Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Fuente: CNN

Hoy por hoy es un ancla tirada por la borda para un velero que quiere encontrar velocidad en una Regata hacia el 2021. Mientras tanto Alberto Fernández rindió su comando frente a una Cristina Fernández de Kirchner que sabe que Alberto es SU Presidente porque es SUYO. Muchos periodistas lo saben pero aún caminan el camino de lo “políticamente correcto”. Lo cierto es que nadie se sorprendería si la escalada de conflictos internos llegara a expresarse sin tapujos ni prisioneros.

Luego vino lo de Duhalde con Novaresio. Un exabrupto que no fue tal, muy bien pensado y que de momentáneo no tuvo nada. Cualquiera que navegue la política en off the record sabe que lo de Duhalde fue un mensaje hacia adentro del peronismo y por lo tanto no hay que ver los que le contestaron sino los que callaron estando en la primera línea del poder. Hubo y hay muchos y sospechosos silencios, sobre todo de algunas primeras espadas del “renovado” peronismo que han tenido reuniones con Duhalde y que sabían que esa primera expresión es parte de una movida para despegarse, paulatinamente, de un Presidente que ya no oficia de tal.

El nivel de degradación que estamos alcanzando es brutal. La misma funcionaria que hace 15 días dio una conferencia de prensa con la payasa filomena y cantó e hizo una coreo para explicar el coronavirus, ahora, el 26 de este mes, le pidió a la gente “no hablar fuerte, no cantar y no reírse”. Parece una broma y de muy mal gusto. A una sociedad agotada, económicamente destruida, anímicamente destrozada, humanamente denigrada y aterrada por la inseguridad… ¿le piden que no canten y que no se rían? Uno tiende a pensar, como fue cuando salió lo de la payasa filomena, que era una fakenews, pero no, es cierto.

Una sensación nacida de la realidad se extiende. 10 mil pesos y una flaca bolsa de comida ya no alcanza. El relato de una inflación de menos del 2% no se lo cree nadie. La gente no tiene dinero para pagar servicios, congelados o no congelados. Los negocios pueden estar abiertos pero la caída de consumo es fenomenal. Mucha gente no consume aún pudiendo porque, intuitivamente, percibe que no puede gastar un peso de más, nada superfluo es gastable y, convengamos, que gran parte de la economía de consumo –con la excepción de comer- está sostenida por lo superfluo e innecesario en tiempos de crisis.

En paralelo, la Vicepresidente, sale a decirle al Presidente, cual Cobos con la 125, esta Reforma Judicial no es mía y si no sale de Diputados, será la reforma judicial de Alberto la que se hunda, será un fracaso de Massa y de Alberto, no de ella. O sea; serrucha la rama del árbol donde está parado Alberto y de paso, lo golpea a Massa, sabiendo que este no puede decir nada y hacer menos porque si se baja del esquema ficticio de poder al que fue invitado, se transformará, otra vez, en el traidor que dicen que fue. Lindo presente griego les dejó la compañera Cristina.

Dijo Carlos Pagni…  Carrió hace una interpretación sofisticada de una escena que Duhalde, alarmado, describió ante Cornejo la semana pasada: “Tenemos que rescatar al Presidente de las garras de Cristina”. La incógnita mayor: Fernández, ¿quiere ser rescatado? Más aún: ¿se siente prisionero?”. La situación es patética y absurda; el peronismo o por lo menos parte de él, le pide a la oposición que rescate al Presidente –del oficialismo- de su propia interna con la Vicepresidente y su sector. Una situación tan absurda como si Cristina le pidiera a Macri que la rescate a ella luego de que Cobos la dejara herida.

Todo esto es un caos que solo se sostiene mínimamente porque Mauricio Macri es traído al ruedo por la necesidad del oficialismo y las propias necesidades personales de Mauricio Macri. Si Macri desistiera y lo expresara de buscar una futura actividad legislativa que solo complica a sus propios correligionarios, el gobierno se quedaría sin blancos sobre los cuales descargar su bronca por no poder encontrar una salida del propio laberinto que construyeron y regaron.

Quienes esperaban la revolución de Macri –dentro de la hoy oposición- son hoy los llamados halcones de JxC. Pero Macri no era un halcón cuando estuvo en el poder. Su gran éxito fue llegar hasta el final del mandato y haber dejado un legado de republicanismo que no es poco.

Su esfuerzo sobrehumano por ordenar las cuentas fue impresionante y pagó el precio perdiendo las elecciones. Quizás sienta y parte de razón tiene, que la sociedad no entendió la dirección y el futuro de ese esfuerzo. Y quizás tenga parte de razón, pero el impresionante fracaso actual tampoco es solo el producto primario de la pandemia. Hoy, aquellos países de los que se burlaban por sus decenas de miles de casos y sus muertos a cambio de sostener su economía, se están recuperando e incluso sus cuestionados líderes recuperan apoyo ciudadano. La argentina, hoy atraviesa el peor de los infiernos, llegaron las decenas de miles de casos diarios, se multiplican los fallecidos y la economía está con respirador y sin tubos de oxigeno para cambiar.

Si Macri diese un  patriótico paso al costado, dejaría a Cristina sola y sin enemigo, algo que no tolera. Si no lo encuentra afuera lo buscará adentro, pero su naturaleza necesita del enemigo para sentirse depredadora. Y a Alberto no se le puede pedir que sea el Presidente de la oposición siendo él la cabeza formal del oficialismo.

Quizás y solo quizás, nuestro país necesite dilucidar su propio destino a través de un fracaso que no encuentre excusas. No serán en estos tiempos las FFAA las que salgan a afrontar las consecuencias del caos y la crisis.

Como dijo el filosofo español Eugenio Trias…, “En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra”. Deberemos pasarla y en lo absoluto será fácil ni sin tremendos costos sociales.

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