La filósofa y politóloga Chantal Mouffe en el año 2019 publicó el libro “Por un populismo de izquierda”. En el que sostiene, inspirada en los principios de Gramsci, que la izquierda se encuentra en un momento oportuno-momento populista- para articular e instalar acciones que la presenten como la respuesta adecuada a las diversas necesidades insatisfechas de la sociedad. Si analizamos la situación de los países de nuestra región, podemos coincidir que nos encontramos en lo que Gramsci denominó interregnum: “un período de crisis durante se cuestionan varios principios del consenso establecido alrededor de un proyecto hegemónico”.

Los países sudamericanos durante más de una década han sido gobernados, en su mayoría, por gobiernos de izquierda o centro izquierda. En los últimos años han aparecido expresiones políticas que han logrado llegar al poder y romper con esta tendencia. Jair Bolsonaro actual presidente de Brasil es un ejemplo claro. El caso de Guillermo Lasso en Ecuador y Lacalle Pou en Uruguay, son otros ejemplos de la transición de gobierno de izquierda a gobiernos de centro o centroderecha. Simplemente nombró los casos para mostrar una tendencia en la región, cada uno merece un análisis propio para entender cómo lograron hacerse de la presidencia, y cabe destacar que hay grandes diferencias ideológicas entre unos y otros.

Volviendo a lo planteado por Chantal Mouffe vemos como nos encontramos en lo que Gramsci denomina interregnum, un momento de crisis, de transición. Lo que está en juego es a donde vamos en esta transición. No todo cambio es un progreso.

Está en pleno auge la discusión del modelo de sociedad en la que vivimos, y esto ha permitido que espacios políticos lleguen al poder después de mucho esfuerzo. Pero si pensamos que con esto es suficiente estamos gravemente equivocados. La política es parte de una batalla más grande, la cultural. Así es necesario que estas nuevas expresiones política de la derecha o centro derecha logren encontrar un modelo que dé respuestas satisfactorias a una serie de diversas de demandas sociales, es vital que el dirigente político logre aglutinar la mayor cantidad de actores sociales y políticos dentro de un mismo espacio. Los partidos de masas van quedando en el pasado, con un electorado atomizado las alianzas políticas son imprescindibles para poder acceder a la presidencia.

El poder es el medio, no el fin. Todo político debería acostarse y levantarse pensando en esto. Llegar al poder es el punto de partida, no el punto de llegada. El fin es transformar un proyecto partidario, en un proyecto de país. Para lograr esto es necesario poder formar un proyecto que sea permeable a los sectores más alejados del círculo rojo del poder. Esto es lo que entendemos por una nueva derecha popular, que logre empatizar y movilizar a los sectores que comúnmente se encuentran alejados de las discusiones públicas, que son apáticos a la política. Ahí está la clave para poder transformar un proyecto partidario, en un proyecto de país.

Los que estamos en la construcción política tenemos que buscar movilizar a los ciudadanos en pos de un proyecto común que permita el desarrollo personal y colectivo, y los ciudadanos tienen que ser conscientes de que los derechos que las libertades que no se defienden fuera de la casa, se pierden dentro de ella.

Nuestra región está frente a una oportunidad enorme de lograr superar este momento de crisis y orientarse hacia la construcción de una sociedad más digna.

Es imprescindible evitar los abusos y excesos en las acciones y discursos, estos son siempre son contrarios al bien común y, también, son el camino para perder lo construido. La batalla cultural requiere hombre y mujeres con ideas claras, convicciones firmes, sensibles a la realidad del pueblo, y estratégicos para la construcción política.

Sobre el autor: Santiago Santurio es profesor de filosofía UNSTA. Presidente del partido Ciudadanos. En las elecciones legislativas de este año en Argentina, es precandidato a Diputado.

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