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El reconocido escritor, abogado y periodista es una de las columnas vertebrales de intelectuales que escaparon del infierno comunista y buscan desterrarlo de nuestra cultura.

Emmanuel Rincón nació en San Cristóbal, capital del estado de Táchira, Venezuela, origen de las primeras protestas masivas en contra del socialismo chavista, en el año 2014. Desde muy joven comenzó a escribir novelas orientadas hacia la política, y luego columnas de opinión en reconocidos diarios locales. Su giro hacia el periodismo se dio de forma natural con el avance de la tiranía en su patria. En 2017 decidió exiliarse en Bogotá, tras ser marcado por el régimen como una de las principales voces disidentes y ante una oposición cómplice. Hoy es editor del PanamPost y recibió diversos reconocimientos por sus obras literarias.

Emmanuel Rincón es un reconocido periodista y escritor venezolano, autor de cinco novelas como La trivialidad del mal (2016) y Wolf (2016).

En la actualidad es uno de los principales rostros opositores al socialismo en el continente, y nos habló sobre la situación que vive Venezuela y Latinoamérica.

-JAC (Juan Antonio Castro): ¿Cómo definirías al régimen que hoy gobierna Venezuela?

-ER (Emmanuel Rincón): Hay mucha ignorancia con respecto al chavismo, sobre todo dentro de Venezuela. El chavismo es una continuación de la socialdemocracia venezolana previa, una agudización de ésta, nacida de un socialismo más light que hubo durante más de 40 años en el país, sostenido por los altos precios del petróleo que daban una sensación de prosperidad irreal. La economía venezolana fue siempre manejada por el Estado y nunca se diversificó en verdad. Cuando Chávez llegó al poder, los niveles de pobreza eran muy altos. El problema que tenemos en América Latina es que no batallamos entre izquierda y derecha, pues esta última nunca existió. Siempre se dan luchas entre dos o tres tipos de izquierda, y eso fue lo que pasó en Venezuela. Pasamos de una socialdemocracia tibia a un socialismo radicalizado que es el que gobierna los destinos del país desde hace más de 20 años.

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-JAC: ¿Qué significó para vos vivir en medio de una dictadura? Desde 2014 nos asombrábamos con los muertos en las protestas desde el exterior…

-ER: Yo participé mucho en las protestas del 2014 y 2017, en este último año ya había publicado La trivialidad del mal (2016) pero en ese momento el chavismo no me tenía tan “fichado”, lo que yo escribía aún no hacía tanto ruido. Pero en esas manifestaciones viví cosas feas, y comprendí que había una oposición muy servil y colaboracionista con el régimen. En ese momento decidí irme del país, porque entendí que estaba poniendo mi vida en riesgo por gente que no estaba interesada en salir de la tiranía. Mis primeros meses en el exterior fueron muy difíciles, pero no tuve opción.

-JAC: Tras el ímpetu inicial por Juan Guaidó, las protestas en Venezuela parecen haber ido en descenso, ¿crees que el pueblo venezolano se cubanizó, es decir, perdió la voluntad de combatir al régimen?

-ER: No creo que los venezolanos estén, en cierta forma, derrotados. Lo que sucede es que el chavismo movió muy bien sus fichas, y la oposición no tiene credibilidad alguna. Es muy difícil para la gente salir a protestar cuando los de arriba están negociando con la dictadura, no van a exponer su vida en vano. Nada de lo que pasó en Venezuela es casual, hubo una preparación, el modelo chavista es un saqueo exitoso. No es un fracaso porque su objetivo siempre fue vaciar al país.

-JAC: ¿El chavismo fue, entonces, exitoso en sus propios términos?

-ER: Sus objetivos salieron como los planearon. Lograron destruir a la clase media y exiliar a millones de jóvenes, con lo cual el espíritu de lucha y la voluntad de combatir quedó debilitada. En las últimas protestas en apoyo a Guaidó la mayoría de la población presente era muy adulta, mayores de 60 años. El modelo socialista venezolano fue sumamente eficiente en sus propios propósitos, que fueron los de arruinar un país.

-JAC: ¿Qué rol cumple una oposición tibia y complaciente con el poder? En Argentina tenemos hoy una oposición servil e inexistente…

-ER: La situación en Argentina no es muy distinta a la de Venezuela, por algún milagro inentendible su país no fue destruido en forma definitiva, porque el manejo económico es caótico. El país lleva décadas luchando entre diferentes tipos de izquierda, con el radicalismo y el peronismo a la cabeza, junto al desastre de Macri, que trajo como respuesta de nuevo al kirchnerismo. Los pronósticos argentinos no son para nada alentadores. La diferencia con mi país es que el chavismo se convirtió en una vorágine más salvaje que destruyó más el Estado de Derecho, la economía y expropió miles de empresas. Alberto Fernández, con la expropiación de Vicentín, parece ir por ese camino.

Padre e hijo ideológico: el dictador cubano, Fidel Castro, junto a Hugo Chávez, líder de Venezuela hasta su muerte en 2013. Castro murió en 2016. Fuente: infobae.com

-JAC: La Justicia argentina le puso un freno a dicha expropiación…

-ER: Por ahora. Quizá ahí diste respuesta por qué Argentina no se fue por el barranco del todo. Aún existe alguna división de poderes en el país, todavía queda un poco de justicia ante la topadora aplastante del kirchnerismo. Pero, bajo esta dinámica, es difícil que esta situación aguante mucho tiempo más antes de explotar. En Venezuela se corrompió a todo el poder con el dinero del petróleo. Se creó la CADIVI (Comisión Nacional de Administración de Divisas) que fue una de las formas de saqueo más exitosas para los socialistas, ya que fue dando divisas preferenciales en lo que constituyó un robo de miles de millones de dólares del que aún no conocemos la cifra total. Mientras que la población de América Latina no comprenda que es el socialismo lo que nos está arruinando y empobreciendo, veo muy difícil que salgamos adelante.

-JAC: ¿Crees que las dictaduras socialistas como las de Cuba, Venezuela o Nicaragua son más toleradas por la sociedad latinoamericana, a diferencia de las dictaduras de derecha?

-ER: La izquierda es dueña de la mayoría de los medios de comunicación mundiales, en especial en español. Dicen que el capitalismo domina los medios y es falso, lo vemos en Estados Unidos. Los grandes escritores latinoamericanos de los últimos tiempos visitaban asiduamente a Fidel Castro. Antonio Gramsci es el verdadero genio del marxismo, y no el propio Marx. Gramsci concluyó que el comunismo se impone por la cultura y no por la lucha de clases, y logró infiltrarse en universidades, medios de comunicación y el arte. Si bien estudié Derecho, al ver economía sólo veíamos hasta Keynes. Nunca escuché hablar de Friedman, Mises o Hayek porque los profesores no nos enseñaban esa parte de la biblioteca. Eso explica tu pregunta. Debemos reconocer que la izquierda nos viene pisoteando desde hace décadas.

-JAC: ¿Ves alguna salida para Venezuela en el corto plazo? ¿Si es así, cuál?

-ER: No quiero ser pesimista, pero salvo por una decisión unilateral de Donald Trump, veo difícil una salida para Venezuela. John Bolton (Ex Consejero de Seguridad Nacional de EE. UU.) contó en su libro que frenó a Trump unas cinco veces cuando pidió alistar al ejército para intervenir en Venezuela. Lo frenó porque la oposición, encabezada por Guaidó, aseguraba que el 80% de los militares venezolanos estaban en contra de Maduro e iban a derrocarlo, cosa que nunca pasó. La oposición venezolana posa con Trump porque le conviene, pero es de tinte marxista, con lo cual es anti-Estados Unidos. Esa gente domina la opinión pública venezolana. Son tipos que no están dispuestos a hacer lo necesario para salir de esta terrible situación.

 El escenario de 2017 fue el último en el que el pueblo venezolano podía liberarse por sí solo. En los últimos tres años emigraron más de cuatro millones de personas, haciendo hoy difícil una revuelta callejera, además de que el chavismo aceitó sus vínculos con Irán y con el terrorismo internacional. La única salida para el país es una intervención militar estadounidense, cosa poco probable.

John Bolton, ex Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos durante la administración Trump. Fuente: elperiodico.com

-JAC: ¿Cuál es tu opinión de Juan Guaidó?

-ER: Es una marioneta de los partidos, no tiene voluntad propia. Es alguien sin personalidad y sin el suficiente discernimiento para tomar decisiones. Se dedica a poner el rostro y dejar que los partidos contaminados por el chavismo decidan, con lo cual él se vuelve un colaboracionista del régimen sin querer serlo. Es alguien que salvo por estas condiciones no hubiera llegado nunca al lugar en donde está.

-JAC: ¿En este contexto de pandemia y protestas en EE. UU., ves a Trump dispuesto a intervenir en tu país?

-ER: Estoy dudando de una victoria de Trump en las elecciones. Es un gran presidente en cuanto a sus medidas, uno de los más grandes, pues tiene muy claro quiénes son sus enemigos y, personalmente, apoyo en más de un 90% a sus políticas. Pero destruye su buena obra con sus tuits y declaraciones, es muy impulsivo y eso lo perjudica, porque le da de comer a los medios, en su mayoría opositores. Tiene un panorama complicado de cara a las elecciones.

-JAC: ¿Qué pueden aprender países como Argentina de la experiencia venezolana? ¿Puede ser un ejemplo bisagra para América Latina?

-ER: La historia de Argentina y Venezuela han ido amalgamadas. El izquierdismo radical nació en Argentina mucho antes que en Venezuela. En su país existe aún una gran incomprensión de lo que es el peronismo. Cuando Perón llegó al poder se encontró con uno de los países más ricos del mundo, algo que el argentino promedio desconoce. Él inició un plan de estatizaciones y proteccionismo con el propósito de fundar un país autárquico, al igual que los nazis y fascistas. Perón fue un nazi-fascista, protegió a los nazis en su llegada a la Argentina y aún así es idolatrado por una gran mayoría. El fascismo es de izquierda, tenemos que terminar con el mito impuesto por el progresismo que intenta catalogarlo como una ideología de derecha. 

En Venezuela, la socialdemocracia ingresó después, mientras que Argentina tuvo un paréntesis con las dictaduras militares, que son un despropósito. Mucha gente se radicaliza y cree que la solución al fascismo/comunismo son los fusilamientos, y eso también debemos combatirlo. La batalla debe darse en la cultura, basta con ver el ejemplo de Chile. El modelo de Pinochet fue muy exitoso en cuanto a la economía, pero no podemos separarlo de la cantidad de crímenes cometidos. Cuando se impone un modelo por la fuerza tal vez se puede alcanzar el progreso económico, pero cuando esa estructura autoritaria ya no esté, todo se va a venir abajo, porque la gente no comprendió las causas del éxito y las mezcló con el resentimiento por la represión política. Eso tarde o temprano explota y así sucedió en Chile el año pasado.

En Argentina, Menem fue quien intentó algo razonable, pero terminó mal y ya van por el noveno default. El chavismo es igual que el peronismo, sólo que actuó con mayor vorágine saqueadora, por eso no creo que los venezolanos podamos enseñarles a los argentinos algo que no sepan.

Tapa y contratapa de La trivialidad del mal, exitosa novela del escritor venezolano.

-JAC: En tu libro La trivialidad del mal hablás de cómo el venezolano promedio se acostumbró a la represión, a la dictadura y a la muerte. ¿Crees que lo mismo pasó en América Latina, es decir, que los latinos nos acostumbramos a la situación catastrófica que vive Venezuela?

-ER: Sí. Cuando Guaidó asumió veíamos a los venezolanos saliendo todos los días del país, y era noticia en los grandes medios latinoamericanos. Hoy, los venezolanos se mueren de hambre en las calles de las principales ciudades latinas y se nos hizo costumbre. El sufrimiento de mi país ya es algo normal. Los cubanos llevan 60 años escapando de su país y es algo normalizado, cuando el tiempo pasa la tragedia se vuelve costumbre.

-JAC: Como mensaje final: ¿Qué podemos hacer para desterrar al socialismo?

-ER: Creo que es muy importante empezar a producir todo tipo de documentales, libros, música, películas, en forma de denuncia contra la destrucción que causa el socialismo en América Latina. Para eso necesitamos estar dentro de las universidades, en los medios, tener un mayor eje de influencia desde el cual actuar. Hay que acabar con el dominio narrativo que tiene la izquierda. No será una lucha a corto plazo, pero tenemos que empezar ahora, pues el victimismo y el progresismo avanzan lento pero seguro.

Sobre el autor: Juan Antonio es Periodista recibido en el Instituto Superior del Profesorado Clarín. Trabajó como columnista en el Diario La Verdad y en Radio LT20 Junín. Fue conductor de un ciclo radial en Radio Grupo Noroeste y como columnista televisivo en Magazine Teve. Especializado en historia y en política internacional.

 

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