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Quería empezar trayendo a colación un cuento de Jorge Luis Borges titulado Funes el memorioso. El personaje de esta historia es un hombre que tenía una capacidad particular para recordar absolutamente todo. Recordaba cómo era el cielo un domingo de hace 30 años la forma de los árboles, las páginas de los libros que había visto apenas una vez. En fin, un hombre con una memoria prodigiosa. Sin embargo, tenía un problema: no lograba sacar conclusiones o ideas generales de todos esos recuerdos. Oía sin escuchar, miraba sin ver. Su cabeza era una compilación de hechos pero sin ningún tipo de relación.

La sociedad argentina es un poco así porque vive todas las crisis pero no aprende nada de ninguna. Hay tragedias que marcaron a muchos países para tomar otro camino. Los alemanes estudian inflación en los libros de historia porque hace décadas aprendieron cómo combatir ese problema. Los países que eran comunistas en la guerra fría, hoy son los más liberales del mundo porque aprendieron del sufrimiento del autoritarismo soviético. En cambio, un argentino de 40 años vivió todos los sucesos políticos desde el regreso a la democracia hasta hoy.

Alfonsín tenía una política económica horrible, el Estado regulaba todo y hacía imposible crear riqueza. Los argentinos vivieron en carne propia el flagelo de la inflación, el pésimo servicio de las empresas públicas y el enorme costo fiscal que implicaba, donde tener un teléfono era un lujo y donde la falta de trabajo y el cierre de empresas era cotidiano. Tanto era el desprecio que Alfonsín tuvo que adelantar la entrega del mando a su sucesor, Carlos Menem, que fue el único candidato en campaña que no hablo de ajustar al Estado. Es decir, después de una década de padecer el estatismo económico, la sociedad votó al único candidato que no lo hablaba de eso como un problema.

Carlos Menem, El caudillo peronista, asumió el desastre de la década del 80, y encaró el único camino posible: Un plan claro de reformas, privatizaciones, desregulaciones, apertura al mundo, reforma del estado y la convertibilidad que terminó por 10 años con la inflación. Durante Toda la década del 90 la opinión pública se dedicó a atacar este plan, mientras disfrutaban de la estabilidad económica. La misma sociedad, harta de la hiperinflación, se quejaba de la convertibilidad. Mientras la economía acompañó Menem ganaba elecciones, pero después de algunas crisis internacionales el modelo voló por los aires y Argentina volvió a lo mismo de siempre.

La Alianza tomó un país en recesión y no tuvo mejor idea que aumentar impuestos. A los dos años voló por los aires porque el gasto público ya no era sostenible, pero de alguna forma la sociedad seguía pensando que la crisis era culpa del mercado.

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Así, llego el kirchnerismo para re-estatizar empresas públicas, repatrió la inflación, devolvió los ñoquis al Estado y volvió a regular la economía. En resumen, barrio todo lo que estaba bien de la década anterior, mientras profundizaba todo lo que estaba mal. Todo esto con una imagen presidencial que no paraba de aumentar. Otra vez vivimos lo de siempre, el exceso de gasto y la sobre regulación de la economía hicieron que el país entre en recesión en el año 2011, por lo que los últimos 4 años de kirchnerismo fueron puro padecimiento. En este periodo, mientras que el gobierno avanzaba todo lo posible en destruir cualquier resto de libertad política y económica, por ejemplo,  no paró de aumentar la pobreza. Por algún milagro que todavía no se entiende, los kirchnerista perdieron las elecciones por 2 o 3 puntos y solo porque toda la oposición de unió en un solo frente del que participaron muchos que hasta no hace mucho la gente votaba como candidatos kirchneristas.

Cambiemos gana las elecciones con un país destruido por el estatismo, pero después de 12 años de destrucción seguía siendo mala palabra ajustar el gasto público. No podes bajar el gasto, impidió bajar impuestos y el único cambio que intentó Macri fue el institucional, con varios aciertos. Pero cuando la economía no acompañó, los mismos que estaban hartos del kirchnerismo y temían por la chavización del país, empezaron con que eran todo lo mismo y Macri era un inútil. Otros decían que estábamos mejor antes, y eso nos trajo de vuelta al kirchnerismo, que vino a continuar la chavización de la argentina desde el mismo lugar donde se había quedado en 2015.

Si miramos la actualidad, vamos a otra explosión. Hay quienes dicen que va a ser algo nunca visto, y quienes creen que la magnitud de la crisis puede permitir refundar la argentina, y puede ser. El tema es sobre qué bases, porque a pesar de acumular en nuestra memoria todo lo que ha pasado, yo no veo que hoy se entienda realmente cual es el problema. Hoy se hacen homenajes a Alfonsín, a Néstor Kirchner, Cristina es vice presidenta, y un rosquero como Fernández que pasó por todos los gobiernos es presidente de la república. Todos estos relatos los sostienen mayormente gente que los vivió en carne propia, y eso es lo más grave. Hay una especie de deseo porque nos vaya bien haciendo todo mal, emitir sin tener inflación, tener inversores mientras se aumentan impuestos, criticar la corrupción mientras se vota corruptos, tener dólares despreciando el comercio exterior, tener crédito y defaultear duda. En fin, una suma de cosas que que ya hicimos y ya fracasaron pero igual las volvemos a hacer esperando un resultado distinto.  En resumen, Ya vivimos todo, pero no aprendimos nada.

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Germán Trucco es abogado, conductor de radio y miembro de la Fundación Libre

 

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