Delirio comunista: Stalin hundió ciudades enteras por cuestiones ideológicas.

La URSS decidió que la ciudad de Novogeorgijvsk tenía que ser sumergida, pues su espacio sería cubierto por un embalse que sería principalmente nutrido por el agua del río Dniéper, pero que también le abastecerían el río Tiasmin y el río Sula. Crear una enorme piscina de agua en la zona permitiría que la central hidroeléctrica de Kremenchuk fuera capaz de elevar la generación de su energía eléctrica hasta los 700 TWh, pudiendo abastecer a buena parte de la zona y poniendo sobre la mesa su capacidad para llevar a cabo un nuevo proyecto descomunal como una demostración de poderío.

El Gobierno soviético anunció que el proyecto se iba a llevar a cabo y que lo ideal sería que cada habitante hiciera los deberes con tiempo, trasladando a su nueva ubicación todo lo de valor e, incluso, permitiendo que se arrancaran los materiales que pudieran ser utilizados en la construcción de su nuevo hogar, allá donde cada uno decidiera. Según testimonios de la BBC, 50 pobladores eran capaces de construir una nueva casa en poco más de un día.

Sería en el año 1959 cuando se comenzó el llenado del envase artificial de Kremenchuk, una labor que terminaría en el año 1961, después de la construcción de una presa de 10 kilómetros de largo que formaba parte de la propia central hidroeléctrica. A día de hoy, el embalse mide 149 kilómetros de largo y 28 de ancho, y cuenta con una profundidad media de seis metros, generando un volumen de agua superior a los 13,5 kilómetros cúbicos, utilizada principalmente para electricidad, pero también para otras labores como irrigaciones o lucha contra la sequía.

Novogeorgijvsk, la “Atlántida Soviética”.

Consecuencias catastróficas

Muchos de estos ambiciosos proyectos tuvieron consecuencias catastróficas: desde desplazamientos humanos masivos y muertes hasta daños medioambientales en algunos de los ecosistemas más conservados del este de Europa.

Gran parte de los que lo vivieron ya han muerto, pero a lo largo de Rusia y en muchas exrepúblicas soviéticas todavía quedan torres de iglesias, muros o construcciones abandonadas que sobresalen como mástiles sobre un lecho de agua.

Son el último vestigio de una época oscura de autoritarismo y represión, los últimos testimonios en piedra de lo que se le ha dado en llamar la “Atlántida soviética” (en referencia a la mítica ciudad sumergida).

130 mil habitantes soviéticos quedaron sin hogar.

A día de hoy, varias décadas después de que Novogeorgijvsk quedara sumergida bajo el agua del embalse, los habitantes que tuvieron que abandonar la zona continúan realizando un evento anual para recordar a su ciudad ‘perdida’. La Atlántida soviética continúa perdida bajo las aguas, donde toda una localidad de más de 130 mil de habitantes quedó hundida para siempre en pos del progreso y de la supremacía ideológica: una ciudad en la que recuerdos, vivencias y toda una vida quedó hundida tras la construcción del envase artificial de Kremenchuk.