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“El poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder”. Eso decía el Premio Nobel de Literatura (1962) John Steinbeck. 2400 años antes, decía Sófocles… “Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”. Pero nosotros, 2400 años después, parece que no aprendimos nada. 

El caso Ishii no es tan impresionante y degradante por lo que dijo (“yo los tengo que cubrir cuando están vendiendo falopa con las ambulancias”) sino por la “solidaridad” política que obtiene y obtuvo de altísimos niveles de funcionarios y colegas Intendentes de la Pcia de Buenos Aires. 

La burla hacia los ciudadanos abruma, duele, indigna… 

  • “Tampoco lo matemos por una frase a Ishii a un tipo que labura todos los días”…, dijo el Intendente de Ensenada, Mario Secco. 
  • “Fue una frase sacada de contexto. Es un intendente que trabaja de sol a sol, por eso en cada elección desde que ha empezado sus mandatos ha podido revalidarlos. Creo que los paceños están muy contentos y nosotros estamos muy conformes del trabajo conjunto con el intendente Ishii, que trabaja, le pone el cuerpo a los problema y los soluciona”…, esto lo dijo nada menos que el Jefe de Gabinete del Gobernador Kicillof, Carlos Bianco.
  • “Me parece que fue una mala expresión, que no tiene nada que ver con la realidad. Fue algo que seguramente o no supo expresarse o se sacó de contexto”, Ministro de Seguridad Sergio Berni. 

Duelen más las “explicaciones” de los funcionarios que las palabras de Ishii. Los límites se corren y cuando los ciudadanos piensan que ya se llegó al límite, este se vuelve a correr. Y así, a fuerza de correrlo, una nueva “normalidad” se instala.

Ahora, pareciera que hubiera que agradecerle su labor como Intendente y olvidarse de la extrema gravedad de lo que afirmó. Naturalmente una o varias preguntas se superponen. ¿Cuántos jóvenes y no jóvenes de ese distrito, están tomados por las drogas? ¿Cuántos fallecieron por sobredosis? ¿Cuántos capitales producto del narcotráfico se lavan en las calles de José C Paz? Pero el límite se volvió a correr.

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En cualquier lugar del mundo medianamente normal, este tipo de “funcionarios públicos” dejan inmediatamente sus cargos y son procesados. Bien por lo que hizo, bien por lo que encubrió. Y si fue una falsa denuncia, los mismos ambulancieros que estaban presentes deberían haber reaccionado por ser ensuciados. Pero callaron, callaron todos. 

Y los hechos se suceden uno tras otro, siendo el propio Estado el que construye apoyos políticos sobre ilícitos flagrantes de sus funcionarios en los tres poderes. Esto, no es un capital que solo le pertenece al Frente de Todos, sucede también en Interior del País en Gobernaciones de distintos signos políticos, incluso partidos provinciales sin presencia nacional. 

Las preguntas se agolpan y una de ellas es… ¿La protección política es solo política o es solidaridad para sostener encubrimientos delictivos varios?

¿Existe una solidaridad para la impunidad? 

Y ahí, volvemos a Sófocles –perdón por la reiteración- “Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”. 

La Argentina transita uno de los peores momentos de su historia. A la Pandemia, se le suma una búsqueda de impunidad salvaje, una inseguridad casi indetenible y una crisis económica y social solo anestesiada por las dádivas, el miedo y las bolsas de alimentos. 

Caminamos entre vapores de tensión y a nadie le llamaría la atención que en un corto tiempo todo pudiera desbordarse. Todos los analistas podríamos explicar 24 horas después que esto era previsible. Y si no sucediese, todos podríamos explicar que entre el miedo, las bolsas de comida y el dinero distribuido, se logró disminuir el riesgo de esa explosión social. Nadie sabe cuáles son límites de las sociedades. De la misma manera que nadie imaginó que un día cualquiera la gente desbordaría el Muro de Berlín. 

De lo que si podemos estar seguros que en el oscuro fondo de las aspiraciones políticas personales, siempre hay aquellos que sueñan, piensan y construyen un futuro para ellos, pensado desde la destrucción de quienes hoy tienen fracciones del poder sobre todo cuando quienes lo detentan tienen aspiraciones contrapuestas en lo personal, en lo ideológico y en lo internacional económico. 

A quienes piensan así, no les importó nunca los girones ensangrentados de una sociedad devastada que puede protagonizar una obra de teatro política sin saber que actúa el guion por otro escrito. 

Es ahí cuando volvemos al inicio de esta nota de reflexión y a la frase de Steinbeck…  “El poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder”.

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