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Es momento de que Argentina tome conciencia en beneficiar a aquel que emprende y produce, en vez de hacerlo a quien “no tiene oportunidades” o vive de la política.

Por Nicolás Ginatta

Ya es un hecho que la crisis provocada por el Covid-19 marcará un antes y un después en la economía global. Estados Unidos con más de 20 millones de desempleados, las economías europeas con amplias restricciones en la producción y claramente Argentina, no es la excepción. Dichos indicios nos evidencian que podríamos llegar a vivir la recesión más imponente desde 1930.

Para combatir dichos trasmanos, se aplicaron diferentes políticas alrededor del mundo. Aquellos países con un fuerte dominio monetario global y estabilidad, como EE.UU, optaron por una fuerte inyección monetaria para apoyar empresas con riesgo de quiebra y los mercados. Por su parte, otros países prefirieron tomar deuda en el mercado crediticio a tasas bajas debido a una buena capacidad de solvencia y óptimo historial crediticio, como Perú que recibió u$ 3000 millones a un 3%.

Argentina, lamentablemente no tiene posibilidad de accionar de dicha forma por la constante depreciación del peso y la falta de credibilidad por riesgo de Default. En un contexto en el cual la inflación interanual es mayor al 50%, siendo la tercera más alta del mundo, y un amplio déficit fiscal que se suma a la enorme deuda externa que contrae Argentina, equivalente al 90% del Producto Anual, no da margen de error a la producción, sea industrial o agrícola. Caso contrario, desembocará en una escasez de oferta, incrementando los precios, pero a su vez disminuyendo la recaudación del Estado.

Sin embargo, el Gobierno Nacional decidió emitir, aumentando la Base Monetaria un 40% en tan solo un mes, y rogar que la producción absorba ese sobrante de pesos. Pero la excesiva extensión del confinamiento obligatorio lo impide, demostrando las primeras consecuencias negativas. Menos mercaderías en las góndolas debido a un shock de Oferta, a su vez afectado negativamente por un shock de demanda, por el pánico de la población ante el interminable encierro.

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Claramente, estos son síntomas para una aceleración agresiva de la inflación, parcialmente controlada por una leve circulación del dinero en el ámbito global de la economía nacional (solo se está consumiendo en el sector gastronómico, específicamente supermercados). Pero además, con la producción y la liquidez en jaque por el “Lockdown”, será difícil para las empresas mantener a la totalidad de la nómina activa. Más grave aún considerando una economía que cuenta con más del 45% del mercado laboral en negro.

Pareciese suficiente para que la Política haga el ajuste necesario en su sector, pero la codicia sigue siendo más fuerte que la moral. Es muy fácil opinar y decidir con la tranquilidad de saber que sus sueldos seguirán depositándose mes tras mes, oprimiendo mentalmente a personas que pierden sus trabajos. Pero con los emprendedores que ven como se derrumba su entrada de ingresos no podrán.

Por ello, la única forma de salir adelante de esta crisis de forma sustentable es realizando una Revolución Impositiva, como lo planteó el economista y empresario textil Teddy Karagozian. Esto implicaría una drástica reducción de más de 100 impuestos irrelevantes de los 163 totales, con nula recaudación, pero una carga muy pesada para el empresario, como el obsoleto Impuesto al Cheque.

La propuesta de clave de esta “Revolución”, sería la eliminación de toda carga social al trabajo, de forma tal que las empresas no pagarían nada por contribuciones ni tampoco por ganancias. (Ganancias se reemplazaría por un Impuesto leve a la Propiedad, con idéntica carga para todos los ciudadanos). Así, habría una mayor liquidez en las empresas para efectivizar el pago de sueldos, y en un futuro, un mayor incentivo de contratar personal por bajo costo. De suceder, amortiguaría el impacto de los despidos y proporcionaría una rápida salida para el desempleo futuro. La productividad a futuro aumentaría notablemente, y lograr así la tan ansiada sobreproducción que impida una inflación mayor.

Es valioso saber que, de esta forma, se incentivaría ampliamente a un blanqueo total de aquellos empleos informales. Ya no habría beneficios por producir a las sombras del Estado, debido a una nula carga fiscal, si no que sería más útil estar registrado para así poder acceder al mercado crediticio formal.

Otra propuesta personal que podría conducir el Gobierno, es una creación de un Fondo Anti-Cíclico. En el Corto plazo, dicho fondo implicaría una reducción del Gasto Público de mínimamente el 5% del PBI, correspondiente al Freno total de la Obra Pública y un parcial recorte salarial desde 40% a los funcionarios del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Esto solventaría sin ninguna duda, el pago total de todas las Jubilaciones, con el ajuste de aquel sector que debe estar al servicio del pueblo, la política. Además, se podría brindar un fuerte impulso al sector sanitario para equipar las instalaciones.

En el Largo Plazo, el Fondo de Emergencia recaudaría fondos que serán aportados por cada una de las provincias. De esta forma, se decretaría el fin de la Coparticipación y el inicio de una autonomía en la Recaudación. Se podría establecer un objetivo de aporte mínimo, para así lograr una mayor eficiencia en la Recaudación provincial, sin ahogar al contribuyente privado. A su vez se instauraría automáticamente un sistema de competencia sobre la presión impositiva entre las distintas provincias, en el que las empresas se instalarían en aquella que les sea más beneficiosa.

Por último, en el ámbito Nacional, se debería impulsar a que luego de la reducción parcial del sueldo público, este sea del 25% mínimamente, pero de forma permanente. Así, al haber un mayor beneficio en el sector privado, por un aumento de la productividad y consecuentemente los salarios, los empleados públicos estarían incentivados a trasladarse al sector privado y generar riqueza. El Crecimiento del Producto se posicionaría en niveles mayores al 5% sin despedir a nadie del sector público.

En conclusión, como marca la bajada de la nota, esta crisis llegó para que la política tome conciencia de que deben dejar de lucrar con el dinero del contribuyente ineficientemente, y en cambio ponerse al servicio del pueblo en busca de su bienestar. Finalmente, les llegó la hora de ganar menos.

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