China utiliza a la ONU, organismo occidental, para imponer su agenda totalitaria.

Los Derechos Humanos y su defensa se han vuelto, desde hace muchos años, una agenda ideológica que ha desvirtuado su sentido original. Hoy, por ejemplo, el crimen del aborto es impulsado por las Naciones Unidas, organismo creado tras el suceso más aberrante del que se tiene memoria en Occidente: El Holocausto.

China conoce al detalle el sentimiento de culpa que existe en nuestra civilización. Dicho sentimiento, creado por el orden socialdemócrata globalista imperante, lleva de forma inevitable a la aniquilación de nuestra forma de vida, pues se desentiende de todo contexto histórico y ensucia el legado y los valores más importantes que Occidente le dio a la humanidad en su conjunto: la igualdad ante la ley, el respeto a la dignidad y libertad humana y la inviolabilidad de la propiedad privada.

Un error muy común que cometen los estudiosos de la historia es realizar análisis de acontecimientos del pasado desde la perspectiva moral actual. En ese sentido, la inquisición y el colonialismo en América, África y Asia son reexplicados en forma condenatoria, poniendo a nuestros antepasados como culpables de todo mal existente en aquel entonces, ignorando lo que sucedía en culturas menos avanzadas y mucho más crueles. Los aztecas, por citar un ejemplo, practicaban el canibalismo, la prostitución infantil y los sacrificios humanos antes de la llegada del Imperio Español.

Macron y Merkel, representantes de la socialdemocracia culposa de Occidente.

El Partido Comunista de China utiliza las armas del progresismo contra la sociedad que lo hizo posible. Hace unos meses una noticia indignó al mundo: China fue elegida para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. El organismo creado por Occidente para garantizar la paz tras la Segunda Guerra Mundial, es utilizado ahora por sus enemigos para imponer su voluntad de hierro contra las democracias nacionales vergonzosas de su esencia.

Hace unos días, en su primera intervención, Xi Jinping, todopoderoso líder comunista de Pekín, enumeró una lista de consejos para Estados Unidos, quien se enfrenta a una situación de quiebre institucional como no se vio en sus 250 años de historia democrática.

La lista de “consejos” es la siguiente:

1-Erradicar el racismo sistemático, abordar la brutalidad policial generalizada y combatir la discriminación contra los afroamericanos y asiático-estadounidenses … “

2- “Instar a los políticos a respetar los derechos de las personas a la vida y la salud y dejar de politizar y estigmatizar la pandemia de COVID-19”.

3- “Tomar medidas holísticas para eliminar la polarización política y la desigualdad social”.

4- “Combatir la intolerancia religiosa cada vez más severa y los partidos xenófobos”.

5- “Dejar de encarcelar a los migrantes, incluidos los niños migrantes, y garantizar los derechos de los migrantes”.

6- “Abordar la proliferación de armas y garantizar el derecho a la vida de las personas”.

7- “Levantar las medidas unilaterales coercitivas”

8- “Detener la tortura en las operaciones antiterroristas y detener la intervención militar en otros países y detener la matanza de civiles”

 9- “Dejar de interferir por razones políticas en los asuntos internos de otros países bajo el pretexto de los derechos humanos”.

La lista pareciera dirigida hacia la propia China. El régimen comunista tiene a 3,5 millones de musulmanes uigures en campos de concentración. Falun Dafa, religión inspirada en el budismo es perseguida, con decenas de millones de exiliados en todo el mundo y millones en campos de trabajo forzado dentro del país. En el gigante asiático tampoco existe la democracia, la libertad de expresión, la igualdad ante la ley (los burócratas del partido pertenecen a una casta privilegiada) ni el respeto por la vida.

El país recién descrito se erige hoy como la nueva superpotencia, orgullosa de sus raíces y con aspiraciones de dominación global ante un Occidente democrático en franco retroceso frente al avance totalitario. Lo que le permite a China soñar es una cohesión interna dada por la nula discrepancia interna producto de un partido que es dueño de la vida de sus ciudadanos. En nuestra civilización, hay una minoría muy poderosa que busca la destrucción interna y, en su afán de cumplir su fantasía, se alía con los enemigos de quien es, al fin y al cabo, su hogar.

Una China superpotencia alegraría a quienes, en su fuero más íntimo, sueñan con dirigir a las masas de forma directa, abandonando los métodos de manipulación tradicionales. Podrían quitarse la careta y defender a capa y espada a un sistema totalitario en aras de la eficiencia gubernamental. Mises decía que no existe una tercera vía entre la libertad y el socialismo, ya que cualquier camino intermedio tiende al socialismo. Los progresistas son la representación perfecta del postulado del austríaco.

Hoy, existe una parte importante de la población que ha despertado del letargo que le supuso el consenso socialdemócrata globalista, y ha alzado la voz en pos de la defensa de su Patria, su familia, su libertad, su fe y, en definitiva, su modo de vida. La mayoría silenciosa demostró que, a pesar de su escasez de recursos y poder, está dispuesta a luchar por el legado de sus antepasados y en búsqueda de un futuro mejor.

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