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El 1 de agosto de 2017 la Argentina se conmocionó ante la desaparición de Santiago Maldonado en Cushamen, provincia de Chubut, mientras participaba del delito de cortar rutas junto a otros integrantes de sectores anarquistas y de izquierda radical que decían defender derechos ancestrales de descendientes de mapuches.

Por Diputado Francisco Sánchez

Setenta y siete días después de su “desaparición forzada”, Santiago Maldonado aparece ahogado en “territorio sagrado” y muy cerca de donde nos habían hecho creer que Gendarmería lo había hecho desaparecer.

¿Qué ocurrió durante el periodo que Maldonado no era encontrado? Durante ese tiempo los argentinos fuimos testigos de la acostumbrada violencia en los reclamos por parte de la izquierda minoritaria y radical que repetían, en cada marcha, cada pared pintada, cada edificio apedreado, que Maldonado había sido secuestrado por la Gendarmería Nacional, con la anuencia de la Ministra Patricia Bullrich y el mismísimo Presidente Macri.

Militantes de izquierda reclamaron la renuncia de Bullrich. Fuente: Infobae

Tristemente, lo expuesto trascendió al tiempo de la incertidumbre del paralelo de Maldonado. Incluso al resultado de las pericias –imparciales e inauditamente numerosas- del accionar de la Justicia y de la vastísima cobertura mediática, siguieron remachando el latiguillo acusatorio, construyendo una realidad paralela. Les importó más instalar un relato ideológico que la desventurada suerte del artesano. Por supuesto, no es un método precisamente novedoso el de “construir la realidad”, el de “distorsionar deliberadamente la realidad” que no es más que el uso de la posverdad.

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El progresismo, por llamarlo de alguna manera, ha sido el gran maestro a la hora de construir estos “relatos” y siempre con el fin de forzar la instalación de su agenda ideológica que nada tiene que ver con el sentido común y la realidad. En este sentido, no resulta posible en este breve texto enumerar exhaustivamente esos mecánicos de acción propagandística de la izquierda, pero sí al menos describir un par de casos que sirvan de ejemplo.

Desde octubre del año pasado, y por varios meses, la hermana república de  Chile ardió por las violentas revueltas organizadas por la izquierda y mostradas como espontaneas. Allí, nuestra progresía veía la legítima defensa de los derechos de los oprimidos contra la desigualdad imperante en el abominable sistema capitalista trasandino. Nada importaron las vidas perdidas, ni las decenas de ciudades incendiadas o los edificios públicos y privados destruidos o el terrible daño a la economía chilena. Todo se justificaba para procurar la caída del Presidente Piñera.

La izquierda radical destrozando Chile, Fuente: El País

Mientras Chile era incendiado, en Bolivia se gestaba una resistencia popular frente al intento de Evo Morales de perpetuarse ilegítimamente en el poder. Entonces, se puso en acción la doble vara de nuestros progres que dictaminaron que en ese caso la resistencia popular era un golpe de la derecha. En nuestra provincia de Neuquén no faltaron los progres vociferantes contra el ofrecimiento del gobierno norteamericano de donar un campamento móvil para refugiados y una base de defensa civil fundamental para actuaciones contra emergencias. De hecho, los gritos fueron tales que el Gobierno provincial desistió de la donación para no incomodar a los progres antiimperialistas. Parece que ahí, donde el pueblo le quita el poder a la izquierda, la ayuda humanitaria y los derechos humanos ya no son válidos.

En 2019, el pueblo boliviano marchaba contra el fraude de Evo Morales. Fuente: Enlalupa.net

Por otro lado, siguiendo en el caso provincial,  otra vez la doble vara, nuestros titanes de la lucha contra los imperios (que no sean de izquierda) no hicieron ni un mohín de incomodidad o de alarma con la instalación de la base que el Régimen comunista chino instaló en las inmediaciones de Las Lajas, con fines científicos, según dicen.

El último ejemplo de esta plasticidad progresista que voy a mencionar son dos hechos cercanos entre sí. El primero es el atroz crimen del norteamericano Goerge Floyd, un hecho de brutalidad policial que desembocó en protestas de violencia extrema. Quema de ciudades, saqueos a tiendas (curiosamente, algunas de lujo con en la Quinta Avenida en Nueva York), y agresiones sin sentido a trabajadores y personas de seguridad que nada tiene que ver con le aberrante asesinato de Floyd. Por supuesto a poco de las elecciones, y pese a que el hecho ocurrió en un Estado y una localidad gobernados por la izquierda, las protestas tienen como foco al Presidente Trump.

Grupos anarquistas destrozan Estados Unidos en marchas contra Trump

Por otro lado, el segundo hecho ocurrió en Argentina, más precisamente en Tucumán. Allí,  la policía de la provincia gobernada por el peronismo asesinó brutalmente a un laburante rural llamado Luis Espinoza y joven padre de seis niños que estaba observando cómo desalojaban a unos violadores (de cuarentena).

Luis Espinoza: el joven padre asesinado por la policía de Manzur

Ante estos casos, la progresía vernácula decidió hacer una marcha, violando la cuarentena, en la Ciudad de Buenos Aires contra Trump y la derecha racista. Sobre lo ocurrido en la provincia que gobierna Manzur, y pese a que Espinoza fue desaparecido y asesinado con un arma reglamentaria, miran para otro lado. Nadie ha pedido la inmediata reuncia del Gobernador, nadie pide la intervención de Tucumán o alguna de las locuras que se ha pedido en otras circunstancias. ¿Y las organizaciones de DDHH? En ominoso silencio, aunque, nobleza obliga, con una sola y única excepción, la de Nora Cortiñas, que comparó el caso con el de Maldonado (!!).

Lo cierto es que a cada día confirmamos la certeza adquirida a lo largo de tantos años: hay muertos de primera –útiles al relato, a la ficción- y hay muertos de segunda y hasta de vigésima: los desechables, los que no son útiles para los fines ideológicos. Pero hay muchos argentinos que nos condolemos de estas muertes, y del doble padecimiento de sus familiares: por un crimen brutal y por la tosca impunidad que asoma.

Sobre el autor: Francisco Sánchez es Diputado Nacional por Neuquén.

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