Falleció inmediatamente, tras recibir ocho puñaladas un niño en Bolivia tras defender a su hermana de una agresión sexual. Ella todavía está hospitalizada, luego de haber sido apuñalada en cinco ocasiones.

Por Mamela Fiallo

El niño dio su vida para evitar que su hermana sea violada y lo logró.

Su sacrificio define el arquetipo masculino protector, lo opuesto a lo que masivamente se busca imponer sobre la naturaleza masculina. Al punto que el término “machismo” adjudica toda conducta violenta, incluso si es ejercida por una mujer, como propia de machos.

Cuando históricamente “macho” ha sido sinónimo de valentía, lo contrario al acto perpetrado por el abusador, un cobarde de 28 años detenido por intentar abusar de la menor, de 13 años.

Este trágico caso no es más que la ejemplificación de la historia de la humanidad, un pasado borrado en el presente para beneficio de quienes quieren controlar el futuro.

Decía Karl Marx, padre del socialismo científico, que «en la sociedad burguesa, el pasado domina el presente; en la sociedad comunista, el presente domina el pasado».

Y esto los “deconstruccionistas” del neomarxismo lo han sabido aprovechar, sobre todo a través del feminismo, que alega la presunta victimización histórica de la mujer.

«Mujeres y niños primero», ha sido la norma desde tiempos inmemoriales en todo desastre natural. Incluso los códigos de guerra resaltan las jerarquías. Pues de los niños depende el futuro y su llegada es a través de la mujer. Por tanto su protección garantiza la perpetuidad no solo de la civilización sino de la especie en su totalidad.

Tanto es así que al hundirse el Titanic, las mujeres de los EE. UU. Levantaron un monumento en honor a los hombres. Pues estos se sacrificaron masivamente para ceder sus puestos en los barcos a las mujeres a bordo.

Sobrevivieron el 75 % de las mujeres a bordo, mientras que apenas el 19 % de los varones. De las trabajadoras (tripulantes) en el barco, sobrevivieron el 92 % y apenas el 21 % de los trabajadores.

Si dividimos por clase, el 100 % de las mujeres de primera clase sobrevivieron pero, solo el 17 % de los hombres. En la clase más baja, que tenía la menor probabilidad de supervivencia, al estar en la parte baja del barco, 49 % de las mujeres fallecieron y solo el 13 % de los hombres sobrevivieron.

«Eres inmune al sufrimiento de las personas que están muriendo, porque inviertes en su disposición a morir», afirma el psicólogo Warren Farrel, que se especializa en el dolor masculino.

Señala que al haber sido el hombre quien se sacrificaba por su familia, desde la cacería hasta la guerra, culturalmente su muerte se ha normalizado y nos hemos vuelto inmunes a su dolor e incluso a su muerte.

Contrario a lo que pregonan los “deconstruccionistas” que afirman que debe haber nuevas masculinidades, ya que el hombre es inherentemente opresor.

Lo cierto es que personas, de ambos sexos, las hay buenas y malas. Y los arquetipos se aceptan como parte del inconsciente colectivo.

De acuerdo a la evidencia histórica, han sido los hombres quienes, guiados por la biología y premiados por la cultura, se han sacrificado para que la mujer no sufra daño.

Mientras que los violentos han sido la excepción. El joven mártir nos los recuerda.

Está en nosotros, quienes queremos lo mejor para la humanidad, rescatar el valor de la masculinidad para que la caballerosidad se premie, no se reprima y la violencia en todas sus formas se repudie, no de acuerdo al sexo de la víctima ni del agresor, sino tratando a los individuos como tal, con presunción de inocencia al momento del juicio y con todo el peso de la ley en caso de culpabilidad, no colectivizando culpas de antemano con prejuicios.

*Imagen de portad: Jabad.org.ar

Sobre el autor: Mamela Fiallo Flor es columnista y traductora en PanAm Post. Es profesora universitaria, traductora, intérprete y cofundadora del Partido Libertario Cubano – José Martí e integrante del Área de Estudios Políticos de la Fundación LIBRE.