La llamada “batalla cultural” se libra en múltiples escenarios, en algunos la violencia es física, en otros se opera por medio de “nodos y redes”. La guerra como la entendían nuestros abuelos, parece casi extinguida. La batalla se  muda, de los “campos” a las “pantallas”. De eso se trata en la batalla cultural...

Por Julio Cirino

El comienzo del año 2020 nos encuentra en medio de múltiples confrontaciones, algunas muy violentas, que sin embargo escaparían de las definiciones tradicionales de guerras.

En cambio se les está denominando “conflictos”; situaciones donde hasta el significado de la palabra triunfo queda sujeto a interpretación para procesos que perviven siempre con finales abiertos, y que parecen extenderse en el tiempo en forma indefinida.

Miremos por un momento los sucesos en Chile a finales del año 2019 y cuya chispa aún no podemos asegurar que está extinguida.

 Lo mismo sucede con la situación en Bolivia; o en las últimas semanas los acontecimientos en Venezuela, por mencionar algunos ejemplos en nuestro hemisferio.

No se puede hablar en sentido estricto de situaciones de guerra, ni siquiera les aplicaría la calificación de confrontación civil, pero tampoco son las deseables condiciones o situaciones de paz y estabilidad.

Estos procesos constituyen lo que se denominan conflictos en la zona gris y están íntimamente vinculados a lo que se viene estudiando como: conflicto híbrido.

Este tipo de conflicto tiene lugar en una “zona gris” (grey zone). Lo que en definitiva significa que las acciones que allí suceden pueden o no cruzar el umbral y convertirse en lo que conocemos como guerras. 

Lo que hace posible esta línea borrosa entre paz y guerra es la cada vez mayor injerencia de las tecnologías que nacieron o derivaron de la conectividad creada por internet y que hoy superan en un modo difícil de imaginar a la vieja “interferencia electrónica” de hace 40 o 50 años.

Sin embargo, estos conflictos en la zona gris que mencionamos tienen dos facetas, por un lado la vinculada a la información,  particularmente todo lo que está ligado a la tecnología conocida como 5 G. Por un lado lo que ya se conoce como ataques cibernéticos en su más amplia acepción, desde drones a virus informáticos pasando por una amplia variedad de armamento vinculados a la electrónica  y por el otro el intento de destrucción de las instituciones propias de la democracia republicana. Dos campos de batalla pues, uno en el “mundo físico”, el otro en el campo de las ideas.

Es una confrontación profunda entre dos visiones opuestas de lo que sería el futuro deseable para la humanidad.

Por una parte los herederos del viejo marxismo-leninismo revolucionario, con ideas que perviven aunque vestidas con ropajes diferentes y con una muy importante influencia aún del pensamiento tácito o explícito de Antonio Gramsci, pero con una metodología actualizada y adecuada a la era digital que opera con comodidad en el mundo de las redes

Siempre impulsando a la figura del líder, del Caudillo que representa a las necesidades de todo el pueblo con muy poco espacio para la pluralidad de ideas.

Como parte de una estrategia se dejó de lado la lucha armada abierta como camino para el  acceso al poder. Hoy se prefiere poner el foco en una batalla en el largo plazo se trata de ganar la “batalla cultural”, ya sea bajo la bandera del socialismo para El Siglo 21 o si lo prefiere de una especie de neopopulismo.

Y por otro lado, enfrentando estas fuerzas hay un grupo de países más o menos organizados y por supuesto multitud de individuos que creen que el futuro deseable no está en endiosar un líder carismático entronizado en un estatismo fuertemente autoritario, sino por el contrario en un set de valores totalmente diferente asentados en la figura del ciudadano con sus libertades, responsabilidades e iniciativas.

Lo que hace este conflicto diferente a lo vivido en los últimos 50 años es el hecho que estamos viviendo en lo que Mario Vargas llosa denominó la civilización del espectáculo.  Una civilización en la cual la ubicua computadora se convierte en computadora personal primero, luego en portátil y ahora en tablet y teléfono; y la digitalización y la internet están en todas partes y caminan muy rápido hacia nuevos desarrollos.

De pronto nuestro mundo se ve sobrepoblado de pantallas, pantallas en todas partes en las calles, en casa, en el avión, en el auto y también en nuestros bolsillos, pantallas con ojos listas para registrar cada movimiento que realizamos y potencialmente colocarlo en la red 

Las pantallas y la red integran hoy nuestra vida hasta el punto que se podría hipotéticamente vivir una vida virtual en la web y este hecho está afectando directamente la manera en la que pensamos, la manera en la que sentimos y la manera en la cual adquirimos conocimientos y por supuesto la forma en la que hacemos política. Son las nuevas “armas” en la batalla cultural.

Civilización del espectáculo implica un cambio profundo en el significado de la palabra cultura en general y cultura política en particular es un mundo donde el primer lugar en la lista de valores lo ocupa la palabra entretenimiento y más específicamente entretenimiento visual.

Es  un mundo que inventó la  palabra “infoteinment” para denominar a las viejas noticias y que deja de lado la antigua intención de informar en favor de la de entretener. Las noticias deben ser entretenidas y esto crea una estructura mental completamente nueva entre las personas.

Es en este contexto donde la “ilusión populista” encuentra el medio propicio para crecer y adaptarse a las condiciones particulares de cada país pero en todos los casos la democracia republicana y liberal, el capitalismo y tangencialmente los Estados Unidos se convierten en los demonios a los que hay que combatir con la narrativa populista que atrae y emocionalmente motiva a buena parte de las poblaciones.

Hay muy poco de espontáneo en este fenómeno desde la Habana a Santa Cruz de la Sierra, desde Quito a Managua, Caracas o Buenos Aires, nodos estructurados propagan la ilusión populista y señalan con el dedo a los enemigos que serían quienes impiden que estos sueños se conviertan en realidad.

La batalla cultural en nuestro hemisferio puede caracterizarse por la mezcla de cuatro componentes a saber :  baja visibilidad; diplomacia; captación y violencia, estos son los componentes de una estrategia que opera en diferentes niveles.

Baja visibilidad (Stealth) su principal propósito y objetivo es no despertar alarmas tempranas, baja visibilidad implica agitar la bandera de la democracia y usar la democracia como cubierta para Ir limitando las libertades individuales al mismo tiempo que se esparce la idea que cuanto más grande y poderoso es el estado mejor es para el ciudadano.

Diplomacia:  Activamente trabajando en el hemisferio bajo dos líneas de acción, primero disminuir tanto como sea posible la influencia y relación de los Estados Unidos con los países de la región, particularmente En aquellos temas que tienen que ver con la tecnología la seguridad y la defensa. simultáneamente o apoyando en forma más o menos abierta las posiciones internacionales de aquellos enemigos de Estados Unidos como forma de aislarlo.

Segundo consolidar alianzas regionales y subregionales en diferentes temas siempre con la intención de excluir de cualquier acuerdo al enemigo del Norte.

La diplomacia es también la herramienta apropiada para facilitar las acciones regionales de países tales como Rusia, China,Irán y obviamente Cuba que no son precisamente ni republicanos y democráticos .

Captación. El proceso de captación es  uno de alta visibilidad, uno que opera en todos los niveles desde el más sutil al más evidente. Cadenas de autores financiados con dinero público, nodos de internet  interconectados, radios y televisión regionales cumplen un doble propósito; por un lado mantienen al enemigo capitalista bajo un constante criticismo no importa sobre qué tema, a la vez que utilizan las redes que crean para tratar  de mostrar los triunfos del socialismo para El Siglo 21 señalando además la crisis terminal del sistema capitalista.

Violencia.  Dentro del esquema de pensamiento populista hay siempre alguna forma de justificación para cualquier violencia que afecte a la sociedad. Si estamos hablando de criminales comunes que cometen robos secuestros o asesinatos, la racionalización va en la dirección de remarcar la responsabilidad social; en otras palabras la sociedad capitalista crea desigualdad, pobreza y falta de satisfacción y es esto lo que genera el crimen y no es por tanto, la responsabilidad directa del criminal pero de la sociedad que crea las condiciones.

Demostraciones públicas, saqueos, desórdenes son solamente otra forma de protesta social tal y como mencionamos arriba los sucesos de semanas atrás en la República de Chile (Diciembre 2019).  En la visión populista estas acciones violentas –completamente justificadas en su perspectiva — no pueden ni deben ser reprimidas y si un gobierno elige utilizar a la fuerza pública es inmediatamente caracterizado como un régimen represivo o represor.

Este es el marco “macro” en el que la nueva década comienza. Las tensiones internacionales se hacen más intensas y la amenaza de violencia más actual.

Sería muy deseable que las democracias republicanas lograran, al menos en nuestro hemisferio, planificar y actuar en base a lo que nos une y no tomar como eje matices que pueden separarnos. Sistemas republicanos, democracia, y libertades individuales deberían ser simples, pero sólidos puntos de partida….

Sobre el autor: Julio A. Cirino es Licenciado en Historia por la Universidad del Salvador (Bs. As.). Máster en Seguridad Internacional (Escuela de Guerra Naval, Bs. As.). Senior Research Fellow en IBI Consultant, Washington, D.C. Trabajo como Consejero en la Embajada Argentina  en Washington D.C., Estados Unidos. Se desempeñó como columnista en El Nuevo Herald (Miami); Libertad Digital (España) y CNN en español (oficina Washington DC) entre otros medios. Su último libro “LA DEMOCRACIA DEFRAUDADA”.