El último discurso de Alberto Fernández afirmó dos cosas: la extensión de la cuarentena y el desprecio a la crítica. La primera es correcta y se corresponde con la recomendación de médicos especialistas. La segunda es propia del populismo. 

Con la primera estoy de acuerdo con la medida en sí, aunque preocupado porque no se dan a conocer medidas económicas para afrontar su pronta o larga salida. Hay improvisación, contención de los sectores bajos (que está bien), olvido de los sectores medios y una declaración de guerra a los empresarios. 

En esta materia más que nunca se requiere de un gran acuerdo convocando a todos las partes de la cadena productiva sin demonizar a nadie. Mucho más en un país con una economía tan endeble como la nuestra. La convocatoria es responsabilidad neta del ejecutivo nacional. El Estado es fundamental, pero necesitamos que sea fuerte, eficiente y que incentive además la inversión privada, fundamental para la creación de empleo.

La segunda afirmación se encaja perfectamente con el estilo de hacer política subestimando a las instituciones y legitimando poder a través del culto a la personalidad. Cierta legitimidad se potencia con la lógica amigo-enemigo y así se construye la recurrente ficción de buenos contra malos. De esta manera, si criticás por twitter o escribiendo en algún medio periodístico, lejos de ejercer la libertar de prensa y pensamiento (como garantiza la Constitución Nacional) según la liturgia oficialista son un antipatria o insensible

Esta es la corriente de pensamiento que se define en oposición al republicanismo, para la cual la democracia es únicamente ampliación de derechos sin contemplación de las obligaciones. De esta manera se incurre sistemáticamente a la falta de respeto de la ley, que está hecha para cumplirse. Veamos un simple ejemplo. En el municipio de Avellaneda, como en la gran mayoría de los casos, el Concejo Deliberante no sesiona. Un concejal del oficialismo local declara en un medio local que “No es necesario que el Concejo Deliberante sesione porque el Intendente está haciendo bien las cosas”

Las instituciones y las leyes están por encima de las personas mi querido amigo.  

Vale recordar que ninguna crisis, por más grande que sea, es capaz de doblegar o postergar a la Constitución. Si bien es una situación donde la Casa Rosada está a gusto porque le permite gobernar vía decreto, aquí la responsabilidad es estrictamente de los legisladores. Deben sesionar, les guste o no, porque es un mandato constitucional. Su lugar responde a la voluntad popular con lo cual no existe cuarentena que justifique semejante pasividad. Si la Legislatura Porteña sesiona, es inadmisible que el Congreso aún no lo haga. Argentina es uno de los pocos casos en el mundo de democracia con Parlamento sin deliberar. 

Para terminar, el Estado de Derecho se basa en leyes, que son la base la libertad, y que están para cumplirse no para estar en cuarentena. El daño institucional que producen estos atropellos siguen retrasando a un país vuelve a dar vueltas en la calesita de la que lamentablemente hace décadas que no salimos.

Sobre el autor: Nicolás Cereijo es Licenciado en Ciencia Política (UBA). Docente en UBA y UTDT. Director del sitio Voces Políticas.