Nuestro hemisferio, hoy, el más violento del planeta, trata de encontrar su camino, en un mundo donde la Inteligencia artificial y las redes pesan casi más que los ejércitos de otras épocas.

Julio A Cirino - Jefe de Redacción del área de Política Internacional

En este primer artículo para nuestra edición de lanzamiento, me gustaría contarles lo que esperamos hacer en la sección internacional y cuales son nuestras perspectivas, en un texto que por fuerza deberá ser breve.

Casi a comienzos del año 2020 es imposible negar que estamos viviendo una nueva forma de “guerra fría”, totalmente diferente a la que algunos vivimos 40 años atrás.

Si, es guerra, hay violencia y mucha, pero los ejércitos ya no son los mismos, y las formas del combate cambian a velocidad vertiginosa. La raíz del conflicto está hoy en lo que se conoce como “La Batalla Cultural” y la electrónica, junto con la Inteligencia Artificial (AI) son hoy las nuevas “reinas de la batalla”.

Pero, además, que el “campo de batalla” sea ahora predominantemente electrónico, relativiza y modifica un factor clave en los conflictos librados a lo largo de los siglos: La distancia. Si, la distancia el factor que nos permitía despreocuparnos de aquello que sucedía a cientos o miles de kilómetros de nuestra geografía, esto quedó relativizado más que nunca. El factor lejanía ya por mar, ya por tierra pierde buena parte de su significado.

El otro gran cambio del siglo XXI será la aceleración exponencial del llamado “tiempo histórico”, que no es más que la velocidad con la que los acontecimientos se suceden y nos demandan respuestas. Es que la expansión de internet a escala planetaria y más recientemente la creciente incidencia de la AI, ya insertada en nuestra vida diaria desde nuestras búsquedas en internet al manejo de vehículos, dan como resultado la alteración de nuestra percepción del tiempo. Si miramos hacia atrás, y sin necesidad de retroceder al medioevo, primero la comunicación telegráfica, luego la radio-telefonía marcaron la aceleración del tiempo al que aludimos. Pero hoy, el cambio es cualitativo, asistimos así a la instalación de la “vida on line” en su sentido más amplio la política, la economía, la sociedad, todo parece residir en la red. 

En este marco de nuevo tiempo y espacio, la noción  que un enfrentamiento como el que se desarrolla entre Rusia, los Estados Unidos y China le resulta completamente indiferente a nuestro hemisferio, es una idea tan obsoleta como peligrosa.

Sucede que el orden mundial que occidente creó para concluir la “Guerra de Treinta Años” (1648) y que se apoyaba en el concepto de soberanía de los estados y el balance de las múltiples naciones –predominantemente europeas – carece hoy de vigencia; no solo por el aumento de la potencia de las fuerzas centrífugas en términos políticos, sino por lo que resulta ser una creciente inoperancia de la incidencia de los organismos multilaterales, desde las Naciones Unidas para abajo y, lo que es aún peor. en medio de una enorme indiferencia.

En este “desorden mundial” tanto China como los Estados Unidos son hoy los dos países más relevantes del mundo y ambos se piensan a sí mismos como excepcionales, si bien de forma muy distinta.

Para China, la expansión de la Nueva Ruta del Seda (Belt and Road) marca una intencionalidad de trascender las dimensiones del Estado Nación y se convierte así, y de forma simultánea, en una economía global, un imperio sin ese nombre, pero donde re aparece clara la figura del “hijo del cielo” – hoy Xi Jing Ping —  . Esto establece una relación de clara continuidad con la antigua civilización China.

Toléreme el lector que por razones de brevedad salte ahora a un comentario sobre nuestro hemisferio, ya tendremos tiempo de visitar estos temas que apenas mencionamos arriba en los trabajos venideros.

El año que concluye (2019) fue sin duda uno violento; basta recordar que desde Centro América hasta Ushuaia prácticamente ningún país de la región escapó a distintos grados y niveles de violencia. Haití, Nicaragua, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile y Bolivia aparecen como los más destacados, pero la lista no excluye al resto, es solo una cuestión de grados.

Empero, ya no se trata de guerras convencionales, donde ejércitos se enfrentan en el campo de batalla, sino de violencias urbanas que mezclan tanto a actores estatales como sub-estatales dispuestos a destruir el concepto de orden.

Esta violencia resultó tan expandida y elevada que alcanzó, para sorpresa de no pocos, al país considerado uno de los más estables de la región: Chile. Este, vio a su presidente Sebastián Piñera cancelar eventos internacionales como la reunión cumbre del Foro de Cooperación Asia Pacífico, o la conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático, esto como consecuencia directa de una ola de violencia urbana que desde el pasado mes de octubre hasta la fecha sacude a Chile.

Lo de Chile merece un párrafo aparte, no solamente por los grados de violencia, sino por la aparición de estructuras violentistas casi desconocidas en estas latitudes como es el caso de ITS (Individualistas Tendiendo a lo Salvaje) que se auto define diciendo: “…nosotros no defendemos la naturaleza salvaje, la vengamos. No somos héroes ecologistas somos terroristas indiscriminados…”. Aclaremos que este grupo en particular aparece en Chile en 2016, pero sus primeras apariciones fueron en México, en Chile realizó ataques contra el sistema de buses de la ciudad de Santiago.

Poco espacio queda para dudar de la influencia que actores hemisféricos y extra-hemisféricos ejercen en estos acontecimientos, pero sería simplista suponer que un Estado sea por sí solo capaz de crear la ola de inestabilidad y violencia que atravesamos.

Existen sin duda factores externos, pero también los hay nacionales, propios y distintos en cada país y los iremos analizando con detenimiento en los meses venideros.

* Julio A. Cirino es Licenciado en Historia por la Universidad del Salvador (Bs. As.). Máster en Seguridad Internacional (Escuela de Guerra Naval, Bs. As.). Senior Research Fellow en IBI Consultant, Washington, D.C. Trabajo como Consejero en la Embajada Argentina  en Washington D.C., Estados Unidos. Se desempeñó como columnista en El Nuevo Herald (Miami); Libertad Digital (España) y CNN en español (oficina Washington DC) entre otros medios. Su último libro “LA DEMOCRACIA DEFRAUDADA”.