En medio de la pandemia de coronavirus, organizaciones internacionales como la filial de Planned Parenthood en Argentina, Casa FUSA, parte del arco político y algunos periodistas militantes tienen las energías puestas en insistir con la práctica del aborto.

Por Camila Duro

A través de tuits y notas de escaso valor periodístico, como la publicada en Página 12 “¿Cómo abortar en época de coronavirus?”, están dando a conocer las indicaciones de la Línea Gratuita de Salud Sexual Nacional y las acciones de la Provincia de Buenos Aires expresadas por Carlota Ramírez, coordinadora del programa de Salud sexual y reproductiva provincial, para extender el aborto durante la cuarentena. A su vez, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires estaría haciendo circular un presunto “protocolo” entre los médicos de manera extra oficial para garantizar la práctica ambulatoria.

En el afán de distribuir información para “abortar en tiempos de coronavirus” resulta sospechoso y alarmante el tono de una épica romántica a lo que es una verdadera tragedia social. Aún cuando el mensaje es claro para la salud de todos los habitantes del país: #QuedateEnCasa, se expone a la mujer a romper la cuarentena para “garantizar” el acceso inmediato al aborto sin un debido análisis clínico y sin certificar las causales que hipotéticamente habilitarían la práctica.

Hay dos puntos que son, a mi entender, los más violentos de este ensañamiento militante con una causa que ya se vio que no es una prioridad de salud pública, ni de lejos, como lo sería el aborto en Argentina.

En primer lugar, se supone que las “ILEs” son para casos de violación y abuso sexual o riesgo para la salud de la mujer. El propio Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad declaró hace apenas 5 días que las llamadas por Violencia de Género al 144 habían aumentado un 30% a raíz de las medidas de aislamiento. Si estas “ILEs” están reservadas para los embarazos fruto del abuso sexual -en este caso intrafamiliar-, ¿qué está haciendo el Estado para prevenir los abusos?

Esto escala a una negligencia aún mayor si pensamos que dentro de las víctimas de abuso se encuentran muchas niñas y adolescentes que, en este momento, no tienen más remedio que convivir con su abusador en aislamiento.

Hoy en día, en nuestro país, no contamos con cifras oficiales de Abuso Sexual Infantil, pero tenemos las cifras de los llamados registrados en las líneas gratuitas nacionales y locales de atención a las víctimas de violencia sexual. A partir de estos llamados podemos decir que, entre septiembre de 2017 y octubre de 2018, se atendieron 1985 casos[i] de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes, de los cuales el 16% son violaciones o tentativas de violación. En su gran mayoría, el abuso sexual se manifiesta en tocamientos. Se puede decir también que este delito tiene como principal víctima a las mujeres siendo el 75,6% de las víctimas, de las cuales 18 estaban embarazadas. [ii]

Lamentablemente, todos los especialistas acuerdan en una cosa: que el subregistro y el silenciamiento son moneda corriente.

Sin embargo, ya tenemos un primer indicador: por cada niña embarazada hay 83 niñas y 27 niños que sufren abuso. Si consideramos sólo las violaciones (abuso sexual con acceso carnal) el embarazo representa el 5,69% del total. Es decir que por cada niña embarazada hay 18 o más niñas que han sufrido una violación.

Ya en situaciones normales, sabemos que la mayoría de los casos no son develados, pero, cuando ocurre un embarazo, se suele encender la alarma de otros adultos cuidadores de la niña, como maestros o médicos, y el abuso sale a la luz. Esto en situación de aislamiento se vuelve aún peor, puesto que si el resto de la familia es cómplice, el abuso nunca se conocerá y la niña se irá con su aborto hecho a la misma casa donde la violentaron, ya que, simplemente por ser menor de edad, se hace uso del supuesto que figura dentro del protocolo de ILE de que el embarazo es un riesgo hipotético para su salud.

A estas mujeres y niñas violadas embarazadas, que son sólo la punta de un iceberg enorme en materia de abuso sexual, ¿les ofrecemos delivery de aborto en vez de sacarlas de la situación de violencia sexual? Creo que esto desenmascara el lado más vil y sanguinario de esta situación: mujeres víctimas de abuso desesperadas y víctimas de un Estado que, en vez de protegerlas, les ofrece un aborto que no soluciona en nada su situación y las deja a merced del miedo y la angustia de saberse controladas por su abusador con quien conviven.

Por otro lado, estos abortos express muestran otra triste cara de violencia contra la mujer. Hace sólo 5 días, se inició una fuerte campaña motivada por los Hospitales de todo el país para promover la donación de sangre, puesto que se comenzaron a sentir las consecuencias del aislamiento obligatorio en la provisión de los bancos de sangre.

El aborto con Misoprostol falla en un 36% no logrando completar el proceso abortivo y requiriendo hospitalización[iii]. La mayoría de las veces es a causa de hemorragias graves, en menor medida de histerectomías u otras consecuencias indeseables, especialmente porque es extremadamente difícil conocer el estado clínico completo de la paciente al momento del aborto si el “diagnóstico clínico” se realiza por whatsapp, como indicó la funcionaria Carlota Ramírez en sus declaraciones al diario Página 12.

Para ser claros: en un momento donde posiblemente no haya sangre suficiente para transfundir a una mujer que se haya realizado un aborto y a la cual no le cesan las hemorragias, exponer a las mujeres a esta práctica es una irresponsabilidad mayúscula porque implica un doble riesgo de vida. Sin contar con que la hospitalización amenaza con hacer entrar en contacto a la mujer con el COVID-19 y otros virus, con lo cual, lo que comenzó como un aborto, puede terminar con una neumonía bipulmonar y un respirador.

Es lamentable que quienes dicen embanderarse en los derechos de la mujer sólo perpetúen la violencia, y nos expongan a situaciones dramáticas que en nada colaboran con nuestro bienestar y nuestra salud. El aborto es un fracaso social porque detrás de cada historia hay mucho más que una simple decisión. Hay abusos, violencia, abandono, soledad, pobreza, incertidumbre. Las mujeres nos merecemos algo mejor que un aborto, nos merecemos respuestas integrales a la altura de las circunstancias y del siglo en el que vivimos. No nos conformemos con menos, exijamos vida -y vida digna- para nosotras y nuestros hijos.

[i]  Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y UNICEF, Un análisis de los datos del programa “Las Víctimas Contra Las Violencias” 2017-2018, Serie “Violencia contra niños, niñas y adolescentes”, Nº6, 2018.

[ii]  Ibidem

[iii]  Rodríguez Cárdenas, Antonio, & Velasco Boza, Alejandro. (2003). Uso de 600 mg de Misoprostol para inducir el aborto temprano. Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología29

Sobre el autor: Camila Duro es Estudiante de Filosofía, vocera de Frente Jóven y Secretaria de Comunicación de Jóvenes Dirigentes.