “derechita cobarde” era el establishment republicano antes de Trump.

El republicano arrasó con el 44,9% en las primarias de su partido, dejando al reconocido senador texano, Ted Cruz, en el segundo lugar con el 25,1%. Ambos candidatos presentaban, con distintas formas, una reacción al establishment del partido, encarnado en la figura del candidato presidencial en 2012, Mitt Romney.

Lejos de tomarse el asunto con mayor seriedad, los medios continuaron su campaña de ridiculización, actuando como verdaderas agencias de propaganda demócrata, en especial las cadenas CNN y NBC, y los medios escritos The New York Times y el Washington Post. El resultado, al igual que en las primarias republicanas, no les funcionó: con 304 electores y casi 63 millones de votos del pueblo, Donald John Trump se convirtió en el 45º Presidente de la primera potencia del mundo, e iniciaría un legado que hoy es el camino seguido por la mayoría de partidos de la Nueva Derecha en Occidente.

Sus medidas más importantes

Como resumió muy bien el escritor y abogado argentino, Nicolás Márquez, la Nueva Derecha debe estar compuesta por: liberales que defiendan la vida desde la concepción, conservadores que pongan la tradición al servicio del progreso, y nacionalistas que no confundan el amor a la Patria con el amor al Estado.

A esto, se le debe agregar el componente populista, es decir, un discurso popular que conecte con las masas, con esa mayoría silenciosa abandonada por la izquierda que, en cierta forma, antes los representaba, y que ahora se esconde detrás de minorías ruidosas pero bien financiadas y con mucho poder de lobby.

Economía: crecimiento sólido con baja de impuestos y regulaciones

En materia económica, fue un ferviente defensor de la economía de mercado liberal frente al estatismo recalcitrante del actual establishment del Partido Demócrata. Luego de la crisis del 2008 de la que el país aún no se había recuperado por completo, realizó la mayor rebaja de impuestos y regulaciones desde Ronald Reagan.

La rebaja supuso, en concreto:

La eliminación del impuesto a la herencia, el cual rompe con la igualdad ante la ley.

Rebaja de la carga impositiva a las empresas del 35% al 20%.

-Deducción de impuestos para personas solteras o casadas al doble: US$6.350 para personas solteras, y US$12.700 para las parejas casadas.

-Los primeros US$ 12 mil que gane una persona son libres de impuestos.

-Los primeros US$ 24 mil que gane una pareja también serán libres de impuestos (lo que elimina las desventajas fiscales a los matrimonios).

-Marca tres topes de impuesto sobre la renta para los trabajadores, dependiendo el monto de sus ganancias: 12%, 25% y 35%. El máximo anterior era del 39%.

-Una tasa máxima de 25% para las “entidades de paso”, como las sociedades de responsabilidad limitada.

-En sus primeros dos años de mandato, se eliminaron 1579 regulaciones, suponiendo un ahorro de 15 millones de horas para las empresas en papeleos y trámites burocráticos. Las regulaciones impuestas por Obama supusieron un coste de 900 mil millones de dólares extra para el sector privado.

El histórico momento que simboliza el masivo corte de regulaciones y baja de impuestos en la era Trump.
La histórica medida generó un crecimiento del 2,3% en 2017 (había sido del 1,7% en 2016), de un 3% en 2018 y un 2,2% en 2019, llegando el PBI estadounidense por primera vez a los 20 billones de dólares. El desempleo llegó a mínimos históricos desde el Crack de Wall Street de 1929, llegando en 2019 a un 3,6%. El salario real creció a un ritmo de 0,8% por año a pesar de ser uno de los países más ricos del mundo, y miles de empresas radicadas en China y otros países de Asia volvieron a instalarse en territorio americano, además de anunciar suba de salarios y bonos a sus trabajadores por la rebaja de impuestos. En 2020, después del derrumbe inicial ocasionado por el virus proveniente de China, el PBI se recuperó un 7,4% en el tercer trimestre del 2020, y un 4,3% en el cuarto trimestre.

La nueva pax americana de Trump

El período que se conoce como “Pax americana” abarca desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001. Durante esos casi 60 años, Estados Unidos protagonizó un escenario marcado por un crecimiento económico duradero, ciertos consensos bipartidistas y hegemonía global en Occidente, además de ausencia de conflictos militares mundiales entre potencias, más allá de las guerras proxis en las que se involucraba con el bando anticomunista frente al bloque soviético. Trump se convirtió en el primer Presidente en 39 años, desde Jimmy Carter, en no iniciar una guerra en el extranjero, además de poner fin a la política neoconservadora (intervencionista) seguida por sus antecesores, por lo que se inició una desescalada y retiro de tropas en Irak y Afganistán, lugares en los que Estados Unidos perdió mucho más de lo que ganó.

No solo no inició guerra alguna, sino que generó históricos acuerdos de paz en lugares impensados como Oriente Medio. Israel, país acosado por sus vecinos árabes desde su creación en 1948, logró la paz de facto con Arabia Saudita, y firmó acuerdos de paz con Bahréin y Emiratos Árabes Unidos en la Casa Blanca, gracias a la gestión de Trump. A estos acuerdos se los bautizaron como los “Acuerdos de Abraham”.

“Acuerdos de Abraham” y una foto que quedará para la historia.

El mandatario fue nominado al Premio Nobel de la Paz (que le dieron a Obama antes de asumir la presidencia y que usó como cortina para bombardear Siria, Libia e Irak) por la cumbre de la paz con Corea del Norte, país en guerra con EEUU desde 1950.

Trump logró entenderse con Kim Jong Un tras amenazarle en múltiples ocasiones (paz a través de la fuerza, doctrina impulsada con éxito por Ronald Reagan contra la URSS) y se encontraron en una cumbre en Singapur el 12 de junio de 2018 que puso freno al temible programa nuclear norcoreano.

Por último, las relaciones con Putin estuvieron en su mejor momento, y se habían iniciado conversaciones para incluir a Rusia en la OTAN, que no es más que una forma de incluir al gigante Euroasiático en la futura coalición contra China.

Hasta la llegada del coronavirus, la guerra comercial iniciada contra China había dado frutos y disciplinado al gigante asiático, que se comprometió a principios de 2020 (cuando se firmó el acuerdo que puso fin a la guerra) para la compra de 200 mil millones de dólares extra en productos estadounidenses, el fin de las manipulaciones cambiarias y la baja de aranceles.

El relato mediático mostraba a Trump como un maniático que conduciría al mundo a la Tercera Guerra Mundial, y la realidad demostró que el magnate llevó a Estados Unidos de nuevo al liderazgo global indiscutible, al mismo tiempo que el mundo vivió años de relativa calma y prosperidad.

La histórica cumbre en Singapur entre Trump y Kim Jong-Un.

Libertad de expresión

La llegada de Internet primero, y las redes sociales después, parecían representar la democratización del discurso público frente a la hegemonía mediática, y la reciprocidad frente al viejo modelo emisor-receptor en la comunicación. El tiempo y la experiencia demostraron que estas megacorporaciones privatizaron el espacio público y son capaces de expulsar de dicho espacio al mismísimo Presidente de Estados Unidos, como le sucedió a Trump tras la toma del Capitolio del 6 de enero, luego de difundir un video llamando a la paz que fue borrado por “incitación a la violencia” en todas las grandes redes.

La censura sufrida por Trump en las redes fue, tal vez, el mayor ataque moderno a la libertad de expresión.

Lo cierto es que el republicano fue pionero en el cuestionamiento al poder y hegemonía de las “Big Tech”, por la constante censura que sufrió en carne propia previo al cierre total de sus cuentas. De hecho, el 28 de mayo del 2020 firmó una orden ejecutiva para retirar a las redes sociales la responsabilidad de regular el contenido que publican sus usuarios, después de atacar a Twitter por etiquetar algunos de sus tweets como “potencialmente engañosos”.

Después de su caída en unas dudosas elecciones, las redes sociales comenzaron a mostrar su verdadera cara, que no es muy distinta a la que tienen los grandes medios de comunicación, con la diferencia en su alcance, pues hoy la plaza pública se ve representada en su totalidad por estos espacios digitales, que han creado una simbiosis en la que la vida pública y privada de los individuos se difumina en la red.

Aborto e Ideología de Género: las caras más visibles del progresismo

A días de asumir, Trump retiró todos los fondos federales a la Planned Parenthood, la red de clínicas abortistas más grande del mundo, amparado en la Enmienda Hyde que impide que se destinen fondos del Estado para financiar prácticas contra la vida.

Además, retomó la “política de Ciudad de México” de Ronald Reagan, que prohíbe financiar a organizaciones estadounidenses en el extranjero que apoyen el aborto, lo que le quitó a IPPF (la filial internacional de Planned Parenthood) cuantiosos recursos destinados a financiar campañas por el aborto legal en países del  Tercer Mundo, con el fin de reducir sus poblaciones.

Trump fue el Presidente más provida desde Reagan.

Durante sus cuatro años de mandato, declaró el 18 de enero como el Día de la Santidad de la Vida Humana, en el aniversario del fatídico y fraudulento fallo judicial Roe vs Wade que legalizó el aborto a nivel federal. Dos días antes de dejar la Casa Blanca, expresó en un comunicado: “Cada vida humana es un regalo para el mundo. Ya sea nacido o no nacido, joven o viejo, sano o enfermo, cada persona está hecha a la santa imagen de Dios. El Creador Todopoderoso da talentos únicos, hermosos sueños y un gran propósito a cada persona. En el Día Nacional de la Santidad de la Vida Humana, celebramos la maravilla de la existencia humana y renovamos nuestra determinación de construir una cultura de vida en la que todas las personas de todas las edades sean protegidas, valoradas y apreciadas.”

También prohibió los experimentos genéticos y científicos con material obtenido de fetos abortados, lo que representó un corte a la cadena de negocios con la vida humana que vincula a decenas de empresas y laboratorios.

Por último, en materia de defensa de la vida humana inocente, nombró primero a Neil Gorsuch y luego a Amy Coney Barrett como jueces de la Corte Suprema de Justicia. Esta última, criticada por el colectivo feminista, es una activista provida, madre de 7 hijos (dos de ellos adoptados desde Haití y uno con Síndrome de Down) y destacada jueza a su corta edad de 49 años, teniendo en cuenta que los cargos en la Corte Suprema son vitalicios.

En materia de ideología de género, puso importantes frenos a su implementación en la educación, en especial en instituciones religiosas privadas. También, buscó eliminar la palabra “género” de los documentos oficiales de la ONU, y se opuso a que los hombres biológicos transexuales participen en deportes femeninos, algo que varios gobernadores republicanos han hecho en los últimos meses en sus respectivos estados.

En 2019, su Departamento de Salud y Servicios Humanos este eliminó el concepto de género de raíz y estableció una definición legal que cambió de facto una ley federal de “derechos civiles”, que pretendía impedir la “discriminación de género” en los programas de educación que reciben asistencia financiera del gobierno.

El argumento de la agencia gubernamental fue la necesidad de adoptar una definición uniforme sobre género, optando por la “base biológica clara, fundamentada en la ciencia, objetiva y administrativa“. El 14 de junio de 2020, Trump revocó la medida de Obama y restableció el criterio biológico en la salud. Biden revirtió esta medida a los pocos días de asumir.

Por último, se prohibió a las embajadas estadounidenses en el mundo flamear las banderas del lobby LGTB en el “mes del orgullo”, cosa que Biden permitió incluso en la Santa Sede, a excepción de los países árabes.

Patriotismo vs Globalismo

El lema “America First” (Estados Unidos primero) no fue un simple slogan de campaña. Trump se retiró del Acuerdo de París, que impulsaba una “agenda verde” ambientalista de regulaciones e impuestos que representan un lastre para las economías occidentales, al mismo tiempo que países como China (el que más emisiones de CO2 realiza en el planeta) no forman parte de ellos y obtienen importantes ventajas comparativas en materia económica.

“El futuro no pertenece a los globalistas, pertenece a los patriotas” fue la icónica frase que dijo el republicano en nada más ni nada menos que la Asamblea General de la ONU, sede del poder global.

Por último, se enfrentó a la OMS cuando defendía y encubría a China por el desastre generado por la pandemia, al mismo tiempo que ocultaba el origen del virus, a pesar de haber sido tachado de conspiranoico. Un año y medio después, hasta sus enemigos afirman que tenía razón. Hace cinco meses que Trump dejó el poder, pero su legado está intacto. El “trumpismo” representa a la amplia mayoría del Partido Republicano, y gobernadores jóvenes como Ron DeSantis están siguiendo sus pasos. Biden, a pesar de sus múltiples errores, mantiene la politica migratoria y la política anti China del magnate. A sus 75 años, el hombre que marcó el inicio de la reacción contra el globalismo está mas vivo que nunca.