Desde el inicio de la pandemia, los gobiernos enfocaron en políticas de inyección de liquidez y masiva emisión monetaria. El propósito de ello era salvaguardar aquellos sectores fuertemente afectados por el lockdown, y a su vez socorrer económicamente a aquellas personas que quedasen desempleadas en consecuencia.

Casos reconocidos de ello han sido el Bailout del gobierno alemán hacia la aerolínea Lufthansa, la baja de la tasa interbancaria de la FED tendiendo a 0% (Sumada a las tasas negativas ya instauradas hace meses en varios países europeos), y los cheques de u$1200 firmados personalmente por Trump para todo aquel que necesite ayuda monetaria por la cuarentena. 

Obviamente, todo esto no tendrá ningún tipo de efecto inmediato en la inflación, debido a los retrasos de 12 meses de impacto que posee la política monetaria. Pero sí se puede prever que lo hará en el largo plazo, y eso se evidencia en el valor del oro.

Breve historia sobre el Oro

Cómo es de público conocimiento, el oro es un metal precioso que antiguamente ha sido utilizado como medio de pago en intercambios de bienes. Fue siempre muy bien reconocido por sus propiedades como Reserva de Valor, gracias a su fácil reventa en el tiempo y la poca producción anual respecto a la oferta actual (Muy difícil de hallar, extraer y fundir). Por ende, el gran atractivo del oro era su estabilidad en cuanto a su poder adquisitivo, ya que no se podía alterar fácilmente su oferta.

Pero, al ser un medio de pago caro de producir y difícil de trasladar, fue dejado de lado para dar paso al dinero fíat o papel moneda. Éste último se hallaba en las antípodas monetarias del metal, ya que es producido fácilmente sin límite alguno por cada Banco Central del mundo. A su vez, el mismo supone una eficaz herramienta para los gobiernos, ya que poseen al alcance de la mano el control monopólico del dinero, y así manipular la sociedad a su gusto. 

Para buscar limitar esta situación, se instauró un Patrón Oro global, en el cual cada nación no podía emitir más moneda que lo convertible según sus reservas de Oro. El mismo brindó cuatro décadas de prosperidad social, científica y económica entre 1870 y 1914, para luego ser totalmente abandonado por la expansión los onerosos gastos correspondientes a ambas guerras mundiales y las consecuentes devaluaciones de moneda.

Finalizada la época beligerante, se llevó a cabo la conferencia de Bretton Woods para definir el nuevo sistema de comercio global. Allí se instauró el Patrón Dólar, donde todas las monedas de las diferentes naciones del planeta eran convertibles al dólar, y este último era convertible al Oro. Había una especie de letra chica detrás de todo esto, donde se acordaba que todos los Bancos Centrales debían entregar sus reservas de oro al Tesoro de EE.UU para su custodia, a cambio de los respectivos dólares. 

Con ello llegó el auge del keynesianismo, el cual desembocó en un desprecio al ahorro y un “amor” por el gasto excesivo. Esto se vio influenciado por el por entonces flamante Fondo Monetario Internacional, encargado de ser prestamista de última instancia e impulsor del crédito masivo a tasas bajas.

Todo ello funcionó de maravilla, hasta que llegó lo esperable: en 1971, los dólares circulantes fueron superiores a lo que deberían ser según su convertibilidad al oro. Así, de forma polémica, el presidente estadounidense Nixon decidió interrumpir el acuerdo de Bretton Woods y suspender la convertibilidad Dólar-Oro.

Luego de este suceso, en consecuencia, hubo una baja de la inflación estadounidense en el corto plazo, para luego acelerar fuertemente en el largo plazo, alcanzando máximos históricos del 14% anual en 1980. Da la casualidad que justamente ese mismo año el oro, luego de cotizar alrededor de los u$200 durante toda la década, trepó rápidamente hacia los u$800, por lo que se evidencia una correlación positiva entre ambas variables.

Qué es lo que sucede en la actualidad?

El contexto monetario actual no es muy diferente al vivido en las Decadas Doradas. Expansión del crédito, tasas nulas o inclusive negativas y acumulación de deuda soberana. Inclusive, con la reciente crisis por el Covid-19, se suma el factor agregado de la inyección de liquidez mediante emisión monetaria.

Esto último se evidencia claramente en el Balance de la FED. En él se puede ver el masivo incremento en los activos en posesión. La Reserva de crédito, al 24 de junio, se encuentra por encima de los u$7 billones de dólares, siendo éste el más alto de su historia, con más de la mitad en materia de bonos del Tesoro de USA. 

De esta forma, pudieron sostener la precipitada caída de los mercados  en Marzo del corriente año, y ya ubicarlos en valores similares a los de pre-pandemia; además facilitó liquidez para muchos sectores que vieron muy afectados sus ingresos, como fueron las aerolíneas.

Al haber impuesto un “Lockdown” mundial, varios comercios se encuentran cerrados y la gente se aísla en la casa, por lo cual tiene un nivel de consumo mucho menor. Esto es lo que actualmente posibilita una leve deflación global, además de un mayor desempleo.

Ante toda crisis o inestabilidad en el valor de la moneda, el patrón del inversor siempre se repite y es refugiarse en el Oro. La crisis del coronavirus, por el momento, no ha sido la excepción.

Al inicio del año, el valor de los contratos cotizaba alrededor de los u$1500. Luego de una fuerte caída en Marzo que lo llevó a valores cercanos a u$1400, inició un gran rally alcista que lo llevó a superar la barrera de los u$2000 y a su vez lograr máximos históricos. Así, mantiene un rendimiento en el 2020 del 33%, siendo una de las inversiones con menor retorno del año, por detrás del NASDAQ (38%).

Nunca existe una razón cierta de por qué un valor aumenta o baja, pero si se puede identificar algunos “drivers” que conducen a ello. Entre ellos, se podría hablar del ya mencionado accionar de la FED, los paquetes de estímulo económico y las expectativas a futuro de una mayor inflación. Estas últimas se vieron fuertemente alimentadas luego de que la FED haya confirmado que la tasa de interés tenderá a 0% hasta 2022.

A su vez, el índice Dólar se encuentra en una tendencia bajista de corto plazo, ubicándose en valores de 93 ptos (1974=100 ptos). En el año, ha tenido un rendimiento negativo del 3%, lo que indica una debilidad del dólar. Los drivers que podría adjudicarse esta baja son las mismas que para el oro pero afectando de manera negativa, además de sumar todo tipo de dato negativo en la economía real de Estados Unidos.

Estos valores claramente demuestran la superioridad monetaria de una moneda sólida por sobre una moneda débil. Una moneda cuya oferta no es manipulable, como lo es el Oro, siempre será más valiosa a largo plazo por el simple hecho de que no hay interés político que influya sobre ella. Mientras que una moneda débil, léase aquellas manipuladas por el gobierno, solamente tiene valor porque el gobierno lo fabrica artificialmente mediante el título de “Moneda de curso legal”. Si no, claramente la sociedad optaría por tener aquellas monedas que sirvan como medio de pago libre de cualquier intervención centralizada, porque siempre termina triunfando la libertad.