Pedro Castillo, un peligro para la libertad.

A estas alturas, la aritmética es fulminante: el resultado es irreversible, y Pedro Castillo será el próximo Presidente. Keiko Fujimori deberá pelear en la Justicia y denunciar las irregularidades pero, al igual que en Estados Unidos, sus intentos no darán resultados inmediatos, aunque sí afectarán a la legitimidad del nuevo mandatario.

El Grupo de Puebla es la reformulación del viejo Foro de Sao Paulo. Representa la transición progresiva de la vieja izquierda a la nueva izquierda. Pedro Castillo, por su discurso y por sus formas, se asemeja más a un comunista del siglo XX que perdió la noción de la época en la que vive, y en forma sorprendente le funcionó. De hecho, se manifestó en forma contundente en contra del aborto y la ideología de género. Me tomo el atrevimiento de poner en duda las convicciones de un comunista maoísta a favor de la vida y de la familia, y ataño más sus declaraciones a la naturaleza conservadora del pueblo peruano, el cual rechaza de plano la agenda globalista que se busca imponer en nuestros países.

Pedro Castillo tiene vínculos con Sendero Luminoso, uno de los grupos terroristas marxistas más peligrosos del continente, responsables de más de 70 mil muertes a finales del siglo XX. Tendrá, además, el apoyo de Cuba y Venezuela, cuyo poder e influencia en la región se subestiman a sobremanera. Vladimir Cerrón, el líder de Perú Libre, vivió 11 años en Cuba y es admirador de Fidel Castro. Por si fuera poco, Rusia y sobre todo China tienen sus ojos puestos en el Perú por sus recursos mineros y de pesca. El castrismo y el chavismo han esparcido la “brisa bolivariana” y buscan nuevas víctimas a las que vampirizar. Es estúpido e ingenuo creer en la espontaneidad de los destrozos y violencia desatados en Chile y Colombia los cuales, vaya casualidad, siempre terminan con la izquierda en el poder.

Con todo lo anterior mencionado, los intentos de Castillo de atornillarse en el poder serán reales y representan un grave peligro para la democracia y la libertad en el país. La debilidad política con la que llegará y su legitimidad, dada por el voto rechazo a los partidos tradicionales, puede ser el contrapeso que el pueblo peruano encuentre para frenar sus atropellos institucionales. En México, sin ir más lejos, López Obrador llegó al poder como una reacción a la política tradicional, y este domingo, si bien ganó, perdió la mayoría parlamentaria necesaria para reformar la Constitución. En Perú, no debe subestimarse el poder que tiene el Congreso, que destituye presidentes como si de una república parlamentaria se tratase. Aunque, cabe aclarar, también está la posibilidad de que Castillo decida cerrar el poder legislativo, tal y como lo advirtió el analista político ecuatoriano, Jaime Durán Barba (ex asesor de campaña de Macri) en una entrevista con la CNN.

La muerte de la centroderecha y ¿el nacimiento de la nueva derecha?

La derrota de Keiko representa la muerte definitiva del Fujimorismo, lo que no es más que la muerte de la centroderecha tecnocrática y economicista, que no ve a la política más que como a la gestión de una empresa, donde un par de acuerdos de comercio y el equilibrio fiscal bastan para derrotar a una izquierda que controla la educación, los medios, el arte, el cine, las calles y el inconsciente de los pueblos que se manifiesta en el relato al que adhieren.

Dicha muerte es necesaria y deseable, aunque ahora parezca todo perdido porque implica que un comunista de corte maoísta llegó al poder. Si el enemigo nos ataca con una espada de acero, es difícil plantarle cara con un tenedor de plástico. Esa es la situación actual de quienes se refugian en la centroderecha para combatir a la extrema izquierda. Macri le entregó el poder de nuevo al kirchnerismo, y Piñera le dio a la izquierda totalitaria una reforma constitucional que acabará con el país modelo que representaba Chile para la región. Duque se enfrenta, al igual que el chileno o Lenín Moreno en Ecuador, a otra insurrección violenta que busca llevar al narcoterrorista Gustavo Petro al poder, quien perdió el ballotage contra el actual Presidente en 2018.

Bolsonaro y Trump marcaron el camino a seguir para la nueva derecha.

Bolsonaro, por su parte, marca el horizonte a seguir. La insurrección no se dio en Brasil porque el apoyo popular que cosechó el mandatario es abrumador. Las calles fueron tomadas por el pueblo en apoyo al carismático líder mediante multitudinarias protestas (la del pasado 1 De Mayo es prueba de ello), quien no tiene miedo de enfrentarse a los medios, a los corruptos, al socialismo, a las redes y, en definitiva, a quienes buscan acabar su país.

Brasil, uno de los países más grandes del mundo, será el foco a destruir por la izquierda en 2022. El relato que se buscó imponer con el coronavirus no funcionó, y un informe de Contraloría que se presentará en breve probaría que la mitad de las muertes atribuidas al virus en Brasil fueron en realidad por otras causas. El próximo año hay elecciones, y el corrupto socialista Lula Da Silva buscará volver, en un escenario complicado para Bolsonaro, pues el nuevo equilibrio de poder en la región lo deja casi completamente aislado.

En Bolivia volvió el socialismo de Evo Morales, en Chile la izquierda está reformando la Constitución, en Colombia también hay elecciones con un narcoterrorista (Petro) como favorito, en Perú gobernará Castillo, el kirchnerismo en Argentina y Maduro se afianzó aún más en Venezuela. Bolsonaro advirtió que impondrá mecanismos para evitar el fraude y evitar lo que le pasó a Trump en Estados Unidos. Lo que pase en Brasil puede representar una aplastante derrota para la izquierda y un mensaje para la nueva derecha, o el continente puede verse arrastrado hacia décadas de oscuridad en una especie de “Unión Soviética Latinoamericana” al calor de Cuba, como soñó el fallecido dictador vitalicio Fidel Castro.

El pueblo peruano deberá ahora hacer valer su voz en las calles, defendiendo las instituciones y poniendo freno a todo atropello por parte del comunismo, que intentará cobrarse una nueva víctima. Si se logra frenar el fin de la democracia, el surgimiento de la nueva derecha está al caer. Rafael López Aliaga estuvo cerca de entrar al ballotage. Si mueve bien sus fichas, el país podría seguir el actual rumbo de Brasil. El movimiento “Con mis hijos no te metas” que llevó a más de un milón de personas a la calle, debe materializarse en la arena política. Hermanos peruanos, no todo está perdido.

 

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