Mujeres de la tercera edad militando el aborto.

En el año 1793, durante la Convención Nacional francesa, el Comité de Seguridad Pública expresó en su discurso una frase que luego, repetida por distintas personalidades de la política a lo largo de la historia moderna, se convertiría en uno de los mayores mandatos morales en toda la cultura occidental: “una gran responsabilidad es el resultado de un gran poder”. El lema volvería a gozar de popularidad mundial después de aparecer, con mínimas modificaciones, en el film El Hombre Araña de 2002.

Realmente, la frase per se no es autosuficiente, o, lo que es igual, la frase sola no significa nada. Más bien depende su significado del contexto en que se la utiliza. Cuando hablamos de responsabilidad encontramos dos categorías, una relativa a mi conducta (qué debo hacer) y otra respecto a otro sujeto (frente a quién). En este sentido, me gustaría ahondar acerca de una situación que de alguna u otra manera nos ata a todos los miembros de nuestra comunidad, y es la del uso indiscriminado de simbología y distinciones políticas por parte de cierto espectro de nuestra población, y la responsabilidad bajo la que se encuentra y que debería afrontar todo aquel que las vista.

La liviandad con la que una adolescente se pasea por la calle con su propio arsenal de insignias políticas en las formas más variadas que uno se pueda imaginar (desde pines y pañuelos hasta colorantes para el cabello e incluso tatuajes) sin tener mayores conocimientos sobre el origen y la historia de esas insignias es cuanto menos digna de ser analizada al menos por un momento. La falta de formación en nuestros jóvenes asusta no sólo por lo fácil que estos resultan ser arreados por los distintos “movimientos sociales” que, como satélites, orbitan constantemente las calles en búsqueda de nuevas plataformas donde alunizar; sino también por los riesgos que implica esa falta de formación en cuanto al nivel de influencia que pueden provocar las consignas de dichas insignias en el resto de los ciudadanos, en especial entre sus pares.

Hace menos de 48 horas se conoció la triste noticia de que María del Valle González López, mendocina de 23 años y militante de la Unión Cívica Radical, murió tras intentar practicarse un aborto legal en el hospital de su pueblo, donde al parecer se le suministró un comprimido de misoprostol. Me resulta inevitable vincular este hecho con el párrafo anterior, puesto que durante años el principal eslogan utilizado por el enorme aparato propagandístico del Estado y de empresas multimillonarias para lograr la legalización del aborto en Argentina fue “aborto legal, seguro y gratuito.” De más está aclarar que nada en este mundo es gratis, salvo el aire que respiramos (por ahora), y que la legalidad o no de ciertas prácticas no debería alterar el orden moral en nuestra escala de valores como sociedad.

No puedo evitar pensar que esta joven militante ha sido una víctima más de otro falso relato, un relato que se nos impone cotidianamente desde todas direcciones con la violencia de un bombardeo. Donde sea que miramos lo encontramos. Y el lugar más peligroso para hallarlo es en el mismo grupo de pares. Porque es entre pares que se contagian las modas, es entre pares que nos sentimos más seguros, es en los pares en quienes más confiamos. Es entre pares donde más aprehendemos. Incluso más que ante el intento de imitar a nuestros héroes. Tomamos de “los nuestros” aquello que aparenta servirle al otro porque creemos en ese otro, pues lo conocemos, y confiamos en que a nosotros también nos va a servir. Y así sucede también con los relatos.

Existen relatos y consignas más fáciles que otros, y las consignas del feminismo moderno cumplen con todos los requisitos para ser las que más fácilmente se adhieran a las mentes de nuestra gloriosa juventud. En el feminismo no hace falta tener criterio propio ni pensar, sólo repetir. Repetir hasta el cansancio. Repetir y bailar y cantar bajo la hipnosis de himnos chiclosos. ¿Qué más atractivo que eso para un joven entrenado para la ociosidad mental?

En contraste con esta realidad, estamos quienes nos preguntamos, ¿cuál es nuestro rol como parte de un grupo cada vez más protagonista en la toma de decisiones políticas? ¿Qué cargas recaen en nosotros ante el cada vez mayor poder que esto significa? Los jóvenes tenemos que empezar a entender la gran responsabilidad que implica llevar colgado de nuestras prendas un trozo de tela de color con un lema que habilita múltiples respuestas (algunas fatales, claro está) por parte de nuestros allegados. Se nos quiere hacer creer que nuestros actos no tienen consecuencias y que el libertinaje es nuestra carta magna. Pues la realidad no es así. Toda acción conlleva responsabilidades, porque toda acción trae aparejada una carga de poder, y en este caso se multiplica cada vez más. Ninguna militancia es gratuita. Hay que hacerse cargo de los colores que uno lleva consigo.

Esta vez le tocó a una joven mendocina pagar el costo de una farsa promocionada por cada pañuelo verde, y de nuevo nos toca al sector celeste desenmascarar esa farsa: no existe aborto seguro. Lo que supuestamente llega para “salvar a las mujeres” hoy las está matando. A las madres y a las que están en el vientre. La “legalidad” no salva vidas. Y aunque ahora silencio sea todo lo que haya, seguiremos alzando la voz. Y aunque los medios oculten, seguiremos mostrando. Porque sabemos que al final, la recompensa vale la pena.

Sobre el autor: Juan Augusto Montamat es Socio de la Fundación Libre

5 Comentarios

  1. ¡Excelente escrito Augusto! Uno tiene responsabilidad de sus acciones generando consecuencias aunque sea tan lamentable como el caso de Mendoza.

  2. La sociedad argentina tiene que cambiar sus criterios a la hora de votar. Los partidos tradicionales tienen todos criterios similares y da igual elegir a uno u otro. Hay que elegir candidatos que desafien el orden establecido, para romper los dogmas de la cultura de la muerte que nos pretenden imponer.

  3. Muy claro el artículo!! Ya es hora de que los jóvenes empecemos a tomar conciencia y a hacernos cargo de nuestros actos. Gracias Augusto por compartirnos este análisis tan acertado.

  4. Lamentable que tengan que pasar estas cosas para que la gente aprenda de una vez por todas que no existe aborto seguro como dice el texto en el aborto siempre muere alguien felicitaciones muy bueno

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