Obispos reunidos en la Conferencia Episcopal Polaca en Polonia el 28 de agosto.

En la Conferencia Episcopal Polaca (KEP por sus cifras en polaco) llevada a cabo el 28 de agosto en Polonia, los obispos enfatizaron su posición con respecto al movimiento LGBT­+ y propusieron la creación de centros de ayuda para aquellos que quieran recuperar su orientación sexual natural.

En el documento elaborado por el episcopado donde aclara su postura con respecto a las cuestiones LGBT+, se lee: “Ante los desafíos que plantea la ideología de género y los movimientos LGBT +, y sobre todo teniendo en cuenta las dificultades, sufrimientos y lágrimas espirituales que viven estas personas, es necesario crear centros de asesoramiento (también con la ayuda de la Iglesia o sus estructuras) para ayudar a las personas que quieran recuperar su salud sexual y orientación sexual natural”.

La KEP expresó que “la Iglesia no se limita a la valoración moral de las prácticas discutidas y no es indiferente a los problemas de vida de las personas homosexuales y transexuales. (…) Por lo tanto, ve la necesidad de que las diócesis contraten especialistas, tanto laicos como clérigos, dispuestos a proporcionar ayuda espiritual y terapéutica a las personas que experimentan las dificultades indicadas con la esfera de género y desean tal ayuda”.    

Asimismo, el episcopado polaco destaca que la Iglesia está abierta al diálogo con todo “hombre de buena voluntad” que busque la verdad. Como ejemplo de tal actitud ponen al Papa Francisco, quien “se reúne con personas que se identifican con LGBT +, les tiende la mano amablemente, expresa comprensión por las inclinaciones, pero al mismo tiempo no evita una presentación clara de la enseñanza de la Iglesia sobre la ideología de género y las prácticas contrarias a la naturaleza y la dignidad humana contenidas en sus documentos oficiales y presentados sintéticamente en el Catecismo de la Iglesia Católica”.

Los obispos resaltan que no se debe ignorar el testimonio de las personas que haciendo “un esfuerzo largo, a veces heroico y, con la ayuda de personas competentes, recuperaron una identidad saludable y armonía espiritual, o al menos lograron la capacidad de vivir en armonía consigo mismos en paz interior”, dándose cuenta que su diferente sexualidad es “un síntoma de heridas en diferentes niveles de su personalidad” por lo que “no es una frase irrevocable o codificación irrecuperable”.

Los obispos enfatizan que “la obligación de respetar a las personas asociadas con el movimiento LGBT + no significa aceptar sus puntos de vista sin crítica. Al contrario, significa un análisis cuidadoso y una verificación a la luz de la verdad objetiva sobre la sexualidad humana y los principios del bien común”.

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Con respecto a los objetivos de este movimiento, la KEP es consciente “del carácter radical de la transformación cultural postulada y de las demandas de una sociedad “sin diferencias de género” (Congregación para la Educación Católica. Los creó como hombre y mujer No. 2), los movimientos LGBT + proponen utilizar el método de pequeños pasos encaminados a forzar una lenta transformación de cultura mediante la familiarización gradual de la sociedad con comportamientos que hasta hace poco se consideraban inaceptables y moralmente reprobables. Algunas redes sociales apoyan estos proyectos propagando la ideología de género, promoviendo el supuesto atractivo del divorcio, la traición, la promiscuidad sexual, ridiculizando la fidelidad, la virginidad, la pureza y la religiosidad”.

Y continúa explicando:

La revolución sexual continuada hoy por la ideología de género y los movimientos LGBT + plantea una amenaza cada vez más grave para el matrimonio y la familia en otras dimensiones. Las manifestaciones cada vez más comunes de estas amenazas incluyen la aceptación generalizada de la anticoncepción, una comprensión individualista y a menudo egoísta de la sexualidad, y la ruptura del vínculo entre el significado unificador y procreador de las relaciones sexuales. Estos cambios llevaron a la banalización de la relación entre un hombre y una mujer y a la asociación del amor con un sentimiento a corto plazo, muchas veces sin asumir la responsabilidad del otro y de la nueva vida concebida (cf. Francisco. Exhortación Amoris Laetitia. Roma 2016 n. 39; en adelante AL). Este proceso se ve agravado por determinadas redes sociales, debilitando la sensibilidad moral a la infidelidad marital y minimizando la promiscuidad sexual. La disponibilidad de pornografía y prostitución condujo a una crisis del amor fiel y al colapso de la cultura de la castidad. Esta triste imagen se complementa con la matanza legalmente autorizada de bebés por nacer”.

El episcopado concluye que “estos cambios culturales tienen un impacto negativo en la madurez personal de hombres y mujeres. La experiencia del divorcio de los padres, crecer en familias donde no hay padre ni madre y la experiencia de abuso son a menudo una fuente de dificultades para lograr una identidad sexual saludable. Hoy en día, muchas personas de todas las edades experimentan su propia sexualidad como una fuente de gran sufrimiento y dolor”.

También, en el documento se aclara que “la Conferencia Episcopal de Polonia en su posición del 13 de marzo de 2019, llamó la atención sobre los postulados contenidos en el llamado Las tarjetas LGBT + que violan los principios de justicia social y en nombre de la antidiscriminación pueden provocar discriminación contra personas que piensan de manera diferente. Entre estos postulados de la Carta hay una propuesta para tener en cuenta la “orientación psicosexual” y el “estilo de vida” en los lugares de trabajo a la hora de contratar y promover.

Las instituciones que se adhieran a estos principios y estén asociadas en “redes de empleados arcoíris” recibirían un trato preferencial por parte de las comunidades locales; los empresarios sospechosos de intolerancia serían estigmatizados y excluidos. Los obispos polacos reiteran que “la posible introducción de los postulados antes mencionados puede provocar un cambio significativo en el funcionamiento de la democracia en nuestro país, provocando no solo la limitación de los derechos de los niños y los padres, sino también el derecho de todos los ciudadanos, incluidos los profesores y los empleados del gobierno local, a la libertad de expresión, incluida la libertad de expresar objeción de conciencia, la libertad de enseñar y, en el futuro, quizás también la libertad de enseñar religión. También puede conducir a una seria restricción de la libertad económica, que estaría subordinada a postulados ideológicos” (Posición de la Conferencia Episcopal Polaca sobre la llamada Carta LGBT +. Varsovia, 13 de marzo de 2019 No. 5)”.

El episcopado menciona que no pretende “negar los cambios positivos en la cultura relacionados con la sexualidad humana” dado que “esta nueva sensibilidad ha derivado en demandas específicas dirigidas a una sociedad más justa”. Lo que se debe, es “entre otras cosas, prestar atención a la apreciación de su valor en el prisma integral la dignidad personal de mujeres y hombres y su importancia en las diversas dimensiones de la vida social, mayor sensibilidad a los derechos de las mujeres y énfasis en la igualdad entre hombres y mujeres”.

 

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