Por Guadalupe Batallán

Me acuerdo una vez -tendría 6 ó 7 años- y mi viejo nos llevó a mí y a mi hermana mayor a visitar a un cartonero con el que estaba trabajando. Antes de llegar, nos dijo: “Ahora vamos a ir a la casa de este hombre y su familia. Ellos son muy humildes, así que no las quiero escuchar decir una sola palabra sobre su forma de vivir”. Y no sé si él esperaba que nos marcara tanto pero yo me acuerdo de la casilla de chapa con bolsas, del piso de tierra, del foquito de luz prendido, entre cables colgando, iluminando el óxido de las paredes. También, del frío y el viento que se filtraba; y del bebé en el cochecito -de mi hermana- que mi viejo le había donado. Y te cuento esta imagen para que me entiendas cuando digo que a mí hay un montón de mensajes frente a la cuarentena, que no me cierran.

Actualmente, tenemos una realidad compleja que hace que nos olvidemos de esto: el coronavirus, la pandemia que asusta a todos. Y es súper entendible, si ya lleva miles de muertos en España, ¿por qué los argentinos no tendríamos miedo? Si tenemos un sistema de Salud deficiente, el 40% de los argentinos bajo la línea de pobreza y además, un Ministro que se tomó a chiste la situación. Fruto de ese problema real, también se fue colando con ayuda de medios de comunicación y algunos funcionarios y políticos, un mensaje bastante jodido. Y quiero hacer una separación, porque me parece que es nocivo de verdad.

1) “Quedate en casa, pelotudo”.

Pelotudo. Hay gente como el tipo que les conté que necesita salir a trabajar y no puede, y mientras tanta pasa hambre. Hay gente que hasta antes de esto era clase media pero cuando termine la cuarentena, ya no lo va a ser. Hay gente que sufre violencia en su casa y a veces, salir a despejarse un poco es respirar lejos del violador intrafamiliar, del golpeador. Hay gente que vive en una casilla de 4×4 con una cama donde duermen 6 personas y cuenta con pasar el día fuera de la casa porque adentro, no hay algo tan sencillo como espacio. Hay gente que sufre depresión, está sola en su casa y realmente el contacto humano y la luz del sol le generan una gran diferencia.

Entonces, ¿con qué autoridad moral vamos a ir a decirles nosotros, desde la comodidad de nuestras casas, con la heladera llena y el Netflix pago, “quedate en tu casa”? ¿Y encima los vamos a tratar de pelotudos?

Tal vez la cuarentena obligatoria es indispensable y realmente se tiene que quedar en su casa pero tu mensaje sale sobrando. Y ya sé, ahora me vas a decir que el “pelotudo” no iba para ellos, como hicieron ayer muchas personas en twitter cuando manifesté lo mismo. ¿Pero sabés qué pasó? Mientras unos escribían eso, una mujer -de varias que me hablaron- me contestó: “Trabajo limpiando casas, 6 días a la semana. Hoy solo tengo 1200 pesos en la billetera y dos nenas a cargo”. 1200 pesos con una perspectiva de -con suerte- 15 días más. Y sí, vos tuiteaste pensando en el “pelotudo medio pelo que sale a juntarse con los amigos”. Pero a tu mensaje lo leyó esta señora que ya se estaba desesperando por no saber qué hacer. Y vuelvo a decirlo, no te digo que la dejes salir ni que la cuarentena no sea necesaria pero ponete un poco en el lugar de una persona desesperada. Cuando el hambre duele, la posibilidad del virus ya no parece tan mala y salir puede convertirse en una opción. No digo que esté bien pero, de nuevo, no lo juzgues desde la comodidad de tu clase media acomodada.

“Bueno, Guadalupe, pero esta gente no es la mayoría y ya está contemplada”. Y mi pregunta entonces es: ¿tenés datos para saber que no son la mayoría, que dentro de los miles de detenidos e infractores que hay, la mayoría no fue por razones de necesidad? Porque yo no los tengo y el Estado tampoco. Lo que sí me parece es que hasta el mismo Presidente instala un relato que le conviene y fogonea el cuento de los “pelotudos medio pelo”, porque es muchísimo más duro hacerse cargo de la otra realidad. Porque hacerse cargo de la necesidad y la violencia implica necesariamente hacerse cargo de otras cosas que la casta política argentina viene ninguneando hace años.

Y agregaría también que “hasta ahí” están contemplados. En estos días, en La Matanza se vienen entregando 200 mil raciones de comida diarias; cuando La Matanza tiene por lo menos un millón y medio de habitantes en situación de pobreza. Y una persona come 4 veces por día, no una. A esto sumale que el bono de 10 mil pesos, según se viene diciendo, lo entregan dentro de 10 días -los que viven con la diaria, no sé cómo van a llegar-; y que por más plata que destinen, es muy difícil pensar que los políticos van a dejar de currar. Hace algunos años, de 6 mil planes sociales del Gobierno que recibían las organizaciones sociales, Grabois se quedaba con 2 mil para la partidocracia y amigos (y esto lo dice la misma gente de las organizaciones sociales). ¿Vos pensás que la situación va a cambiar? Si les chupaba un huevo la gente cagándose de hambre antes, ahora no tendría por qué afectarles.

Y eso solamente si nos enfocamos en el vínculo que quieren romper con las clases bajas. ¿Y con la clase media pudiente? Porque también está el enojo con los que se fueron de viaje previo a la cuarentena. “Yo les avisé que no se fueran” decía Alberto Fernández, excusándose de por qué no los quiere ir a buscar. Pero ¿sabés cuál es el problema? Que si no había cuarentena obligatoria, no podés pretender decirle a una persona que tal vez estuvo un año pagando el viaje, que tal vez viajó por trabajo o algún tema personal, o que simplemente invirtió en sus vacaciones, que pierda sus vuelos y reservas ante una advertencia de crisis -sobre todo en un país que convive con la crisis-. El responsable ahí era el Gobierno que no tenía que “avisar”, tenía que tomar medidas para que a esa gente les cambiaran los vuelos y le devolvieran el dinero. Pero no, no lo hizo, mientras tanto el Ministro de Salud se burlaba del coronavirus y decía que acá no llegaba. Pero eso y el viajecito de la vice cuando las papas queman, Fernández no lo dijo en su discurso y los medios parecieran olvidarlo. Sin embargo, infunden y alimentan odios entre los ciudadanos, llevándonos a un estado de pánico y egoísmo.

¿Y por qué digo esto? Porque con los femicidios y el aborto tenemos super claro cómo manipulan. Bueno, yo creo que acá, están haciendo lo mismo.

2) La unidad.

“De esta salimos juntos”, “tu comentario no suma”, etc. Y la pregunta es, después de todo esto, ¿por qué mi comentario tiene que sumar a este gobierno? ¿Por qué tengo que unirme a algo con lo que no estoy de acuerdo?

Lo que pasa es que en realidad, el mensaje de unidad no es otra cosa que una forma más bonita de decir que está prohibido reclamar. ¿Y a quién le conviene que no reclamemos?

Al final, pareciera que somos una sociedad sin Estado que tiene que arreglarse con la ayuda voluntaria de los empresarios, los pequeños privados y la Iglesia. Y no es así. Hace años que venimos pagando impuestos en cada cosa que consumimos o producimos para mantener un Estado enorme… que en plena emergencia sanitaria destina 7 millones de pesos a artistas, que gasta 15 millones en misoprostol y que a pesar de todo, manda a Máximo Kirchner y compañía a seguir trabajando en un proyecto de legalización del aborto (porque -de buena fuente, te lo digo- ellos no pararon); mientras en los hospitales faltan respiradores, insumos, médicos; mientras la gente no tiene qué comer. Pareciera ser que estamos a la merced de la solidaridad ajena y al Estado, al principal responsable de nuestra situación, no se le puede decir nada. Que no nos engañen, cuando el pueblo soberano reclama, las tuercas se ajustan y los gobernantes están obligados a escuchar. Y es justamente por eso que nos quieren callar.

Esto es fundamental porque mientras nos manejan con el miedo, nos hacen creer que el coronavirus es el único que puede cobrarse muertos. Pero nosotros vivimos el 2001 y sabemos que el estallido social nunca es gratis. Y a veces el reclamo -y no la indiferencia- es el camino para evitar que los platos rotos los pague otro. No tenemos nada que aplaudir ni festejar, no es momento de conformarse.

En fin, ¿por qué marco todo esto? Porque para construir una sociedad más digna, se empieza por no olvidar a nadie, por no aceptar el “algunos la van a pasar mal” y sobre todo, por levantar la voz cuando hay levantarla. Porque si nosotros que queremos un futuro mejor, no lo hacemos, ¿entonces quién lo va a hacer?

((Ah! Y una cosa más, que parece una boludez en todo esto pero no deja de ser algo importante en la batalla cultural: no compares la cuaretena con Malvinas. Tenés razón, quedándote en tu casa, podés estar salvando vidas. Pero no compares el quedarse mirando series con el tipo que tuvo que ir a matar para defender la Patria. Porque, aunque ambos sean sentimientos nobles, para matar se necesitan muchas más pelotas que las que podemos llegar a tener cualquiera de nosotros; y sobre todo, porque ir a la guerra, implica nunca más volver a dormir tranquilo; y eso a vos, en tu casa, no te va a pasar. Aprovechá que tenemos veteranos todavía, que son historia viviente, que les podés mandar un mensaje o llamarlos por teléfono, aunque no los conozcan, y enterate un poco de lo que fue la Guerra porque no podés banalizarla comparándote con ellos)).

Sobre el autor: Guadalupe Batallan es estudiante de Derecho en la Universidad Austral y recientemente publico su primer libro titulado “Hermana date cuenta: no es revolución, es negocio”.