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En el marco de las protestas por la muerte de George Floyd, los activistas de izquierda radical de los grupos “Antifa” y “Black Lives Matter” profanaron los monumentos de dos estadistas.

El monumento a Abraham Lincoln en Londres, arruinado por activistas de izquierda pertenecientes a “Black Lives Matter”.

Un conocido refrán reza: “quienes no conocen la historia, están condenados a repetirla”. El desconocimiento casual o intencional de la historia mostrado por la izquierda actual viene de antaño. Va desde la reivindicación de Ernesto “Che” Guevara por parte del lobby LGTB, a la curiosa alianza en Europa entre la inmigración islámica y el feminismo. El “Che”, símbolo de libertad y derechos humanos para estos lobbys, fue un sanguinario asesino de campesinos que se oponían a su revolución comunista en Cuba, además de crear el primer campo de concentración exclusivo para hombres homosexuales, en la península de Guanahacabibes.

Pero si algo es digno de reconocer en estos grupos es su capacidad de superación, al menos en sus propios términos. Hoy, en Londres, activistas de Black Lives Matter realizaron pintadas y arrojaron piedras sobre los monumentos conmemorativos de Winston Churchill y Abraham Lincoln.

Churchill, el hombre que le plantó cara a Hitler

Churchill fue un auténtico “antifascista”. Fue elegido Primer Ministro del Reino Unido en 1940, en pleno auge de la Segunda Guerra Mundial. Los sectores de izquierda, agrupados tras el Partido Laborista, pedían un acuerdo de paz con Hitler, quien se encontraba en la cresta de la ola fruto de sus conquistas. Tras la caída de Francia, en junio de 1940, las fuerzas del Eje (formado por la Italia Fascista de Mussolini, la Alemania nacionalsocialista de Hitler y el Japón Imperial de Hirohito) parecían aproximarse a la victoria final en el continente. El futuro de Europa se veía negro, sumido en el totalitarismo colectivista. 

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Manifestantes de Black Lives Matter tacharon de racista y fascista a Churchill.

Fue gracias a la determinación de Churchill que la guerra contra el fascismo siguió en pie aun cuando, hasta ese momento, la Unión Soviética comunista mantenía un pacto secreto (Molotov-Ribbentrop) de no agresión con los nazis, a quienes Stalin les proporcionaba petróleo y alimentos para continuar con la campaña bélica.

El pueblo británico resistió durante un año con firmeza en soledad contra Alemania, Italia y sus estados satélites. Churchill no se rendiría nunca, y fue esta incansable lucha por la libertad del continente lo que daría sus frutos a partir de 1943, cuando la guerra cambió de curso tras la batalla de Stalingrado, finalizada en febrero de ese año.

Una frase que hoy cobra más sentido que nunca se inmortalizó en boca del británico: “los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas”. El grupo extremista “Antifa” da muestras de ello, con la violencia que caracteriza su accionar, signado por la destrucción de la propiedad privada, las amenazas, las golpizas a disidentes y su campaña en contra de la libertad de expresión. Dicho comportamiento popularizó a los “Camisas negras” de Mussolini y a las SA de Hitler, por citar dos ejemplos.

El estadista británico, vale la pena aclarar, estuvo lejos de ser perfecto. Fue un humano excepcional, pero humano al fin, por lo que no estuvo exento de muchas contradicciones, controversias y acciones cuestionables que dan lugar para otro artículo. Pero es preciso no juzgar hechos del pasado bajo los paradigmas actuales, algo común en nuestro día y que nos llevaría al absurdo de quitar todos los monumentos existentes. Además, el legado de Churchill deja un saldo más que positivo, pues su protagonismo en la guerra más sanguinaria de la historia es innegable, además de sus profundas convicciones democráticas y en favor de la libertad de expresión, política y económica, al plantar cara al fascismo primero, y al comunismo después.

La famosa frase del estadista cobra mayor relevancia con el paso del tiempo. Fuente: ofrases.com

Lincoln, la otra víctima del progresismo

El otro estadista que está siendo víctima de esta “campaña contra el racismo” es Abraham Lincoln, 16° presidente de los Estados Unidos, y responsable de la abolición de la esclavitud en el país.

Lincoln, modesto abogado y congresista hasta ese entonces, saltó a la fama en 1854 tras la aprobación de la Ley Kansas-Nebraska, que permitía instaurar la esclavitud en los estados del noroeste del país. Entonces, pronunció un discurso antiesclavista en Peoria, Illinois. Su posición era contraria a que se implantara en aquellos estados donde ya estaba abolida.

En 1855 se unió a un nuevo partido: el republicano, que también luchaba por la abolición de la esclavitud en el país. Sí, el partido de la derecha, el partido de Trump, el que hoy es catalogado como racista, fascista y xenófobo por toda la izquierda demócrata norteamericana e internacional.

Durante los años siguientes, Lincoln demostró sus dotes oratorias y ganó popularidad más allá de las fronteras de Illinois, aunque perdió su elección al Senado. En 1860, los republicanos lo eligieron su candidato a presidente.

En las elecciones del 6 de noviembre de 1860 fue elegido presidente de los Estados Unidos. Todos los estados del norte dieron su voto a favor de los republicanos, mientras que el resto de los partidos se repartió los estados del sur.

Abraham Lincoln, el hombre que emancipó a los esclavos en Estados Unidos.

Si algo marcó a la presidencia del hombre de Kentucky, fue la guerra de secesión. Antes de tomar posesión del cargo en marzo de 1861, varios estados del sur declararon su independencia del país. El motivo: evitar la abolición de la esclavitud, que proporcionaba gran mano de obra proveniente de África en las plantaciones sureñas.

Lincoln, como era de esperar, denegó a los secesionistas abandonar la Unión. El 12 de abril de 1861 comenzaron las hostilidades, iniciando una guerra que marcaría para siempre a Estados Unidos.

En 1863, aprovechando la intransigencia de los estados sureños, declaró la emancipación de los esclavos en todos los territorios de la Unión. En 1865 fue asesinado por un secesionista.

Hoy, los miembros de Black Lives Matter pintaron con graffitis y arruinaron su estatua en Londres. No encuentra descanso el intento del progresismo por reescribir la historia, convirtiendo a buenos en malos y a malos en buenos. Occidente debe reivindicar a los personajes que le dieron identidad a la civilización más libre que ha existido jamás, y no permitir que su memoria sea pisoteada por minorías ruidosas y violentas.

Sobre el autor: Juan Antonio es Periodista recibido en el Instituto Superior del Profesorado Clarín. Trabajó como columnista en el Diario La Verdad y en Radio LT20 Junín. Fue conductor de un ciclo radial en Radio Grupo Noroeste y como columnista televisivo en Magazine Teve. Especializado en historia y en política internacional.
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