Por decreto de Vizcarra, las ceremonias religiosas deberán utilizar lenguaje inclusivo. Imagen: eleconomistaamerica.pe

El miércoles 4 de noviembre, bajo el mandato del pasado presidente Martín A. Vizcarra Cornejo, se estableció un nuevo Decreto Supremo en Perú donde obliga a celebrar las actividades religiosas en “lenguaje inclusivo y neutro”.

Como se lee en el decreto, a partir del 15 de noviembre permiten celebrar las prácticas religiosas con un tercio de la capacidad total de las iglesias y cumpliendo con los protocolos de la Autoridad Sanitaria Nacional y medidas del Estado de Emergencia Nacional, pero con la obligación de realizar estas celebraciones con un lenguaje inclusivo y neutro.

Sin mayores detalles en el decreto a cómo debe utilizarse dicho vocablo, justifican la medida por un Informe N° 073-2020-JUS/DGJLR/DAI, la Dirección de Asuntos Interconfesionales de la Dirección General de Justicia y Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, donde señalan que es necesario adaptar “una nueva convivencia social” a causa de la pandemia.

En un artículo del Dr. Pablo Muñoz Iturrieta, doctor en Filosofía Política y Legal, menciona que dicha medida es una “violación frontal a la libertad religiosa de las distintas comunidades de fe” y va “contra el derecho internacional que da a cada comunidad autoridad sobre el modo de realizar sus celebraciones (Carta Universal de los Derechos Humanos)”.

Asimismo, el Dr. Muñoz advierte acerca de los peligros y verdadero significado del lenguaje inclusivo en su artículo “La subversión del lenguaje”, donde el mismo es “fruto de una movida ideológica marxista para controlar el habla y, en definitiva, el modo de pensar, tal como lo había planteado Monique Wittig”. Señala que esta construcción social que propone el postmodernismo plantea la inexistencia de la naturaleza humana por lo que de inclusivo no tiene nada y “de exclusivo lo tiene todo: eliminar las categorías del hombre y la mujer, las cuales están científicamente fundamentadas en la biología”. Además, aclara que “debido al fundamento biológico de dichas categorías, es imposible el suprimir esta distinción en la sociedad, por lo que requeriría de una intervención totalitaria para llevar a cabo el plan feminista radical”.

Al final de su artículo, especifica que nada tiene en contra el lenguaje contra la mujer, sin embargo “según el feminismo radical, incluso el nombre de “mujer” es fruto del patriarcado y parte del sistema heterosexual y por eso debe ser destruido”. Finaliza diciendo que detrás de ello hay una ideología peligrosa y  anima diciendo que “no debemos dejar que aquellos que están enojados con el idioma o con sus propias experiencias personales nos castiguen imponiendo sus propias reglas y punto de vistas ideológicos e irreales”.

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