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Las protestas en la región autónoma de China continúan con vigor y llegan a su punto álgido hoy, en el aniversario de la masacre que aplastó las aspiraciones democráticas en Pekín.

Los manifestantes hongkoneses prendieron velas en conmemoración de la masacre de Tiananmen, ocurrida hace 31 años en Pekín. Fuente: Elmundo.es

La población hongkonesa, con los jóvenes a la cabeza, marchan en conmemoración de la masacre de Tiananmen, ocurrida hace 31 años en la famosa plaza de Pekín. A pesar de las prohibiciones, cientos de miles de ciudadanos de la región tomaron las calles exigiendo democracia y mantener su libertad de la tiranía del Partido Comunista de China, que busca imponer la Ley de Seguridad Nacional en el territorio. La polémica ley busca aplastar todo signo de rebeldía, protesta o intención de separatismo con la China continental.

Durante las últimas tres décadas, la excolonia británica era el único lugar en donde se conmemoraba la masacre. Con la excusa del Covid-19, la policía local prohibió las reuniones de más de ocho personas. Pero los estudiantes y trabajadores tomaron por completo las calles del país a pesar de la restricción, ya que su región, una de las más libres y prósperas del planeta, está a punto de igualarse con el resto de China, que vive bajo la dictadura del Partido Comunista desde 1949.

Lo que se esconde detrás de la regulación por la pandemia es un intento de aprobar la Ley de Seguridad Nacional, votada por el Comité Central del Partido Comunista chino. De implementarse, Hong Kong perdería su estatus especial de región autónoma, obtenido tras la devolución a China por parte del Reino Unido en 1997, en un acuerdo firmado que debía respetar la forma de vida hongkonesa hasta 2047.

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Cientos de miles de personas protestan en forma pacífica en el centro de Hong Kong.

La represión estatal no se hizo esperar. Mientras tanto, la muerte de Floyd entretiene a toda la prensa occidental.

La reacción del poder chino es atroz y enfática, ya que el 4 de junio es una fecha especial. Ese día, pero en 1989, los tanques del Ejército Popular de Liberación tomaron la plaza de Tiananmen, centro neurálgico de la política china. Hasta ese momento, el lugar estaba colmado de estudiantes y trabajadores que exigían la “quinta reforma”, es decir, democracia y apertura política.

Tras la muerte de Mao Zedong, en 1976, se hizo con el poder el reformista Deng Xiaoping. En 1978, el nuevo líder inició un proceso de reformas económicas conocidas como “socialismo con características chinas”, que abrían las puertas del gigante asiático hacia el comercio internacional, la iniciativa privada y la desregulación burocrática. Los resultados no se hicieron esperar, y cientos de millones de personas, que hasta ese entonces vivían en la extrema pobreza, vieron mejoradas sus condiciones de vida.

Dichas reformas se hicieron con el fin de fortalecer la imagen del Partido Comunista de China en el país. El año 1989 representó el colapso del comunismo en Occidente, con la caída del Muro de Berlín y los procesos de democratización en Europa del Este. Los estudiantes chinos intentaron replicar ese proceso en su nación, e iniciaron a fines de mayo una serie de protestas que exigían la apertura política, proceso al que Gorbachov dio vía libre en la extinta Unión Soviética con la “Glasnot”, que daba libertad de prensa y ciertas libertades individuales.

Icónica imagen de la masacre: un manifestante desconocido les hace frente a los tanques del Ejército Popular de Liberación en Tiananmen.

Al ver lo que ocurría en la otra parte del mundo, la reacción de Deng Xiaoping, reformista aclamado en todo el mundo por el éxito de su política económica, fue la represión. La noche del 4 de junio, miles de estudiantes y trabajadores chinos (se desconoce el número exacto) fueron asesinados y aplastados por los tanques del ejército. La consigna fue muy clara: el ascenso de China como superpotencia sólo puede darse con la dictadura comunista en el poder.

Ese fatídico día vive en el inconsciente del pueblo de Pekín, que tiene prohibido conmemorar el hecho, ocultado y borrado de la memoria popular por parte de sus gobernantes. Un 4 de junio, las aspiraciones democráticas de más de mil millones de personas fueron sepultadas con sangre. Hoy, 31 años después, los hongkoneses se niegan a repetir la historia.

Sobre el autor: Juan Antonio es Periodista recibido en el Instituto Superior del Profesorado Clarín. Trabajó como columnista en el Diario La Verdad y en Radio LT20 Junín. Fue conductor de un ciclo radial en Radio Grupo Noroeste y como columnista televisivo en Magazine Teve. Especializado en historia y en política internacional.
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