El economista Juan Ignacio Fernández participó de una entrevista en Alt Media en la que habló de las consecuencias económicas de las medidas del actual gobierno argentino como la extensa cuarentena, la alta emisión monetaria y las restricciones en el mercado laboral.

‘‘En el largo plazo estamos casi todos vivos’’. Con esa frase, en su biografía de Twitter, el economista Juan Ignacio Fernández se diferencia de John Maynard Keynes, quien dijo que en el largo plazo estamos todos muertos. 

‘Me parece una frase nefasta. Todo lo ‘bueno’ que hacés para el corto plazo va en detrimento para el largo. De hecho, el largo plazo no es tan a la larga: si vos hacés todo medio mal y aplicás recetas keynesianas, en no tanto tiempo empezás a tener problemas serios. Para el manual de un político que está en el cargo cuatro años puede servir, pero para la gente normal no tiene sentido’’.

Cuarentena: ‘‘vamos a un 70% de pobreza’’

La cuarentena, que aún se mantiene en nuestro país, aunque cada vez más flexible, es un buen ejemplo de eso. El presidente Alberto Fernández ya aclaró que prefiere ‘‘10% más de pobres y no 100.000 muertos’’ por la COVID-19.

‘‘No va a quedar nada después de la cuarentena. La gente está muy mal y esto recién empieza, porque las ramificaciones se van a extender y se van a profundizar sobremanera en los próximos meses. El año que viene vamos a tener 70% de pobreza’’. 

‘‘La caída económica ya ocurrió, pero el impacto en la vida diaria todavía no. Lo peor es que no hay salida rápida, se necesita una reforma estructural muy profunda que no creo que ocurra en los próximos dos o tres años’’. 

Esa reforma estructural incluiría tomar medidas como: ‘‘tirar la moneda a la basura; cortar con el asistencialismo; el sistema previsional está quebrado, tiene que ser reconvertido a un sistema de pensiones y darle otro tratamiento porque es insostenible, la productividad del país no da para esto; Aerolíneas, fuera; rever el tema de los monotributistas dentro del Estado; un federalismo fiscal en serio, cortar con la co-participación y el ‘amiguismo’; tiene que haber competencia fiscal entre las provincias para que eso las discipline en su eficiencia, como pasa en Estados Unidos’’.

Con respecto a dicho país y su relativa recuperación en puestos de trabajo (se registraron cerca de 8 millones de nuevos empleos entre mayo y junio, frente a los 22 millones perdidos al inicio de la pandemia), Juan Ignacio explicó que posee un mercado laboral muy flexible. 

‘‘Podés echar gente y volver a tomarla en la misma semana. En este caso, se echó gente de más porque no sabía qué era lo que se enfrentaba. Lo único que hay que hacer para explicar esto es ponerse en los zapatos del empresario promedio de los EE.UU. con un mercado tan flexible: vos no tenés muchos costos para echar gente por lo que, en un contexto así, los echás por las dudas. En la medida en que empezás a ver que la situación no es tan grave, los retomás. 

La flexibilidad, en un mercado laboral, es el amortiguador de los empresarios. Vos, a los empresarios, los tenés que cuidar porque de ellos depende la productividad y la prosperidad del país. Es como pasó acá con LATAM: no dejaron bajar los salarios y se fue la empresa; quedaron 1700 empleados fuera. Con un mercado laboral flexible, capaz que LATAM bajaba de 1700 a 1000 transitoriamente, y se quedaban en el país’’.

Emisión monetaria: ‘‘vamos a una inflación de 3 dígitos’’

Parece haber un consenso amplio, a nivel global, de que es necesario emitir dinero para sobrellevar la presente pandemia, a fin de asistir y salvaguardar a los sectores con mayor vulnerabilidad económica. Sin embargo, Juan Ignacio sostiene que Argentina ‘‘no puede darse ese lujo’’. Nuestro país lleva años haciéndolo y eso se ha traducido en altos niveles anuales de inflación. Según él, se debe adoptar una economía de guerra: todo lo que no es estrictamente necesario debe ser cortado y comprimido a la mínima expresión

Los sectores partidarios del gobierno, por su parte, han argumentado que no hay otro camino. Incluso, han sostenido que emitir bajó la inflación porque, pese a ella, los niveles de inflación mensuales se mantienen por debajo de los del último año del gobierno de Mauricio Macri cuando, desde octubre de 2018, la base monetaria se mantuvo inalterada.

‘‘Estamos tan mal que 2,2% nos parece bajo, es un delirio, es una inflación alta. Del IPC (Índice de Precios al Consumidor), el 70% de los precios están regulados, están en el freezer. Si vos tenés una inflación del 2,2% en ese contexto, la inflación real es, mínimo, del 3,5%, probablemente 4%. Veo a gente hablando de que la emisión no está generando inflación cuando, además de lo anterior, no entienden que la política monetaria tiene rezagos’’.

El último año de Macri ‘‘tuviste inflación porque venías emitiendo a una velocidad histórica. Los pasivos del Banco Central se venían expandiendo al 80% interanual; por más de que los bajes a cero, con la inercia que traías de atrás con todos los pasivos que te estaban entrando, y una demanda de dinero cayendo, necesitabas pasar un año y medio de no emisión para bajar la inflación drásticamente. Si vos emitís mucho y la inflación es baja, lo que tenés es un salto del tipo de cambio más abrupto y una aceleración inflacionaria; recién después de todo ese ‘sinceramiento’ podés bajar la inflación, y tenés que mantenerte con una no emisión, por bastante tiempo. Y, además, otra cosa: si aún con todo eso, te sigue bajando la demanda de dinero porque la gente está harta de que la expropies vía impuesto inflacionario, incluso no emitiendo podés seguir teniendo inflación; la demanda de dinero también tiene rezagos, tarda en recomponerse’’.

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