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A pesar de lo categórico del título, para poder introducir en el tema, hay que tener en cuenta algunas consideraciones preliminares que harán a un entendimiento más ordenado del sistema capitalista, y lo que entiendo yo, define su ”grandeza”. Comenzaré por dar algunas precisiones conceptuales e históricas, para meternos de lleno luego, en las cuestiones más analíticas o explicativas y poder “sacarle jugo” a las fundamentaciones sin recaer en tecnicismos demasiado específicos. Dividiré en tres apartados, tres factores, que, conjugados, hacen a la esencia de la grandeza del capitalismo: uno histórico, el capitalismo ha desterrado las formas más injustas de organización económica y social; uno material, ha sido y es, el sistema económico que más ha hecho progresar a la especie humana en materia productiva; y uno filosófico, ha logrado asentar condiciones y presupuestos esenciales para la pluralidad y la libertad. 

¿Qué entendemos por capitalismo? 

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, donde las empresas se convierten en oferentes de bienes y servicios, conformando así distintos mercados libres. En dichos mercados, los precios están determinados por la ley de oferta y demanda, que no son sino un acuerdo voluntario entre las partes (oferente-demandante) que permite una correcta asignación de recursos. 

Daré un ejemplo a modo de aclaración: si usted decide invertir su dinero en la creación de una fábrica de alimentos, usted pasaría a constituir una empresa. En ella usted vende distintos bienes (pastas, carnes, etc), cuyos precios están determinados por lo que la gente está dispuesta a pagar por una cantidad estipulada del bien en cuestión. Si usted logra satisfacer las necesidades de la sociedad, obtendrá ganancias que le permitirán hacer crecer su negocio, sus posibilidades de vida, e incluso emplear más gente, y si no lo logra, incurrirá en quebrantos. Las características que impregna el capitalismo en las modernas empresas son el afán de lucro y la racionalidad (valoración costo- beneficio) para obtener ganancias y rentabilidad (Letierri, 2004; Weber, 2004). La obligación de ganarse la vida atendiendo a las necesidades de la sociedad, es un tema sobre el cual Adam Smith (2015) ha dicho: “No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio.” (p.28)

El factor histórico

La historia moderna ubica al nacimiento del capitalismo como un proceso iniciado en el Sg XVI- XVII, que triunfa definitivamente en las Revoluciones Industriales del Sg XIX, y se continua hasta el día de hoy. 

Su mérito es haber puesto fin al feudalismo, un sistema económico sostenido únicamente por la fuerza y el prestigio de un señor feudal, ante el cual se postraba un vasallo, que producía a cambio de protección, sin posibilidad alguna de ascenso o mejora en las condiciones de vida. Esta sociedad se ordenaba en torno a “estamentos” cerrados donde unos pocos vivían a costa de la fuerza y el poder de dominar a muchos, arguyendo una superioridad en el linaje. Pero el nacimiento de una nueva clase social, la burguesía, fue minando esta estructura social rígida, reclamando para sí, el derecho de progresar a través del comercio y el ejercicio de las denominadas profesiones liberales; y destruyendo con el curso histórico los privilegios de los reyes, la noblecía y el clero. La caída de la institución servil del feudalismo explica el espíritu moderno encarnado en las revoluciones liberales del siglo XVII, las caídas de los absolutismos, y la fe en el progreso y la ciencia de la Ilustración, que posibilitaron el progreso material del cual nos ocuparemos ahora. (Bianchi, 2007).

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El factor material

El nivel de progreso material ha llevado a decir a los detractores acérrimos del capitalismo, Marx y Engels (2010), en el Manifiesto Comunista que: 

La burguesía, desde su advenimiento, apenas hace un siglo, ha creado fuerzas productivas más variadas y colosales que todas las generaciones pasadas tomadas en conjunto. La subyugación de las fuerzas naturales, las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación a vapor, los ferrocarriles, los telégrafos eléctricos, la roturación de continentes enteros, la canalización de los ríos, las poblaciones surgiendo de la tierra como por encanto, ¿qué siglo anterior había sospechado que semejantes fuerzas productivas durmieran en el seno del trabajo socia1? (p.34)

La condición natural de las generaciones precedentes al capitalismo era la de la pobreza extrema. Hoy, sin subestimar los contextos sociales y todas las vicisitudes que aún no ha subsanado el capitalismo, podemos decir que el crecimiento económico demostró ser la fórmula para: sacar a millones de seres humanos de la miseria y el hambre, extender las posibilidades de progresar, y hacer llegar a toda la población bienes y servicios que, en tiempos no muy lejanos, ¡eran solo asequibles por reyes o nobles! Con un avance insospechado, hizo crecer las ciudades, elevó los niveles de vida, modernizó las zonas rurales, aceleró los flujos de mercancías y achicó el mundo con innovaciones tecnológicas que permitieron a “Phileas Fogg” dar la vuelta al mundo, utilizando el ferrocarril, el barco a vapor y los trenes. Por los resultados extraordinarios del sistema, es que usted puede leer este artículo desde donde quiera que esté, y yo, podré recibir de agrado sus críticas. Lo que se inició con el telégrafo y las agencias telegráficas, se continuó con el teléfono, el celular y las computadoras; todos ellos productos del genio individual, del afán de lucro, del crecimiento y del grado de avance de las sociedades de mercado del capitalismo. Podemos ser hoy Phileas Fogg, pero sin levantarnos del sillón.

Pero para ser honestos intelectualmente hablando, también debemos advertir que, en los albores del capitalismo, la explotación fue un rasgo cuya existencia es innegable. La teoría marxista, surge como una alternativa a una organización fabril donde los obreros se enfrentaban a condiciones laborales paupérrimas y jornadas laborales ilimitadas, que afortunadamente, se fueron corrigiendo con el pasar del tiempo. Tal es así, que la extensión de beneficios a la “clase proletaria”, no solo apañó los ánimos revolucionarios, sino que difuminó de tal manera el concepto de “proletariado”, que este ha perdido sus límites precisos. La posibilidad abierta para “emprender” en la aventura empresarial hacia el éxito que ofrece el sistema, ha causado esta “desencialización” conceptual del obrero como sujeto político, en tanto que este encuentra más conveniente trabajar, que iniciar una revolución comunista internacional.  

Hoy se podría demostrar a Marx, que la posesión o no de grandes capitales, no es determinante en la búsqueda por el sustento. Así, existe por ejemplo una nueva forma de capital, el humano, que descubre la posibilidad de progresar cultivando y ofertando nuevos conocimientos útiles para la sociedad. Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckenberg, Guy Laliberté, Howard Schultz, Ralph Lauren, o el ahora renombrado “Mr Poronga” , son ejemplos de fortunas surgidas por “dar en la tecla” con las necesidades humanas y satisfacerlas correctamente.

Factor filosófico

En este punto es que quiero prestar especial atención. Los resultados económicos son los que ocupan la escena principal en todos los debates y polemizaciones respecto del capitalismo. Si bien es cierto que un dato que muestra que la pobreza extrema a nivel global bajó del 84% al 24% es importante y puede ofrecer al público un dato “duro”, no menos importante son las ideas que se gestaron a la par de la bonanza económica y que hoy tenemos incorporadas en nuestras vidas olvidando que lo que hoy es, no siempre ha sido así. 

La filosofía que entraña el capitalismo es la de que el individuo, a diferencia de la esclavitud o el feudalismo, pueda disponer de sus propios medios; demostrando que uno de sus soportes más solidos es que descansa sobre la libertad. Libertad que se condice con el derecho natural, con el respeto por los proyectos de vida de los semejantes, con las limitaciones al poder estatal, y con otros temas harto desarrollados por la filosofía política liberal. Retomemos el ejemplo del inicio, en él hay un presupuesto que no es evidente pero que se asume sin necesidad de aclaración. A fines prácticos, lo aclararé: “si usted decide…”. En estas tres palabras se traduce todo lo argüido hasta aquí, lo que usted haga, nacerá de su propia voluntad, no de la de otros.

Distinto será el caso de una economía centralmente planificada por el Estado, donde sus marcos de acción estarán coaccionados por un “planificador de lo inplanificable”, lo humano. La historia ha demostrado que todos los sistemas que han querido hacer de la vida humana un medio o un engranaje, han fallado. Y lo que debe advertirse es que han caído desde adentro, es decir, han implosionado, como consecuencia lógica de operar como dioses para regular todo, tarea perdida de antemano. Los sentimientos, las pasiones, gustos y deseos son los que definen espontáneamente las actividades económicas, las modas, las tendencias.  En nuestro ejemplo, en una economía de este tipo deberíamos comenzar de la siguiente manera: “si el burócrata, funcionario, o jefe supremo lo autorizan… usted podrá crear una empresa de acuerdo con lo que el Estado crea necesario para la sociedad y diseñe…”, ni hablar de que la ganancia no será suya, no habrá asignación correcta de recursos por precios controlados, y obtendrá usted lo que una autoridad suprema decida darle.

El capitalismo ha sido capaz de contener en su seno todas las adversidades y desafíos que se le han planteado, por dejar ser a la complejidad y la ricura del ser humano. Es más, se ha fortalecido de ellos y reformulado constantemente; ha extendido derechos sociales y laborales; y ha germinado las semillas de las instituciones que hoy nos permiten opinar, poseer, transitar, publicar, formar empresas, asociaciones de todo tipo, partidos políticos (incluso anticapitalistas), gozar de las más diversas comodidades, disentir, asentir, reivindicar y combatir. 

En fin, mejoró nuestras condiciones de vida desde todos los puntos de vista posibles, y puso al ser humano con su genio como inviolables. Tal vez sea por lo dicho que, a pesar de todos los presagios de sus detractores, y de los constantes intentos de darle muerte, se ha alzado victorioso como la mejor forma de organización económica y social. Un sistema que asegura la buena vida a quien mejor atienda al prójimo, no solo es justo, sino útil de sostener, considerando lo que ha logrado. Todos somos el mercado, todos somos el capitalismo. Reconocerlo y comprenderlo construirán las vías sobre las que transitaremos hacia el progreso de la humanidad.

Bibliorafía y referencias:
  1. Véase que nos referimos al capitalismo de libre mercado
  2.  Personaje principal del libro de Verne, “La Vuelta al Mundo en Ochenta Días”.
  3. A pesar de esto, no es extraño escuchar a profesionales liberales o pintorescos líderes de partidos políticos asumirse “proletarios”, a pesar de que parecen contradecirlos sus propias condiciones materiales de existencia cómodas y su lejanía al sujeto original al que apuntó Marx.
  4. Federico Muñoz, un mendocino radicado en Estados Unidos cuya empresa de destape de cañerías le ha dado fama reciente por su éxito.

Por Francisco Devoto en Revista Civitas

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