Don Orione predijo que un presidente argentino sería colgado en Plaza de Mayo en este siglo.

Cuando el 19 de febrero de 2004 el papa Juan Pablo II anunció, durante el Consistorio de Cardenales, la santificación del sacerdote italiano Luis Orione, más conocido como, “Don Orione”, concretada el 16 de mayo siguiente en la Plaza San Pedro de Roma, trajo a la memoria su larga estancia en la Argentina, pero en cambio, no se recordó que hizo predicciones políticas sobre este país.

“Don Orione”, que realizó una importante obra, que en el Gran Buenos Aires, por ejemplo, se refleja en el Cotolengo, que hizo que se lo conociera como “El sacerdote de los pobres”, dejó al menos diez predicciones sobre el futuro argentino, las que se remontan al año 1937 y que luego fueron reflotadas, sobre todo en los tiempos de la llamada “Revolución Libertadora”, por el antiperonismo ya que a varias de ellas aludían a situaciones propias de esa época.

Sin embargo, en la imaginería de tiempos posteriores también hubo varias que fueron vinculadas con hechos tales como “El Cordobazo” de 1969 y hasta existen otras que no se explican hasta el presente y que se considera que están incumplidas y que se pudieran producir a lo largo del siglo XXI. De hecho, “Don Orione” dató para que ocurran en la actual centuria.

El monje, que había nacido el 23 de junio de 1872, hacen hoy 148 años, en Pontecurone, en el norte de Italia, desde la orden de los salesianos de “Don Bosco” fue un seguidor de la obra de Giuseppe Benedetto Cottolengo, hoy San Benito Cottolengo (de ahí viene la palabra cotolengo) que hacia 1832 comenzó a fundar distintas comunidades en Bologna, Torino y otros lugares de Italia para la atención de ciertas enfermedades.

Las predicciones de “Don Orione” sobre la Argentina fueron diez, según recuerdan los que han escrito sobre ellas, de las cuales la más conocida fue su anticipo de 1937 sobre la futura quema de las iglesias en 1955, la que se toma como la más acertada de sus visiones.

Siempre relacionada con el antiperonismo, se da por cierta aquella otra de que “el dictador” no iba a morir en “la revolución”, también asociada a 1955. La saga de “Don Orione” atribuida a Juan Domingo Perón continúa con que el golpe no iba a solucionar los problemas del país y con una cuarta que califica a quienes lo sucedieron en el cargo como “una serie de gobiernos anodinos”. Sus seguidores señalan que todas ellas están cumplidas al igual que algunas otras posteriores.

La quinta, la sexta y la séptima también están verificadas. Son las que adelantaron que Córdoba se iba a convertir en un hervidero (“El Cordobazo”), que “el caudillo” (siempre Perón). iba a regresar al país y que ríos de sangre iban a correr en la Argentina. Cuando Perón regresó al país, se produjo la masacre de Ezeiza, bautismo de fuego de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y se intensificaron los atentados terroristas de la extrema izquierda peronista y no peronista, encarnada en Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo respectivamente.

Esta interpretación de sus seguidores, sin embargo, no alcanza para explicar las tres últimas, ya que la octava anuncia que un presidente será colgado en la Plaza de Mayo, que la bandera no flameará por dos días en la Casa Rosada y que, finalmente, se encontrará la paz y la tranquilidad cuando un “hombre del norte”, católico, gobierne por muchos años.

El sacerdote, falleció el 12 de marzo de 1940, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, y fue beatificado exactamente 25 años después bajo el papado de Juan XXIII, cuyo verdadero nombre era Ángelo Roncalli, también conocido por sus predicciones, como antes lo habían sido otros católicos, de los cuales el más famoso fue Nostradamus.

Al ser exhumado el cadáver de “Don Orione” se encontró que estaba incorrupto y su corazón, en esas condiciones, fue traído en una caja a la Argentina.

Con ello se cumplió, según afirman sus fieles, otra de sus predicciones. Le quedan pendientes, además de las mencionadas sobre la política argentina, algunas otras como la que señala que “Roma será bombardeada” y que “un Papa caminará sobre sus escombros”.

En cambio, se consignan como verificadas algunas relacionadas con el anuncio preciso de la muerte de un monje una semana antes, del día de las festividades marianas, el 8 de septiembre, en 1982 y hasta la circunstancia de que el cotolengo de Claypole se haya fundado allí porque había “olor a santo” -como dijo- porque años después se verificó que allí había residido cuatro siglos atrás San Francisco Solano.

Parravicini y sus profecías

Benjamín Solari Parravicini realizó importantes predicciones. Muchas ya se cumplieron.

Benjamín Solari Parravicini fue un artista argentino reconocido mundialmente por sus dibujos proféticos, lo que le ganó el apodo de “el Nostradamus argentino”. En sus psicografías (dibujos proféticos) vaticinó sucesos como el atentado a las torres gemelas 40 años antes del suceso, el corazón artificial, la llegada de Fidel Castro al poder en Cuba, la renuncia de Benedicto XVI y la llegada del Papa Francisco, la llegada de un perro al espacio (Laika en la URSS), la inseminación artificial y el feminismo moderno.

Entre sus profecías para el Siglo XXI, Parravicini predijo que nuestro país tendrá su “Revolución Francesa” y que ríos de sangre teñirán las calles. También dijo que la clase media salvará al país, y que llegará el “hombre gris” el cual traerá paz y estabilidad a la nación. “En tierra argentina nuevo faro… ¡Neuquén!” fue otra de sus psicografías. Por último, dijo que el país será un “faro de esperanza y luz” para todas las naciones tras estos acontecimientos que, a priori, se asemejan a los predichos por Don Orione.

 

3 Comentarios

  1. La profecía es de Bergoglio, que la nota no menciona:
    5 DE JULIO DE 2007
    LA INCREÍBLE PROFECÍA DE BERGOGLIO

    Escribo esto porque estoy angustiado, mejor dicho, aterrorizado. Simplemente no hay palabras para describir lo que siento. Desde hace varios meses, noche tras noche, tengo lo que yo llamo la misma visión. Si bien no podría explicar la diferencia no es un sueño común, ordinario… Es tan vívido, tan shockeante, que temo despertar con manchas de sangre en mi cuerpo, así de espantoso es. Es por eso que necesito dejarlo asentado, para que no me tomen por loco. Pero, además, para que la culpa no carcoma mi conciencia. De que no digan que no advertí de lo que estaba por suceder en las narices de todos y nadie, sin embargo, quiso ver.
    Como cada noche, no bien me duermo, la visión se apodera de mí y me encuentro, de repente, en una gran plaza extrañamente familiar. Cuando de pronto, lo que comienza como un tenue murmullo alrededor mío se transforma en un estruendo infernal de miles que gritan y luchan entre sí. Hasta ahí todo es agobiante para mí que no entiendo qué hago ahí. Es entonces, como si no me hubiese percatado antes, cuando oigo nítidos disparos de armas de fuego entre la multitud. Mientras varios caen heridos fatalmente, la multitud se dispersa y alcanzo a ver lo que jamás imaginé. ¡En los postes de alumbrado público veo a personas ajusticiadas colgando de los mismos!
    En mi desesperación, necesito hablar con alguien pero es como que nadie nota mi presencia. Es angustiante. Escucho decir que “se hizo justicia por mano propia”. Que los que cuelgan son los más genuflexos del séquito que se olvidaron de la gente. “Por suerte la Reina pudo escapar”, dice alguien por ahí como con tristeza, “le correspondía el mismo lugar que al Dictador” y señala con el dedo. Es ahí cuando advierto la extraña fascinación que ejerce en la masa uno de los colgados. Si bien está irreconocible por la sangre y los magullones, puedo distinguir con dificultad los rasgos del Dictador que gobernaba en las sombras y que sólo recién ahora refleja paz en su rostro inerte.
    En ese momento la “película mental” se detiene y una voz sin sonido en mi conciencia me dice que “todo esto es necesario que acontezca para abrir las puertas del Amor y la Paz no sólo a nuestro pueblo sino al mundo. Que cuando se fomenta la división y el odio, se recibe, más temprano que tarde, lo mismo que sembramos. Que las cicatrices que llevamos como nación harán que seamos más humildes y que nos convirtamos en un faro de luz en el mundo ante los hechos que se avecinan”…

    De ese modo, cada vez que finaliza la visión, me despierto en las mañanas empapado en un sudor frío, temblando. ¡Es como si hubiese estado allí! Trato de convencerme a mí mismo diciendo que es sólo un sueño, nada más; pero cuando prendo el televisor y veo a la Reina y al Dictador hablando y gesticulando ajenos a la realidad que los circunda, la piel se me eriza…

  2. Que nota poronga. Al final en ningún lado dice porque incomoda a Alberto la profecía.

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